Opinión

Neolengua

Las nuevas generaciones no conocen ni siquiera los títulos básicos de los clásicos, pero la neolengua la manejan cada vez mejor.

Llega el día más triste del año, el Blue Monday
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Abomino de la pedantería, algo que se da en las tertulias, en los artículos periodísticos y en todo foro donde algún engreído tiene voz para expresar su petulancia. Detesto también la neolengua, esa manera de hablar que ha dado en utilizar palabras rebuscadas, peculiares y hasta incultas.

Las formas y giros que está llegando a adquirir nuestro idioma no sé si se dan en otras hablas, pero la tolerancia actual de la Real Academia se cifra en asumir palabras como la incultísima «cocreta», que es la croqueta que siempre dijimos, hasta la pretensiosa «posverdad», que viene a ser no más cosa que la pura y dura manipulación. Y no hay más.

Cuando se nos habla de un «escenario» tenemos que traducir que se están refiriendo a una situación, y cuando emplean el tan sobado «bueno no, lo siguiente», están aludiendo al superlativo buenísimo, pero se ha puesto de moda hablar y escribir así, estropeando el idioma, dañando la armonía de nuestra forma de expresar y reduciendo nuestro vocabulario a una serie de voces modernas que, francamente, no tengo ni idea de por qué las tolera la institución creada para «limpiar, brillar y dar esplendor» a nuestra lengua.

Los políticos, que son profundamente analfabetos y dudo mucho que algunos de ellos tengan sus mínimas lecturas hechas, son culpables. La televisión y la radio, que deberían ser vehículos de transmisión culta, también. Y los articulistas, entre los cuales no puedo dejar de incluirme, metemos patas y agredimos el idioma de igual forma. Las nuevas generaciones no conocen ni siquiera los títulos básicos de los clásicos, pero la neolengua la manejan cada vez mejor. Difícilmente esto pueda tener vuelta atrás y volvamos a un mínimo conocimiento de lo que es cultura. Es mi actitud pesimista expresada en el «blue monday», otro invento mamarracho que hemos incluido en nuestro vivir.