La mensajería instantánea se come al e-mail

Un 82,7% de los internautas la usa cada día, frente a un 69,5% que recurre al correo

Algunos expertos estiman que ha causado 28 millones de rupturas sentimentales; otros defienden que puede fortalecer los lazos de pareja. Ha generado más de una tendinitis e incluso trastornos de ansiedad por «vibraciones fantasma» que sólo están en nuestra imaginación; pero también salvó la vida a seis montañeros en Madrid después de que lograran mandar su localización a los Bomberos. Ha sufrido fallos de seguridad que han permitido a los «hackers» leer nuestras conversaciones más íntimas; pero además nos pone en contacto con quien queramos, rompiendo los límites del espacio y del tiempo. Incluso ha cambiado hábitos sexuales – como el llamado «sexting»– y a su vez ha potenciado conductas acosadoras –el «ciberbullying» escolar–. Todo esto ha ocurrido en los escasos cinco años desde que WhatsApp en particular y la mensajería instantánea en general irrumpieran en nuestros «smartphones». Y ya es oficial. Según el último Estudio General de Medios (EGM), los mensajes superan a los e-mails en número de usuarios.

De esta forma, un 82,7% de los internautas recurre diariamente a la mensajería instantánea, lo que supone un incremento de ocho puntos porcentuales respecto a cuatro meses atrás. Mientras, un 69,5% de los usuarios ha escrito un correo de forma diaria, descendiendo su uso casi cinco puntos respecto a la anterior encuesta. Un declive más acentuado si tenemos en cuenta el «pico» que alcanzó en 2009, cuando el 88,4% de usuarios aseguraba utilizar el correo. Todo, menos los mensajes instantáneos, ha retrocedido en internet: el uso de redes sociales (56,3% de internautas), el consumo de series y películas (7,3%), el consumo de música (18,5%)...

No es difícil discernir la receta del éxito. Una instalación sencilla e inmediata –sólo con registrarse, la red de contactos ya está construida–. A cambio, el usuario posee todas sus relaciones en su bolsillo. Es eficaz y barato. Y su nivel de intrusividad –hasta qué punto «molestamos» a alguien al mandarlo– es más bajo que el de una llamada telefónica. Pero, como apuntan los sociólogos, nuestro país esconde algunas particularidades que lo hacen especialmente sensible a estos fenómenos tecnológicos. De los más de 500 millones de usuarios de WhatsApp en todo el mundo, 20 millones se encuentran en nuestro país. Alemania, México e India tienen el mismo número de usuarios... con muchísima más población. «España es un país explosivo en cuanto a fenómenos sociales», afirma Enrique Dans, profesor del IE Business School. Es más, para muchas compañías como WhatsApp, Line o Telegram nuestro país hace las veces de «campo de pruebas». «Tienen cierta sensación de que si triunfan en España triunfarán en cualquier sitio. ¿El motivo? Nos dejamos influenciar muchísimo por nuestro entorno inmediato: si varios amigos se instalan una aplicación y les va bien, yo también me la instalo. Socialmente, somos muchos más activos. Somos hiperactivos. No leemos términos ni servicios... Es algo muy latino», asegura. Ésa es la razón, explica, por la que Line eligió nuestro país para su primera –y muy potente– campaña publicitaria.

«La gente se especializa en diferentes medios de comunicación», explica Francesc Núñez, experto en Sociología de las Emociones de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). El e-mail «se ha quedado más para el ámbito profesional, o para reflexiones que necesitan más tiempo, comunicaciones más de fondo, más razonadas». Mientras, la mensajería instantánea abarca una porción enorme de nuestro tiempo porque nos sirve «para gestionar el día a día, mantener los contactos, resolver problemas y darte respuestas de reconocimiento y de consejo, aunque también de rechazo». ¿Pero es una comunicación de mayor calidad? «Puede que se haya producido una pérdida de la relación cara a cara, pero ha aumentado nuestra potencia de comunicarnos», responde Núñez. «Los jóvenes no se saludan ni se despiden en WhatsApp. El canal de comunicación queda siempre abierto», añade Dans.

Como dice Dans, en el momento en que la marca se convierte en una palabra de uso común e incluso e empieza a declinarse –«yo wasapeo», «tú wasapeas»...– su uso es imparable. Con todo, hay motivos para el escepticismo. «Recuerdo como todo el mundo tenía Messenger y terminó cayendo de la noche a la mañana. Estas herramientas de implantación explosiva no generan una fidelidad enorme. Es un entorno muy estable en todos los sentidos. Y no creo que tenga nada garantizado», sentencia.