Veerabhadran Ramanathan: «Pensé que me iban a echar del Vaticano por no ser católico»

Veerabhadran Ramanathan. El científico que inspiró al Papa Francisco la encíclica ecológica recoge hoy el Premio Fundación BBVA de Cambio Climático

Veerabhadran Ramanathan
Veerabhadran Ramanathan

El científico que inspiró al Papa Francisco la encíclica ecológica recoge hoy el Premio Fundación BBVA de Cambio Climático

Veerabhadran Ramanathan demostró en 1975 que el CO2 no es el único gas de efecto invernadero. Añadió a la lista el metano, los CFC (que tenían los aerosoles) y los HFC (que los sustituyeron). Un hallazgo por el que hoy este climatólogo, que inspiró la encíclica del Papa, recogerá el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático.

–¿Cómo fue aquel encuentro con Francisco?

–Fue en mayo de 2014. Tras una reunión sobre sostenibilidad que ayudé a organizar con la Academia Pontificia de las Ciencias, tenía que informar al Papa. Había tenido reuniones similares con Benedicto y con Juan Pablo II en salas, pero esta vez estaba esperando en el aparcamiento de San Pedro con otros 50 académicos cuando llegó un coche pequeño. De él salió el Papa Francisco. Me asombré, era mi primera reunión con él y en ese momento entendí por qué le llaman el Papa del pueblo. Desafortunadamente, él estaba muy ocupado y me dijeron que tenía que hacerle un resumen en dos minutos. Le dije que todos estábamos preocupados por el cambio climático, un fenómeno que está causado por mil millones de personas, los más ricos de la Tierra, pero los más pobres, 3.000 millones, van a sufrir mucho más que los demás... Es un problema moral de la humanidad. Él escuchó con mucha atención y con esa sonrisa que tiene me dijo en español: ‘‘¿Qué puedo hacer yo?’’. Le dije que en sus discursos puede pedir a la gente que cuide de la naturaleza.

–¿Las reuniones con los dos papas anteriores no dieron los mismos frutos?

–Lo cierto es que Juan Pablo II me eligió como académico, pero en mis primeros cuatro años tenía tanto miedo de pedirle algo que no lo hice. El Papa Benedicto decidió organizar una reunión sobre glaciares en Europa. Pero Francisco se ha convertido en el Pontífice más popular de nuestros tiempos. Ha ido más allá del catolicismo, es un líder para todo el mundo, de ahí el impacto de la encíclica.

–Usted es hindú, no católico.

–Sí, recuerdo que cuando fui a la primera reunión en el Vaticano invitado por Juan Pablo II pensé «cuando se enteren de que no soy católico me van a echar». Luego me di cuenta, cuando el Papa Benedicto me convirtió en consejero, de que no importa la religión que uno profese en esta academia, sino la ciencia. En 15 años el cambio climático va a convertirse en un desastre de unos niveles muy importantes. Por eso también hablé con el Dalai Lama, porque necesitamos que los líderes de la fe hablen con el pueblo, tenemos que cambiar nuestro comportamiento hacia la naturaleza, hacia las personas.

–¿Qué le diría a Donald Trump, que ha negado en numerosas ocasiones el cambio climático?

–El cambio climático es una cuestión científica. Va a ser imposible ignorarlo, incluido al señor Trump, porque se está convirtiendo en un gran problema. Si acaba siendo presidente al principio podríamos ir un poco hacia atrás, pero al estar rodeado de asesores, acabaría cambiando.

–París fue todo un hito, pero ¿es suficiente?

–El Acuerdo es importante porque, por primera vez, todas las naciones han firmado un documento que fija estar muy por dejado de los 2ºC intentando no superar 1,5ºC. Tengo mi propia propuesta. Una es reducir CO2 y se tardarán 40-50 años para eliminar estas emisiones, otra medida que puede ayudar es fijarnos en los otros gases de efecto invernadero. Si reducimos esos gases podemos reducir a la mitad el calentamiento global. California ya lo ha hecho. Estoy muy confiado en que vamos a resolver este problema.

–El Acuerdo de París no supondrá un gran cambio para los más pobres y vulnerables.

–El compromiso en sí no es suficiente ni para proteger a los pobres ni a los ricos. El trabajo verdadero empieza ahora. El liderazgo tiene que venir de países desarrollados. Si América y Europa se unen y desarrollan la tecnología necesaria, ésta llegará a los países en vías de desarrollo. La fotovoltaica ya es más barata y España ha sido líder en solar los últimos años.

–Sí, aunque estamos a punto de caernos del Top Ten mundial. ¿Qué le diría al Gobierno español para convencerle de que no hay que perder este tren?

–En 25 años, por el cambio climático, se van a tener que prohibir combustibles fósiles, y España puede convertirse en un gran exportador de energía solar, como es hoy Arabia Saudí en petróleo, si invirtiera en sus científicos y técnicos.

–¿Qué hace para reducir su huella de carbono?

–Hace diez años di un discurso en la ONU y una estudiante de Etiopía me preguntó eso. Me quedé avergonzado. No tenía nada que decir. Gracias a esta pregunta, hoy mi casa funciona con energía solar, mi coche es eléctrico y he empezado un proyecto en India para darles energía limpia.

–¿Y el Papa y el Vaticano para que las iglesias sean más sostenibles?

–El Papa está haciendo lo que nadie más puede hacer: educar al pueblo sobre este problema. Respecto a las iglesias no lo sé, lo preguntaré.

–¿Qué pensó al leer «Laudato sí»?

–Es probablemente la mejor publicación que he visto relacionando el medio ambiente con la gente. Hay una afirmación fantástica que dice: «El grito de la tierra debe ser oído con el grito de los pobres».

–En 1975 descubrió que una tonelada de CFC atrapa tanto calor en la atmósfera como 10.000 ton de CO2. ¿En qué está inmerso?

–Estoy investigando cómo reducir los HFC, el metano y el hollín. En California se están utilizando tecnologías para reducir el hollín y he llevado científicos indios allí para ver si se puede trasladar esta tecnología a la India. Lidero un proyecto en la Universidad de Califonia, «Doblando la curva», cuyo objetivo es disminuir el ritmo de calentamiento siendo neutros en emisiones, con coches eléctricos, combustible de hidrógeno, solar, biomasa... Y por último, estoy inmerso en un proyecto cuyo objetivo es dar acceso a combustible limpio a 3.000 millones de pobres que hoy cocinan con leña y excrementos. Sólo con cerrar el horno y poner un ventilador solar se reducen en más de un 90% las emisiones de CO2 y otros contaminantes como el hollín, según las mediciones hechas.