
Opinión
Lluvia de estrellas
La cultura asiática, las mujeres, el esfuerzo y la superación

Durante decenas de años en China las niñas estaban «prohibidas», es decir, no estaba bien visto tener abundante descendencia por la densidad de población del país, y mucho menos si lo que nacía eran mujeres, que las daban enseguida en adopción o las hacían desaparecer sin contemplaciones. No deja de sumirnos en la perplejidad el hecho de que en pocos años hayan cambiado las tornas de forma tan meridianamente drástica. Sin ir más lejos, la cabeza visible del Consejo Legislativo del territorio hongkonés es una mujer, Emily Lau, líder del partido democrático, quien pelea por devolverle a la región la libertad que ha ido perdiendo a manos de China (más le hubiera valido seguir siendo colonia británica).
La llaman la Dama de Hierro y como ella, multitud de mujeres están medrando dentro y, sobre todo fuera del país como empresarias sobresalientes. Y esto no es suerte: es esfuerzo y sacrificio, porque la suerte solo favorece a las mentes preparadas. Hace poco oí a una empresaria del país asiático decir: «Nunca verás a un chino pidiendo limosna; nosotros trabajamos». ¡Qué gran frase! Pero eso va en el ADN de cada raza, de cada tribu, de la mentalidad que unos captan y otros no, porque nacen vagos. Los que vienen de África sueñan con que la lluvia de estrellas de San Lorenzo les regale el maná, teléfono móvil de última generación en mano. Sé bien que esto que digo no es políticamente correcto, pero a nadie se le escapa que es una verdad demostrable. A los chinos se les teme porque son muchos y muy currantes; también porque se acabó el tiempo de dar a las niñas en adopción, porque el país ha aprendido a no reproducirse como conejos y que los rollitos primavera hay que ganarlos con el sudor de la frente. Un chino es fiel a la tradición y a sus referentes, y no puede comer comida española más de siete días seguidos, lo aseguró una empresaria afincada en nuestro país, con un éxito abrumador en establecimientos de hostelería. Ella tampoco se lo ha pedido a las perseidas. Ella se lo ha bregado hasta lograr sus objetivos. No se abandonó a la suerte de la lluvia de estrellas…
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