El sueño de José Antonio: 40 mascotas buscan casa

Este malagueño sufrió en junio un ictus que le impide continuar con su protectora. Su hermana busca colaboración para seguir adelante.

José Antonio Serrano, en su casa de Monda, con uno de los gatos de su protectora
José Antonio Serrano, en su casa de Monda, con uno de los gatos de su protectora

Este malagueño sufrió en junio un ictus que le impide continuar con su protectora. Su hermana busca colaboración para seguir adelante.

La familia que componen José Antonio Serrano y su hermana María no estaría completa sin sus miembros más queridos: los perros y los gatos. Funcionario en el Ayuntamiento de Marbella, José Antonio decidió hace cinco años irse a vivir a una casa de campo en la localidad malagueña de Monda. Allí empezó a ver demasiadas mascotas sin dueño, dejadas a su suerte, desamparadas. Las fue recogiendo y, en muy poco tiempo, se dio cuenta de que ya tenía quince. «Vamos a montar una protectora», pensó. Éste fue el primer paso para crear Palevlas. Llegó a albergar hasta cincuenta animales. Ahora mismo cuenta con treinta perros y diez gatos. Pero la protectora y, consecuentemente, los perros y gatos que acoge, se encuentra en peligro si nadie los adopta. A principios de junio, José Antonio sufrió un ictus que le impide continuar con su proyecto.

Su hermana, María Serrano, apareció esta semana en «El Hormiguero», en Antena 3. Su paisano Dani Rovira se había interesado por su historia, la llamó y le ofreció ir al plató. ¿Su mensaje? «Que nos ayuden, cada uno con lo que pueda aportar», afirma María a LA RAZÓN. Reconoce que, desde su presencia en el programa, «hemos recibido muchos mails. Y, más que adopciones, la gente se ha interesado en saber cómo nos podía ayudar. Nos pueden donar mantas, pienso... O con el ‘‘teaming’’: aportar un euro al mes». Todos aquellos interesados en colaborar pueden contactar con María a través del correo palevlasprotectora@gmail.com. Del mismo modo, también la pueden localizar en su página de Facebook Palevlas Protectora de Animales. Desde este verano, María se ha dirigido a alrededor de treinta protectoras de animales; sólo recibió respuesta de dos, que se hicieron cargo de cinco perros cada una. Mientras, desde Palevlas han dado otros tres canes a sendas familias.

Hasta la fecha, han sacado adelante Palevlas con sus propios medios. Y no es poco el dinero que han tenido que invertir. En 2011, cuando decidieron crear la protectora, la Junta de Andalucía les dijo que tenían que registrarse oficialmente y esperar un plazo de dos años para recibir una ayuda oficial. El tiempo pasó y, cuando fueron a pedir una subvención, no había fondos. «Ten en cuenta que había que llevar a los perros al veterinario, ponerles las vacunas, desparasitarlos... Sale bastante caro. Y todo lo pagaba mi hermano. Yo me dedicaba más a lo social, a organizar eventos...», relata María. Pero, en realidad, María hacía más que eso: José Antonio tenía a los perros en su casa, separados por tamaño, en unos apartados que él mismo había montado; mientras, su hermana se ocupaba de los diez gatos en su apartamento de Marbella, pues cuenta con gateras. «Hace tres días recogí el último», dice.

Independientemente de la falta de medios, María reconoce que, al menos en España, las administraciones no facilitan la adopción. «La adopción es mínima. En otros países se cuenta con ayudas. Si voy al Ayuntamiento de Monda, nada de nada. Por contra, se pueden llevar a los animales y sacrificarlos», dice. «Por eso he pedido ayuda. Y mientras pueda seguir adelante, seguiremos».

Nada más salir del plató de «El Hormiguero», se fue a visitar a su hermano al hospital. Y, como no podía ser de otra forma, fue acompañada por mascotas: Luna, una perra que llevó al plató para buscarle dueño entre los televidentes, y Lobo, otro can que fue adoptado en directo por el propio Dani Rovira. No puede evitar emocionarse tras cada palabra que dedica a José Antonio. «De momento, mi hermano sigue igual. No puede moverse, no puede hablar... Le conté todo lo que había pasado. Y no sé si del todo, pero creo que sí entendía lo que le decía, que estaba consciente», relata María.