Generación GYSP (Gitanos y Sobradamente Preparados)

Gonzalo ha estudiado Magisterio y un máster en Musicología
Gonzalo ha estudiado Magisterio y un máster en Musicología

Seis de cada diez abandonan los estudios, pero Rosa, Alba y Emilio han decidido acabar con la «maldición» y volver a clase.

Para un niño o un adolescente hoy ser gitano sigue siendo determinante para su futuro. En sentido negativo. Las cifras que aporta la Fundación Secretariado Gitano son contundentes: seis de cada diez niños o niñas de esta etnia abandonan sus estudios antes de terminar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO). Las causas son muchas –las bajas expectativas de familias y profesores, la escasa valoración de los propios jóvenes, la escasez de recursos económicos, la desmotivación o los centros gueto son algunas–, mientras que la solución pasa por una respuesta coordinada en la que familias, centros educativos, administraciones y la sociedad en general pongan su granito de arena. Ellos quieren estudiar, pero necesitan apoyo y referentes en los que verse reflejados y soñar que tienen un futuro diferente.

«La educación es un derecho fundamental que hoy por hoy en España no está garantizado para las niñas y los niños gitanos. Nuestra sociedad no puede ser indiferente. Es preciso que las administraciones ofrezcan soluciones eficaces, poniendo en marcha medidas de acompañamiento de calidad que se adapten a las necesidades del alumnado gitano». Es la opinión de Isidro Rodríguez, presidente de la Fundación Secretariado Gitano, que acaba de poner en marcha una campaña para concienciar a toda la población del problema del abandono temprano de la escuela por parte de este colectivo.

Alba Montoya tiene hoy 20 años y es una de esas jóvenes gitanas que al llegar a la adolescencia empezó a pensar en dejar los estudios. Abandonó el instituto con 14 años para hacer un curso de peluquería que quedó a medias. Con 17 años se dio de bruces con la realidad. «Me di cuenta de que todos mis compañeros seguían estudiando y tenían un plan de futuro. Yo no hacía nada, me aburría en casa...», reconoce a LA RAZÓN. Ese punto de inflexión le llevó a empezar, gracias a la Fundación Secretariado Gitano, un Programa de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) en administración. Lo terminó, hizo prácticas y hoy trabaja en la misma fundación que le dio la oportunidad. Ahora se plantea empezar un grado medio en Formación Profesional que, además, le procure el título de ESO. «Me gustaría no quedarme estancada y seguir estudiando: mis padres me apoyan, en la fundación también... y mis hermanos mayores, que abandonaron los estudios en su día, me recuerdan que es lo peor que puedo hacer», añade.

Reconoce que el abandono de los estudios afecta, sobre todo, a muchas chicas, pues a edades tempranas piensan que seguir estudiando «no es compatible con la vida gitana». «Yo pienso que no la vas a dejar de vivir por estudiar», explica, al tiempo que reconoce que muchos de los jóvenes que acuden a la formación del Secretariado Gitano «se animan» al verla y se dan cuenta de que formarse «aumenta las capacidades y ayuda mucho a la hora de buscar trabajo».

Una de esas jóvenes es Rosa Campos, de 16 años. Al igual que Alba, dejó la ESO para enrolarse en un PCPI de peluquería buscando una alternativa, pues no se veía capaz de terminar la enseñanza obligatoria. En su caso, el problema era una baja valoración de sí misma. Ahora, a pesar de su juventud, reconoce que sí puede: «Los gitanos tenemos dificultades por nuestro propio pensamiento, nos hacemos un mundo y no es para tanto. Podemos dar más de lo que creemos. Yo misma he caído en la cuenta de que si quiero, puedo. Y aquí estoy». Ahora se forma en administración y sueña su futuro trabajando en una oficina y estudiando la ESO en sus ratos libres. Pero no piensa sólo en ella, pues quiere ayudar a otras personas para que no dejen la escuela.

Cree que en el caso de las mujeres la educación es todavía más importante, pues de este modo «no tenemos que depender de un hombre y podemos sostenernos por nosotras mismas, vivir sin estar a cargo de nadie, tener nuestra propia casa y mantenernos con nuestro dinero». Algo que, entre los gitanos, según reconoce, no siempre ha sido así. Rosa concluye su entrevista con LA RAZÓN con un eslogan que bien podría servir para cualquier campaña por la educación entre el colectivo al que pertenece: «Cambiemos los estereotipos, lo que algunos piensan sobre nosotros; seamos gitanos con estudios, gitanos con preparación».

Emilio Jiménez, de 17 años, es compañero de clase en el PCPI de administración. Abandonó el instituto por falta de motivación, buscando horizontes en la Formación Profesional. «Siempre he pasado de los estudios. Me costaba muchísimo ponerme a estudiar, hacer la tarea... El curso pasado, estaba matriculado en un centro, pero me veía estancado y lo dejé», explica. Tampoco le ayudó su entorno, pues en él hay personas que dejaron su formación para ponerse a trabajar. Luego cayó en la cuenta de que si quería prosperar en el mercado laboral necesitaría formación. Le gusta el curso, ni se le pasa por la cabeza dejarlo y tiene como objetivo a medio plazo acabar la enseñanza obligatoria. Carlos tiene palabras de reconocimiento para sus compañeras, pues lo normal en su cultura, dice, es que dejen de estudiar para casarse. «Que una chica como Alba esté trabajando me parece muy bueno», añade.

En lo alto de la pirámide, allí donde a estos tres jóvenes les gustaría llegar –cuando se les pregunta por la universidad, ninguno la rechaza– está Gonzalo. Tras estudiar Magisterio y realizar un Máster en Musicología, ahora está dedicado al doctorado, que versa sobre el flamenco. Tuvo la suerte de que en su familia sí encontró los referentes que le guiaron a lo largo de los años: su madre es periodista. No le da miedo que los jóvenes gitanos se proyecten en él. Al contrario, se atreve a aconsejarles: «Si no estudias, tendrás pocas posibilidades para tener una vida estable, porque las soluciones son pocas. Con educación, todo va mucho mejor».