La penitencia de Platero

Hace 100 años que el onubense Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez publicara la primera edición de su obra más representativa: «Platero y yo». El año de su centenario finalizará desgraciadamente con la polémica suscitada a raíz de la muerte en un Belén viviente de Lucena (Córdoba) de un pollino tocayo del que describía en su obra el excepcional literato.

El suceso aconteció el pasado miércoles 10 de diciembre cuando Evaristo Jiménez, un fornido varón de 38 años natural de Lucena, muy conocido en la localidad, tras tomar unas copas con unos amigos y en actitud bromista intentó acceder al Belén saltando las vallas que lo protegen para fotografiarse subido a uno de los dos rucios que adornaban la representación. Finalmente logró su objetivo, tal y como se aprecia en la fotografía, pero algunos de los presentes y el informe policial realizado sostienen que para llegar a la burra adulta en la que se subió, antes apartó a patadas al pequeño Platero, que falleció días después.

Evaristo y su defensa sostienen que en ningún momento este varón, que además se dedica a la ganadería, maltrató a ninguno de los asnos del Belén y que su muerte se produjo «cuatro días después» de que él accediera al recinto. Desde su entorno apuntan a las patadas que la burra grande habría proferido al pequeño Platero cuando éste se acercaba para intentar amamantarse por haber sido destetado prematuramente, dado que tenía poco más de cinco meses de edad.

Pascual Rovira, presidente de la Asociación para la Defensa del Borrico (Adebo) de Rute, también en Córdoba, no está muy de acuerdo con la versión de Evaristo y su defensa. «La burra grande es muy pacífica y no pudo haber coceado a Platero con tanta violencia como para provocarle la muerte». El burro falleció debido a los «hematomas en zona dorsal y lumbar, así como líquido hedematoso libre en la cavidad torácica y abdominal» que presentaba cuando fue trasladado a la clínica veterinaria de Rute, según se indica en el informe.

En lo que sí coincide con Evaristo y su defensa Rovira es en que Platero había sido destetado prematuramente, «yo recomiendo hacerlo entre los seis y ocho meses» aclara. Además de alimentarse de leche materna, estos pollinos suelen nutrirse a base de piensos especiales para su edad. En Adebo, Pascual cuida de unos 80 burros, 50 de raza andaluza en peligro de extinción y 30 que han llegado a sus manos después de haber sido abandonados. En la antigua Casa del Burro de Rute –fue cerrada hace 3 años por falta de apoyo financiero– los pollinos conviven amistosamente con gallinas, cerdos y otros animales, haciendo gala de su carácter pacífico. Además, en Rute se cierra el círculo que vincula al burro con la literatura. Prestigiosos hombres de letras han pasado por la sede de la fundación Adebo para saciar su curiosidad por este «noble animal milenario amigo de la humanidad». Antonio Gala, José Saramago, Rafael Alberti o Camilo José Cela son algunos de los que bautizaron o apadrinaron a alguno de estos pollinos. Hasta la reina Sofía se animó a participar en este ritual tan especial de bautismo en el que en lugar de agua se vierte anís sobre la cabeza de los asnos.

«La república de los burros» como la llama Pascual Rovira pretende unir «ecología y literatura» en un proyecto de recuperación de esta especie que sólo cuenta con unos 60.000 ejemplares en nuestro país. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hay seis razas de burro autóctonas de España en peligro de extinción, la andaluza, la catalana, la zamorano-leonesa, el burro de las encartaciones, el mallorquín y el majorero.

Pese a la falta de apoyo económico de las instituciones Pascual cuenta con las aportaciones de anónimos o el apoyo de intelectuales y sus ocurrentes iniciativas para intentar que su proyecto no muera y continuar honrando y dando visibilidad al burro, noble amigo y servidor, pero no esclavo del hombre.