La mujer detenida por matar a su hijo no estaba en tratamiento médico

Aunque se apunta a que sufría depresión el marido lo negó a los agentes: «Mi mujer no toma alcohol ni drogas»

Odil Cristina Moreira Martínez, de 37 años, con el pequeño
Odil Cristina Moreira Martínez, de 37 años, con el pequeño

Rafael Roig había salido por la mañana de su domicilio cuando al volver se encontró con una pesadilla que jamás hubiera podido imaginar. En el dormitorio yacían sobre la cama su mujer, Odil Cristina Moreira Martínez, y su hijo. No había rastros de fuerza. Sólo ellos dos. Tumbados, en silencio, sin poder mover ni un ápice de su cuerpo. Rafael tomó en brazos al niño y salió a la calle pidiendo auxilio a sus vecinos. Su pequeño de sólo cinco años, no tenía pulso ni constantes vitales.

Los hechos tuvieron lugar el pasado sábado en Almássera, Valencia, en una finca situada en la calle Virgen de los Desamparados, al lado de la plaza del Ayuntamiento y del retén de la Policía Local.

Odil, de 37 años, acabó presuntamente con la vida de su hijo y después intentó quitarse la vida con pastillas. Al llegar al dormitorio y encontrarse esta dramática escena, Rafael, de más de 70 años, llamó a la Policía Local.

«Eran las 13:40 horas. En menos de cinco minutos los agentes trasladaron en el coche patrulla al padre y al niño al Centro de Salud de Almássera», según relataron a este periódico desde el citado Cuerpo. «El padre llevaba al niño en brazos. No tenía constantes. Y cuando llegaron al centro de salud se confirmó el fallecimiento del menor».

Después, la madre, natural de Nicaragua, fue trasladada en ambulancia al hospital custodiada por la Guardia Civil.

Al parecer, según relatan los vecinos la mujer había tomado unas pastillas tras haber acabado con la vida de su hijo. El pequeño no sobrevivió, ella sí. Se encuentra detenida. Y a principios de la próxima semana pasará a disposición judicial, según informó ayer la Benemérita.

En cuanto a las investigación en curso, hay más sombras (por contradicciones) que luces. El delegado del Gobierno, Serafín Castellano, explicó que los hechos están siendo investigados y, aunque «la causa de la muerte fue por asfixia, parece que previamente el menor podría haber ingerido pastillas, un extremo que determinará la autopsia».

Sin embargo, desde la Policía Local aseveraron a este periódico que «en el centro de salud se dijo que el menor no había fallecido por asfixia. Eso lo descartamos al 100%, porque al llegar al centro de salud un médico nos dijo que no era por asfixia, ya que el pequeño no tenía signos de marcas en el cuerpo ni tampoco signos de haberse defendido». Lo que más peso tiene para la Policía Local es que acabara con su vida con pastillas, aunque este extremo lo esclarecerá la autopsia.

También hay contradicciones en el estado psiquiátrico de la mujer cuando fue trasladada al hospital. Serafín Castellano manifestó que, al parecer, la mujer sufría algún tipo de trastorno mental, aunque precisó que había que ser «prudentes» hasta tener el resultado de la investigación. Y es que, aunque algunos medios afirman que podría ser que ella estuviera pasando por un episodio de depresión, sin embargo, desde la Policía Local de Almássera aseguraron a LA RAZÓN que «la mujer no se encontraba bajo tratamiento médico».

De hecho, «cuando se preguntó al padre sobre si su mujer tomaba estupefacientes o alcohol, o si estaba bajo tratamiento médico, el progenitor respondió que no», añadieron las citadas fuentes, que aseguraron «que ninguno de los dos adultos tenía antecedentes por violencia ni que tampoco habían tenido que acudir al domicilio del matrimonio por discusiones previas».

Es decir que Rafael y Odil eran al parecer un matrimonio que se llevaría teóricamente bien y que era aparentemente normal, salvando la notable diferencia de edad. De hecho, Rafael tiene hijos de enlaces anteriores mayores que su actual mujer.

«No sabíamos que tuvieran problemas. Ahora se está diciendo en el pueblo que ella era un poco depresiva, pero antes de la muerte del nene no se había dicho», afirma una vecina.

«Odil –prosigue– es su tercera mujer. Rafael primero se casó con una vecina del pueblo con el que tiene tres hijos, la mayor tiene unos 50, y los otros dos chicos unos 43 y 44 años. Después se casó con otra mujer de Albuixech (Valencia) con la que tuvo un varón que ahora tendrá unos 36 años aproximadamente».

«Odil no se relacionaba mucho con los vecinos precisamente. No es muy abierta, no sé si era porque era tímida, pero no habla con los vecinos. Parece cohibida. No sale mucho de casa. Ni tampoco lo hace con el marido, salvo alguna vez a comprar», añade.

Pero no era porque no llevara tiempo aquí. En Almássera aseguran que Odil lleva unos siete años viviendo en el pueblo. «Ella saludaba lo justo, seguramente por timidez. Venía a por algo al bar y se iba. Es una mujer casera no se relaciona con el personal. Tampoco iba al parque con el pequeño. Era ‘‘el abuelo’’, es así como llaman al padre aquí, el que siempre llevaba al niño al parque infantil», relata una vecina que trabaja en el Bar Nido; un establecimiento próximo a la vivienda donde se produjo la tragedia.

«No sabemos dónde había ido Rafael, quizá a almorzar con amigos o tomarse algo o hablar, pero al subir se encontró a su hijo ya muerto. Bajó con el pequeño en brazos a un todo a cien que hay al lado de su casa. Al principio se dijo que había sido por pastillas, pero luego se rumoreó en el pueblo que la madre había asfixiado al niño con una almohada».

Un extremo que la Policía Local descartó por completo. Los indicios hallados en el lugar y la autopsia que se realice al menor confirmará el modo con el que presuntamente la madre acabó con la vida del pequeño. El juez encargado del caso ha decretado el secreto de sumario de un caso estremecedor en el que un pequeño sin culpa alguna ha muerto víctima de quien más le tenía que haber protegido: su propia madre.