La tercera guerra: 6 claves para seguir la próxima cumbre del clima

Después de 25 Conferencias de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático sin éxito, las Naciones Unidas convocan esta semana una «última» llamada a la acción

Imagen de una joven británica en una manifestación contra el cambio climático
Imagen de una joven británica en una manifestación contra el cambio climático

¿Será esta Cumbre del Clima de Nueva York la definitiva? ¿Podemos esperar que, por una vez, las medidas adoptadas sirvan para poner en marcha los compromisos de lucha contra el calentamiento global?

Después de 25 Conferencias de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático sin éxito, las Naciones Unidas convocan esta semana una «última» llamada a la acción. ¿Será esta Cumbre del Clima de Nueva York la definitiva? ¿Podemos esperar que, por una vez, las medidas adoptadas sirvan para poner en marcha los compromisos de lucha contra el calentamiento global?

1 Niños contra adultos

El 16 de septiembre tuvo lugar en Washington una reunión sin precedentes. Una joven de 16 años y Barack Obama compartían mesa, discusión, argumentos y saludos al estilo trapero (de «trap» no de trapo) en un blanco y cálido despacho. Ella era Greta Thunberg, la más famosa activista a favor de la acción climática y el símbolo de una de las novedades más importantes de esta cumbre: las nuevas generaciones quieren liderar el debate. Durante la reunión se dará la voz a conferenciantes que no han cumplido los 20 años. Desde la sueca Thunberg como lideresa hasta la estadounidense Dulce Ceballos, de 18 años, impulsora de las huelgas a favor del clima o la española Patricia Ramos que tendrá su oportunidad de pedir medidas de acción concretas en la cumbre. El secretario general de las Naciones Unidas ha advertido de que «los jóvenes están liderando el debate». Lo malo es que las medidas las toman los adultos. Muchos analistas sospechan que la cumbre de Nueva York pueda ser utilizada por algunos políticos para acercar su mensaje a las nuevas generaciones y blanquear la paupérrima imagen que 25 años de cumbres inútiles está dejando entre los votantes del futuro.

2 La cumbre sin discursos

El propio secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha pedido que esta cumbre se aleje de los discursos bellos y vacíos. Es evidente que los mismos organizadores de la cumbre son conscientes del hartazgo que ha producido entre los activistas del medio ambiente la historia de fracasos de las anteriores reuniones. El divorcio entre los líderes políticos y la sociedad civil en materia de lucha contra el cambio climático puede ser irreparable si una vez más se sale de Nueva York sin un plan de acción concreto. Sobre el papel, la de esta semana será «la cumbre de las medidas». En realidad, es muy probable que sea necesario un control efectivo y un par de cumbres más para empezar a ver los resultados... Si llegan.

3 Ausentes

El gran problema enquistado de las cumbres del clima casi desde sus inicios es la lista de ausentes. Bien por no acudir o por acudir con una predisposición declarada a la falta de acuerdo. La ONU ha elegido nueve áreas de trabajo lideradas por 19 países y organizaciones no gubernamentales. Entre los países líderes no se encuentra Estados Unidos, la mayor economía del planeta. El país de Trump no participará en otras mesas de trabajo de menor entidad y el propio presidente ni siquiera se dejará caer por la sala. Del G7 solo tendrán un papel activo dos naciones: Francia y el Reino Unido. Por el contrario, llama la atención la gran actividad que prometen ofrecer países modestos como Islas Marshall, Etiopía, Kenia... cuya capacidad de influencia en la agenda política internacional es realmente pobre.

4 La marcha atrás de China

En el pasado mes de julio, el gigante asiático había mostrado su disposición para convertirse en uno de los máximos impulsores de la nueva política contra el cambio climático. Todos los expertos coinciden en que 2030 es un año clave en la evolución del país. Se cree que para entonces China alcanzará el pico de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Se supone que las autoridades chinas estaban más que convencidas de comenzar a reducir sus emisiones drásticamente desde entonces. Pero las últimas declaraciones del ministro de Medio Ambiente han resultado un jarro de agua de fría. Los expertos las consideran un intento de dilatar los compromisos adquiridos y de no involucrarse activamente en la eliminación definitiva del carbón en su territorio y en el de sus aliados comerciales.

5 La hora de la grandilocuencia

Algunos mensajes que oiremos en las reuniones parecerán propios de otras épocas, de períodos de crisis, de confrontaciones bélicas, de guerra fría... Impulsados por el liderazgo de la demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, el partido opositor a Trump ha propuesto un «New Deal» ecologista al más puro estilo del Roosevelt de la Gran Depresión. Claman por una nueva «gran movilización social, industrial y económica que no se han visto nunca desde la Segunda Guerra Mundial», (sic). El aumento del tono de los discursos responde al cambio de paradigma argumental. Ya no se habla de cambio climático, sino de emergencia climática y algunas propuestas tienen un profundo calado de «última oportunidad». A estas palabras las acompañan algunas planificaciones realmente grandilocuentes, aunque los expertos se temen que demasiado vacuas, como la propuesta de la Unión Europea de convertirse en la primera región del mundo realmente neutra en emisiones; es decir, que compense la misma cantidad de carbono que emite. Así al menos lo propone la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen. Difícil de creer.

6 El rapto de europa

Precisamente el continente europeo podría tomar una posición de liderazgo en la cumbre de esta semana a la vista de la ausencia de otros gigantes económicos. Pero todo parece indicar que Europa necesitará más tiempo. La delegación europea se presenta en Nueva York sin poder aportar nuevos NDC (compromisos determinados nacionalmente); es decir, nuevas propuestas firmes diferentes a las de la última cumbre que hayan sido validadas por cada país. Tampoco se prevé conocer algún nuevo plan continental de descarbonización. La posición europea es realmente complicada. En primer lugar hay que lidiar con los palos en las ruedas que suelen poner países como Estonia, Polonia y Hungría, que han vetado algunas de las propuestas más agresivas. Por otro lado todo parece indicar que las políticas de descarbonización europeas pueden verse afectadas por el Brexit. Aunque el horizonte de 2050 como fecha objetivo para cumplir los compromisos parece lejano, muchas políticas comunitarias podrían ser replanteadas en función de la realidad post-Brexit. Parece que sería lógico pensar que muchos de los presupuestos hoy aceptados se tornen imposibles en la nueva Europa sin ingleses. Aun así los focos estarán puestos en la intervención de la delegación europea, última esperanza de lograr un compromiso serio de un grupo de países suficientemente ricos como para financiar la transición hacia la economía sin carbono. Donald Tusk hablará el lunes. La posición de Europa puede ser el termómetro para evaluar el éxito de esta nueva cumbre.