Algeciras teme ser Lampedusa

El miedo a reproducir el colapso que se produjo en la isla italiana recorre el Campo de Gibraltar, ya que ahora será el único punto de desembarco de quienes lleguen a través del Estrecho y el Mar de Alborán

El barco Open Arms en el puerto de Algeciras
El barco Open Arms en el puerto de Algeciras

El miedo a reproducir el colapso que se produjo en la isla italiana recorre el Campo de Gibraltar, ya que ahora será el único punto de desembarco de quienes lleguen a través del Estrecho y el Mar de Alborán.

El desembarco en Algeciras de los migrantes del Open Arms recogidos en el Mediterráneo ha reabierto la ola de críticas desde todos los sectores a la gestión que el Gobierno de Pedro Sánchez está haciendo de esta situación. Tanto el PP como las ONG han criticado la falta de previsión y organización demostradas y exigen un plan efectivo para evitar una crisis humanitaria. Mientras los populares acusan a Sánchez de practicar «la política de la apariencia y del titular» en sus políticas de inmigración, el Gobierno defiende su actuación. El temor a reproducir el colapso que se produjo en la isla italiana de Lampedusa ha puesto en alerta al Campo de Gibraltar, convertido por el Ejecutivo en el único punto de desembarco de quienes lleguen a través del Estrecho y el Mar de Alborán.

«Filiamos la patera entera», grita un policía a su compañero de Extranjería. «Ampliamos media hora», le dice a la traductora. Son las 22:00 de la noche del miércoles y una embarcación de Salvamento Marítimo desembarca a 13 subsaharianos que fueron rescatados en aguas del Campo de Gibraltar en un patera. Faltan todavía diez horas para que llegue el barco de Open Arms con 87 personas a bordo y «estrene», desde el punto de vista mediático, el recién inaugurado Centro de Atención Temporal (CATE), un campo de refugiados en suelo español que será «el punto de desembarco de todos las embarcaciones» que a partir de ahora lleguen a través del Estrecho y el Mar de Alborán «porque facilita la logística», aseguran fuentes policiales. Una opción que no gusta a algunos miembros de Salvamento Marítimo que denuncian la pérdida de tiempo que supone llegar hasta Algeciras desde Tarifa.

El fantasma de Lampedusa asusta al Campo de Gibraltar. Según datos de la OIM, hasta el 29 de julio de 2018, llegaron a nuestras costas 22.858 personas, la gran mayoría lo hicieron a través de la costas andaluces. Los últimos en arribar son los inmigrantes rescatados en aguas del Mediterráneo frente a las costas de Libia que viajaban en el buque «Open Arms». Después de que Italia y Malta decidieran cerrar sus puertos, desembarcaron ayer en el muelle gaditano de Crinavis en torno a las 9:30 de la mañana ante la presencia de decena de medios de comunicación. Tras someterse a los pertinentes controles sanitarios en las instalaciones portuarias, que incluye ayuda médica y sociosanitaria, rápidamente fueron trasladados en autobuses de la Guardia Civil hasta este nuevo centro donde pasaron a disposición policial durante 72 horas aunque en su caso, no bajo una detención administrativa si no con una «autorización de residencia de carácter provisional» ya que al ser rescatados en aguas internacionales, su situación varía, explican fuentes policiales. Se prevé que estos inmigrantes, mayoritariamente de Sudán y Sudán del Sur, aunque también había un sirio, un egipcio y un gambiano permanezcan solo 24 horas en estas instalaciones porque posteriormente «Cruz Roja se encargará de reubicarlos» en distintos centros de acogida, explican estas mismas fuentes. El pasaje también estaba compuesto por 12 menores, de los que seis, además, no están acompañados.

Este centro pasa a ser la base para la recepción de migrantes en las horas o días inmediatos a su llegada, función que hasta ahora se ejerció sin control en pabellones o colegios de la región, generando una sensación de descontrol, falta de organización y previsión. «Lo que estaba ocurriendo no era procedente. Nos parece bien que se protocolice la asistencia pero es un parche porque se sabía que llegarían más personas este año», denuncia Arancha Montero de La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) de Campo de Gibraltar.

Las instalaciones están divididas en varias zonas, donde se presta asistencia individualizada y que incluyen áreas de asistencia sanitaria, de aislamiento médico, de identificación por especialistas en extranjería, de reseña por parte de policía científica o de manutención. Además cuenta con espacios diferenciados para hombres, mujeres, menores acompañados y menores no acompañados. Con su apertura se centralizará todas las llegadas en este centro. Pueden albergar hasta 500 personas, aunque en estos momentos tiene poca ocupación porque la idea es que sea un lugar de tránsito para los inmigrantes hasta que distintas ONG se hagan cargo de ellos.

La construcción de este centro supone una brecha en la política migratoria del Gobierno. Se acabó la política de puertas abiertas y permiso de temporal de residencia en España para los inmigrantes que sean rescatados por ONG en aguas del Mediterráneo. A diferencia de los rescatados por el Aquarius que contaron con 45 días de residencia temporal para regularizar su situación o los llegados a Barcelona a bordo de la ONG catalana que disfrutaron de 30 días, los que ayer llegaron a Algeciras no dispone de ningún permiso de residencia humanitario.

Construir este campo en Algeciras es una opción que molesta a muchos en la zona. El primero de ellos es el alcalde de Algeciras quien reclama una mayor implicación de Europa en la crisis migratoria. Asegura que pese al esfuerzo realizado por su Ayuntamiento, no ha contado con el apoyo ni agradecimiento del Presidente ni el ministro de Interior. «Somos 300.000 vecinos y no somos capaces de absorber a todos lo que se van quedando. No tenemos capacidad económica para darles asistencia. En el mes de julio, recibimos un Aquarius diario y ahora todo el mundo está desbordado», denuncia. Respecto al nuevo campo de refugiados considera que «es muy operativo pero no puede ser el único en el Mediterráneo porque produce desequilibrios», insiste.

Tampoco los vecinos de la región están contentos. Son presa de la tensión que genera el narcotráfico en un entorno deprimido con altas tasas de desempleo juvenil y pocas oportunidades. Es el caso de Javi, un jardinero de 25 años, que ve con preocupación «la llegada masiva y cada vez más violenta de inmigrantes que terminan vendiendo bolsos y pañuelos en la playa». De la misma opinión es Miguel, un jubilado de La Línea de la Concepción que denuncia «que las ONG son una mafia» y que en la región no hay recursos: «Aquí todos viven de los pensionistas», subraya.