«No vi la máquina, tenía que haberme matado»

El conductor del microbús accidentado en Badajoz se contradijo en varias ocasiones en su declaración

Juan Gómez Barquero estaba postrado en una cama del Hospital de Don Benito, en Badajoz, cuando los médicos autorizaron a la Guardia Civil a interrogarle. Eran las cuatro y cuarenta y tres minutos de la madrugada. Ocho horas antes el autobús que él conducía se había chocado contra una retroexcavadora: cinco menores de edad murieron, dos resultaron gravemente heridos y otros once de forma leve. Los investigadores necesitaban conocer su testimonio, su relato de los hechos. Lo encontraron abatido, con la voz levemente ronca y los ojos llorosos. Le preguntaron con educación si tenía fuerzas para prestar declaración. «Sí, señor», respondió. El guardia que llevaba la voz cantante le pidió que les contase con sus palabras lo ocurrido. Juan comenzó a hablar. En una silla, apoyándose sobre una carpeta dura, otro agente con letra redonda y pulcra tomaba nota de las preguntas de su compañero y de las respuestas del conductor.

«Veníamos bajando de Castuera para Monterrubio y he visto la máquina retro. Iba sobre 80 km/h. Entonces cuando se ha acabado la línea continua he comenzado a adelantar, he puesto los intermitentes, he tocado la bocina y he cambiado de carril, y cuando estaba al lado ha girado y me ha golpeado. Chocó la parte delantera derecha del autobús con la barra que llevaba el cazo delantero. Dio en el ángulo de la luna del autobús», explicó el conductor. Hablaba despacio. ¿Evocaba el recuerdo, pensaba lo que decía o simplemente facilitaba el trabajo del agente que tomaba nota de todo? En sus siguientes respuestas denunció que el vehículo especial (se refiere a la retroexcavadora) no puso el intermitente para girar a la izquierda, ni llevaba las luces encendidas, ni los rotativos especiales que obligatoriamente deben portar los vehículos lentos. Tampoco recuerda exactamente por qué parte de la calzada circulaba la retroexcavadora. «Creo», apuntó Juan «que arrimada a la izquierda, porque giró y no me dio tiempo a frenar», relató en su declaración cuyo contenido desveló por primera vez el programa «Espejo Público» de Antena 3. Una duda que rechina a tenor de la seguridad que mostró después al ofrecer otros datos.

El conductor del autobús describe que antes de adelantar avisó de todas las formas posibles al conductor del otro vehículo. Tocó el claxon, dio las «largas» y pisó el acelerador. Sin embargo, hasta cinco niños que han prestado declaración niegan haber escuchado la bocina. Y eso que según el entrenador que viajaba en el autobús, poco antes del impacto los chavales iban bastante más calmados. Es decir, no había un ruido elevado que impidiera que escucharan el claxon del autobús.

El interrogador avanzaba suavemente en la consecución de los datos. Tenía un relato general y breve. Por eso, insistió en pedir detalles. Juan, parco en palabras, sólo se extendió más cuando recordó los momentos posteriores al accidente. «Cuando salí, vi a un señor que venía de Monterrubio. El coche venía muy lejos porque lo vi. Saqué a mi vecino, iba en el lado derecho. No podía moverse. Saqué a dos niños y después perdí la visión», culminó, aunque de repente se acordó de Fernando, el conductor de la retroexcavadora: «Cuando salí, vi que el señor se llevó la máquina a una nave. Y se lo dije, que no tenía que haberla movido, porque podía haber hecho falta. Podía haber un niño debajo del autobús. Tenía que haber socorrido a los niños. Él decía que había puesto los intermitentes y yo le dije que no, y que había muchos testigos. Este señor no ha mirado hacia atrás».

A los guardias civiles, más que la actitud posterior, les interesaban los datos del choque. Acabaron averiguando que, según la versión del conductor del autobús, circuló detrás de la excavadora unos 40 metros antes de adelantar porque había línea continua. Las velocidades no cuadraban. No podía circular a 80 km/h como empezó declarando y seguir durante esos metros al vehículo especial porque éste no supera los 30 km/h. La contradicción es evidente. Además, si fue como dice, ¿cómo es posible que no recuerde por qué lado de la calzada circulaba el vehículo especial? Sin embargo, lo que más ha llamado la atención es la declaración de dos testigos, uno que presenció el accidente y otro de referencia. El primero repite una y otra vez que Juan Gómez Barquero, el conductor del autobús, exclamó justo después del accidente: «No la he visto, no la he visto. No he visto la máquina. Tenía que haberme matado yo». Entonces, ¿vio o no a la retroexcavadora?, ¿por qué ese complejo de culpa? Son preguntas a las que deberá responder este mismo viernes en los juzgados. La jueza instructora lo ha llamado a declarar. Con los datos recabados por los investigadores hasta ahora hay quien incluso apunta a la posibilidad de que Juan, al terminar su declaración, salga con alguna imputación formal. Si es la misma que la de Fernando y la magistrada considera que el accidente fue una concatenación de hechos y que las responsabilidades pueden estar divididas, cabe incluso, que desde un punto de vista de igualdad jurídica, lo envíe a prisión o, por el contrario, decrete la libertad del conductor de la retroexcavadora, que está desde el primer día en la cárcel.