Los perros, un gran apoyo en la vejez

La compañía canina ayuda a combatir el sedentarismo y la soledad de personas mayores.

La compañía canina ayuda a combatir el sedentarismo y la soledad de personas mayores.

Que el perro es el mejor amigo del hombre es algo que todos hemos oído. Que ayuda a enseñar responsabilidad a los niños, también. Pero no se habla tanto de los beneficios que puede aportar la compañía canina a una edad más avanzada. Asociaciones como Abrazo Animal (Las Rozas, Madrid) programan visitas periódicas a residencias de ancianos. «Suelen ser perros nuestros o que llevan mucho tiempo con nosotros, de manera que podemos prever sus reacciones», dice Lola, la coordinadora de voluntarios, que ha vivido de primera mano algunos cambios espectaculares provocados por estas visitas. «Una señora nos contó –con una preciosa perrita mestiza en brazos que le estaba llenando de besos la mano– que en su familia nunca le habían dejado tener perro. Al irnos, su hija, que no había parado de llorar mientras la mujer hablaba, nos confió que su madre sufría una enfermedad que le impedía terminar las frases y de ahí que se hubiera emocionado al verla contar su historia con normalidad».

Son muy pocas las residencias de ancianos que permiten que éstos acudan con su animal de compañía e iniciativas como ésta hacen posible el nacimiento de unos lazos que se han revelado profundamente beneficiosos para ambos.

Entre el perro y la persona se forja un vínculo tan sólido que la edad no puede sino reforzarlo. «El perro va a ir siempre a la vez que tú y, si ve que te cuesta, te va a esperar y no tirará de la correa». Es, quizá, esa ayuda prestada por el can y que él dependa a su vez de nosotros lo que hace que tener perro sirva de motivación a personas a las que salir a la calle o moverse supone un esfuerzo mayor, aunque sea simplemente para lanzarle una pelota. La responsabilidad que supone tener un animal de compañía hace que el anciano se sienta importante en el mejor y más positivo sentido de la palabra. De esta manera, las mascotas, además, ayudan a combatir el sedentarismo.

Es también el caso de Bernardo, de 87 años, al que sus hijos le han regalado un perro: Andy. «Mi padre siempre ha tenido un carácter desconfiado, pero Andy le tiene entretenido y le da otras cosas en qué pensar», nos cuenta Paloma.

Y es que la compañía de un perro a una edad avanzada tiene efectos positivos que van mucho más allá de los beneficios motores: ayuda a ejercitar la memoria, a reducir los niveles de estrés, combatir la depresión, que es a menudo fruto de la soledad, y, en algunos casos en los que el perro ha recibido un entrenamiento, a prevenir peligros como los ataques epilépticos.

Andy es pequeño, pero Lola nos recuerda que, más allá de la raza o el tamaño, lo fundamental es el carácter del perro en concreto. «Hemos llevado todo tipo de razas y la experiencia siempre ha sido increíble, nunca hemos dicho ‘‘éste, no’’. Sí es verdad que los animales mestizos son más sanos, dado que la variabilidad genética es mayor. Eso repercute en su longevidad y hay que tenerlo en cuenta, porque cualquier problema que presente el perro afectará también a la persona». Pero, al igual que la raza no constituye un elemento determinante, no debe dejarse al azar la edad del perro, ya que se recomienda que supere los dos o tres años por la inquietud y dinamismo que caracteriza a los cachorros.

Los animales, antes de entrar en contacto con las personas de la residencia, son examinados por un adiestrador. Enseñan a los voluntarios a conocer al perro, interpretar sus gestos e identificar su carácter. Así detectan qué perros utilizan la boca para jugar, cuáles son más traviesos o cuáles han podido vivir experiencias traumáticas que los hacen más miedosos o menos dados a recibir caricias.

Entre los factores que deben valorarse antes de buscar un animal de compañía a estas edades es fundamental estudiar la capacidad para proporcionarle las atenciones que requiere. En cambio, no poder sacarlo a pasear no debe desanimar a nadie ni hacerle de-sechar la idea. Lola recomienda optar en ese caso por un gato: «Es un animal ‘‘desconocido’’, pero puede ser muy cariñoso. Necesita menos cuidados y está demostrado que su compañía –y en especial su ronroneo– tiene efectos terapéuticos».

A través de la caninoterapia, ciertos médicos incluyen el acompañamiento con perros especialmente entrenados en el tratamiento de enfermedades, siendo las principales el alzhéimer, el autismo, la depresión y patologías relacionadas con dificultades psicomotoras. Los perros provocan una sensación de confianza en los pacientes, con lo que se desarrolla un lazo muy fuerte, lo que desemboca en una mayor salud emocional y una autoestima más alta. Aunque eso no basta para tratar la enfermedad, facilita la intervención de especialistas como los psicólogos.

Así, aunque no puede pretenderse que perros o gatos suplan el papel que corresponde a la familia del anciano, es innegable que las ventajas de esta simbiosis fluyen en los dos sentidos y no entienden de edades.