La procesionaria, un peligro mortal para los perros

Esta oruga provoca vómitos, picores, babeo exagerado y hasta ceguera en contacto con los canes. Los veterinarios recomiendan lavar inmediatamente la zona afectada

Jack es un bichón maltés que  perdió la lengua hace un año al entrar en contacto con una oruga procesionaria durante un paseo
Jack es un bichón maltés que perdió la lengua hace un año al entrar en contacto con una oruga procesionaria durante un paseo

Esta oruga provoca vómitos, picores, babeo exagerado y hasta ceguera en contacto con los canes. Los veterinarios recomiendan lavar inmediatamente la zona afectada.

Jack es un bichón maltés de seis años. El año pasado, el perro y su familia se fueron a dar un paseo por el pantano de la Jarosa, en el municipio de Guadarrama (Madrid). Había muchas orugas procesionarias, pero Henar y su madre no sabían que el contacto de su mascota con una de ellas podía llegar a causarle, en el peor de los casos, la muerte: «Sabíamos que eran malas, pero no tanto», explica. Su perro se fue a olisquear diferentes zonas del campo y cuando volvió, le notaron raro: «Empezó a salivar mucho y parecía que no se encontraba bien», continúa. Cuando llegaron a casa, Jack empezó a expulsar por la boca un líquido blanco, similar al que suelen soltar los animales al contraer la rabia: «llamamos a mi tío, que es veterinario, y nos dijo que venía inmediatamente», cuenta Henar. Le llamaron simplemente para asegurarse de que lo que le sucedía a Jack no era nada grave, pero su respuesta les hizo saltar las alarmas. Decidieron informarse por internet y entendieron la reacción de su familiar.

Cuando la oruga detecta alguna amenaza, explica Javier Esteban –veterinario de la clínica Oftalmológica Veterinaria Ocaña– como pisadas cercanas o perros olisqueando por su zona, se encoge y, al hacerlo, desde los segmentos que tiene en el abdomen, «lanza» unos pelitos llamados tricomas que contienen una carga antigénica muy importante. Al entrar el animal en contacto con ellos, puede desarrollar un proceso alérgico que se puede agravar en el caso de que el perro llegase a lamer o a comerse la oruga: «Nosotras creemos que Jack pegó un lametazo a la oruga», indica su dueña. En estos casos, según dice el especialista, la alta toxicidad de la sustancia urticante puede provocar la pérdida de parte de la lengua por necrosis e incluso la asfixia del animal al pasar por la laringe. Cuando llegó el tío de Henar a su casa, le inyectó rápidamente unas ampollas que han permitido que Jack, a día de hoy, siga vivo: «Afortunadamente solo perdió media lengua, no tuvieron ni que cortársela, se le cayó sola», explica Henar.

Como Jack, miles de perros sufren año tras año las consecuencias del contacto con este tipo de orugas. Pasado el invierno empiezan a darse unas condiciones favorables para que las larvas de estos insectos empiecen a bajar del nido al suelo. Dependiendo de la zona geográfica, el riesgo es mayor en unos meses que en otros: en el sur de España, el peligro se encuentra en los meses de enero y febrero, en el centro, son los meses de marzo y abril, y en la zona norte, existe un riesgo más elevado entre mayo y junio. Es en estos meses cuando la oruga baja al suelo y para cubrir su círculo biológico, hacen una procesión (de ahí su nombre) para enterrarse en la arena. Los perros se puede topar con ellas en el suelo de parques y bosques donde haya pinos, además de en sus alrededores.

Si nuestro perro ha tenido contacto con la oruga, según el veterinario, notaremos que el animal tiene un comportamiento distinto al habitual. Dependiendo de la zona afectada, los síntomas serán distintos como picores, babeo exagerado o vómitos: «si el contacto es con los ojos, puede llegar a perder la visión», explica. En caso de que ocurra, el especialista de la clínica Ocaña recomienda que la persona que esté en ese momento con el perro lave con agua la zona afectada, a ser posible templada, ya que los pelillos que pueda tener inyectados se desprenderán mejor. Se recomienda para hacerlo, según explica el veterinario de la clínica Ocaña, el uso de guantes, porque estos pueden causar un brote alérgico de granitos en la mano. Posteriormente, es recomendable acudir inmediatamente un centro veterinario.