Niños y perros, una convivencia beneficiosa

La relación entre ambos fomenta su responsalibidad, ayuda en su crecimiento y eleva la autoestima.

Casi en la mitad de los hogares españoles (49,3%) convive una mascota, llegando a sobrepasar la cifra de los 16 millones y, de ellos un total de 5,4 son perros censados, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC). Sólo en la Comunidad de Madrid la cifra asciende a 270.281 canes. De acuerdo con la misma entidad, esta cifra ha aumentado considerablemente en los últimos diez años, aunque en la actualidad sigue siendo menor que en el resto de países desarrollados de la Unión Europea.

El perro es, sin duda, el animal preferido de los niños y desde temprana edad comienzan a reclamarlo a sus progenitores. Del mismo modo, muchos son los padres que deciden adquirirlos porque conlleva beneficios para toda la familia, aunque también genera nuevas obligaciones para sus miembros.

La mayor parte de los niños se decanta por el perro como el mejor animal de compañía que puede tener por el carácter fiel y sociable que poseen los canes, ansiosos buscadores de compañía humana y eternos compañeros de juegos para los menores. Tanto si la decisión sale de los propios padres como si, por el contrario, es el niño el que insistentemente pide el cachorro, se debe tener en cuenta que el hecho de incorporar un miembro más en la familia puede suponer, a primera vista, una gran ventaja en la relación entre padres e hijos para ayudar a que ésta se fortalezca, enseñando al niño que debe ser responsable y educándole a la vez que disfruta creciendo.

«Es bueno que el niño conviva con el perro desde el primer momento. Siempre va a tener ventajas, en cualquier etapa», apunta Marta Pérez Seco, directora del Centro Minimi de Atención Integral Infantil y a la Mujer. «Son muchos los beneficios. Empezando por la autoestima y acabando por los efectos fisiológicos que se producen, por ejemplo, cuando un niño abraza a un perro», añade Amparo Fortea, psicóloga canina y docente de CIM Centro de Formación.

«En cuanto a lo afectivo-emocional, hay estudios que confirman que en los entornos familiares donde se convive con un perro, los niños desarrollan más la empatía. La mascota se convierte en un compañero con el que el niño establece un vínculo. Aprende desde pequeñito a respetar, a cuidar, y a responsabilizarse de su mascota», agrega Pérez Seco.

De igual forma, fomentan la responsabilidad, ayudando al desarrollo psicológico y emocional, mejorando además la actividad física, como algunas de las ventajas que a primera vista pueden surgir del contacto. Entre los demás beneficios que sobresalen se pueden distinguir los que ayudan al desarrollo cognitivo, socioemocional y los que afectan directamente a la salud. Asimismo, supone para el niño una fuente de distracción, de juego y le ayuda a aumentar la capacidad de desarrollo en el mundo social. Ayuda a mejorar el ánimo y a potenciar su percepción de la realidad. Tener un animal en casa es mucho más que un juguete.

«Es un incentivo estupendo a nivel psicomotor: durante el juego, proporciona estímulos continuamente y situaciones en las que el niño puede interactuar. Se debe atender a la sensibilidad especial de los perros, «lo que hace que actúen siempre con más cuidado con los niños, anticipando situaciones». También ayudan en la vida cotidiana donde «los pequeños pueden aprender, como un juego, a peinarle, darle de comer, lavarle, sacarle a pasear... Todo eso es una forma preciosa de trabajar la independencia, el autoestima y la autoconfianza», expone la terapeuta Pérez Seco.

«Gracias a la mascota, el niño va a crecer con una serie de habilidades que le van a valer el día de mañana», concluyó Emma Martín, psicóloga infantil y experta en terapia de conducta en el Centro Minimi.