Daniel García Raso: "Cuando murió mi padre las perras se abalanzaban para que no estuviera triste"

El historiador, arqueólogo teórico y antropólogo de corazón adora a sus tres canes.

Daniel García Raso junto a Lasca, Dexi y Vera. Foto: Connie G. Santos
Daniel García Raso junto a Lasca, Dexi y Vera. Foto: Connie G. Santos

El historiador, arqueólogo teórico y antropólogo de corazón adora a sus tres canes.

«Nunca he comprado un perro ni lo haré. Mis tres perras son recogidas», aclara Daniel García Raso, autor del libro que está revolucionando el mercado con tres ediciones en su haber: «Eso no estaba en mi libro de “Historia de los videojuegos” (Almuzara)». Al pregunarle por sus nombres, aclara los motivos: «Lasca es una mestiza de pastor alemán con cócker. Me preguntan su edad y ¡tiene 11 años!, pero se gasta cara de cachorra. El nombre viene de las lascas de piedra que se utilizaban en el Paleolítico. Dexi es mezcla de bretón con presa canario y Vera, el yorkshire, es la más pequeña. El nombre de Dexi es por Dexidrina, el nombre comercial de una anfetamina, y el de Vera... no sé, ¿por qué tiene cara de llamarse así?». Dice que no juegan a los videojuegos porque no tienen manos «de lo contrario lo harían, porque miran a la pantalla como si pudieran hacerlo», de igual modo se confiesa una amo permisivo «porque lo tienen casi todo permitido: subirse al sofá o a la cama, incluso dormir en mi cama. A veces me molestan porque me quitan espacio, pero en ocasiones las meto conmigo y las arropo». Como todas las personas que conviven con mascotas, Daniel tiene imborrables momentos con ellas, «Lasca llegó a mi vida en un mes muy crítico: el primer desamor con la que fue mi primera novia durante doce años. Desde el primer instante supo procurarme cariño, distraerme y lamerme la cara cuando creía que estaba triste. Luego llegaron Dexi y Vera y en el peor momento de mi vida: la muerte de mi padre hace menos de dos años. Las tres se abalanzaban sobre mí para impedir que me pusiera triste. Es increíble los lazos emocionales que pueden llegar a establecerse entre nosotros y los perros». En cuanto a los cuidados, Daniel intenta no desatender ninguno: «Es necesario ir al veterinario. La mayor, Dexi, tiene 14 años y es una perra con una fortaleza envidiable. Con lo viejita que es ha superado un cáncer de pulmón y una parálisis de las patas traseras, y ha soportado tratamientos y efectos secundarios de los medicamentos. No se puede desatender a un ser vivo con el que debes adquirir un compromiso desde que entra en tu casa hasta que se va». Daniel, además de cosechar éxitos con su libro –de los pocos que hay en el mercado sobre historia de los videojuegos– es licenciado en Historia y trabaja como corrector literario. Además del libro publicado por Almuzara, sus motivaciones literarias le han llevado a publicar «Yacimiento píxel» (JAS Arqueología Editorial). En la despedida, sus tres perritas nos dicen adiós a lametones. Un buen amo, un mejor escritor... Aunque la sensibilidad va unida, ¿o no?

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