Una nueva oportunidad para Curro

En el 60% de los casos de abandono su familia no puede hacerse cargo de ellos

El Refugio buscó un nuevo hogar a Curro, de doce años, después de que su propietaria fuera trasladada a una residencia. Mari Carmen y Pedro, en la imagen, decidieron adoptarle
El Refugio buscó un nuevo hogar a Curro, de doce años, después de que su propietaria fuera trasladada a una residencia. Mari Carmen y Pedro, en la imagen, decidieron adoptarle

Todos conocemos casos de animales que terminan solos en la calle porque sus dueños los abandonan, pero también existen situaciones en los que se quedan sin familia, y no precisamente porque decidan desampararlos, sino porque el propietario ya no puede hacerse cargo de él.

El último ejemplo es Curro, un perro que vivió durante doce años en compañía de su dueña en Navalmoral de la Mata (Cáceres). Disfrutó de una vida apacible hasta que hace dos semanas su propietaria tuvo que ser trasladada a una residencia de ancianos a causa de un avanzado estado de alzhéimer. El único que podía hacerse cargo de Curro era el hijo de la señora; sin embargo, éste ingresó en prisión hace un año. Entonces, el perro quedó abandonado en la calle y nadie alertó a las autoridades de que aquel animal precisaba ayuda.

Por suerte, la protectora El Refugio rescató a Curro y ahora Mari Carmen y Pedro son su nueva familia. «Tener un animal no es como comprar unos zapatos o un exprimidor de frutas, implica asumir una serie de responsabilidades que hay que cumplir durante toda su vida», explica Nacho Paunero, presidente de la asociación que salvó a la mascota.

Lo cierto es que no todos tienen la suerte de Curo. La actual situación económica ha provocado que muchas personas tengan que desprenderse de su mascota porque ya no pueden hacerse cargo de ella. Carolina Corral, presidenta de la Asociación para la Liberación y el Bienestar Animal (ALBA), alerta de que en los últimos cuatro años el número de animales que se quedan sin familia ha aumentado considerablemente: «Muchas personas se quedan sin casa y ya no pueden hacerse cargo de su animal. También están aquellos que debido a la crisis tienen que volver a su país de origen y no pueden llevar a su mascota con ellos».

Ahora, a los casos habituales –fallecimiento de los dueños o que la edad no les permita hacerse cargo– de animales que se quedan sin compañía, hay que sumarles estas nuevas causas. Desde la protectora alertan de que, en la actualidad, «el 60% de los casos son de gente que no puede hacerse cargo de sus mascotas por el gasto que suponen». Estos animales llegan hasta las protectoras y ellas son las encargadas de buscarles un nuevo dueño. La tarea parece fácil si el animal aún es joven. Sin embargo, si es anciano, muchas personas renuncian a su adopción. Jutta Grohall, encargada de la adopción a los animales de la asociación ALBA, considera que «la conciencia de acoger a animales está poco extendida en España». No ocurre lo mismo en Alemania, donde los ciudadanos adoptan y «no les importa que la mascota sea anciana, esté enferma o posea alguna invalidez». En este país existen muchos albergues para ellos y no hay perreras. Monika Benber, delegada de ALBA en Alemania, adoptó hace años a un husky siberiano que estuvo cinco años abandonado en las vías del tren de Fuencarral (Madrid). «Es una satisfacción enorme ver en tu hogar cómo la mascota vuelve a ser feliz», comenta emocionada Monika.

Las protectoras denuncian que la Administración pública no ayuda: «Cada vez son menos los fondos destinados a los organismos encargados de la recogida de animales en los diversos municipios». Ahora muchos de estos centros han pasado de ofrecer un servicio para la protección animal a ser perreras.