¿Por qué los días son más largos? La culpa la tiene la Luna

Hace 1.400 millones de años, los días duraban 18 horas. La clave: la distancia entre la Tierra y su satélite no son tan regulares como se creía.

Hace 1.400 millones de años, los días duraban 18 horas. La clave: la distancia entre la Tierra y su satélite no son tan regulares como se creía.

Tener más horas en el día podría ser una bendición o un suplicio. Depende de los días y sus afanes. Pero parece inevitable. Y es que los días terrestres se hacen cada vez más largos.

Eso parece desprenderse de un estudio publicado ayer que ha indagado en las raíces profundas de la relación entre nuestro planeta y la Luna para descubrir que es ella, nuestro satélite natural, la responsable de que los días se hagan inexorablemente más largos. De hecho, hace 1.400 millones de años, un día terrestre solo duraba 18 horas.

Científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison han utilizado las últimas herramientas de astrocronología para reconstruir la relación entre objetos astronómicos en diferentes momentos de la evolución del Sistema Solar. Gracias a estos estudios se puede analizar la estructura de rocas de hace miles de millones de años y deducir de ellas las condiciones que se vivieron entonces.

Sabemos que el movimiento de la Tierra en el espacio se ve afectado por la influencia gravitacional de otros cuerpos más cercanos o más lejanos. Los dos movimientos más conocidos de nuestro planeta son su órbita alrededor del Sol, que marca el devenir de los años, y la rotación sobre su propio eje, que determina el ritmo de los días. Aunque hay otros movimientos también cíclicos y a los que los ciudadanos de a pie prestamos menos atención. Por ejemplo, el eje de la Tierra no es una línea recta inmutable. Mientras el planeta gira, el eje cabecea o se bambolea al modo que hace la cabeza de una peonza al tirarla al suelo. Ese cabeceo es lento y puede completarse en ciclos muy lagos, de hasta docenas de miles de años. N. ¿o los percibimos pero, sin duda, tienen un efecto determinante sobre la distribución de la radiación solar sobre la superficie y por ende, sobre el clima. Los ciclos en cuestión pueden provocar variaciones de clima que tienen lugar cada cientos de millones de años.

Pero yendo más lejos en el tiempo, los científicos de Wisconsin han buscado ciclos que pueden afectar cada miles de millones de años. No es fácil llegar tan lejos. Los estudios de radioisótopos que se encuentran en las rocas se hacen menos fiables cuanto más nos alejamos en el tiempo.

Más complicado resulta el estudio si se tiene en cuenta que el Sistema Solar es un pequeño caos donde se producen infinidad de variaciones en los movimientos e interrelaciones de cada uno de los cuerpos que lo habitan (planetas, asteroides, satéilites...) Es una especie de patio de colegio con miles de niños jugueteando sin control: parece imposible detectar algún patrón fijo en sus movimientos. Pero lo hay y, bien observado, lo que hace cada niño parece influir en el comportamiento de todos los demás.

Los expertos han querido desentrañas ese caos del Sistema Solar. Aun así se han encontrado con algunas paradojas. Por ejemplo, hoy se sabe que la Luna se separa de nosotros a razón de 3,82 centímetros al año. Extrapolando este dato, hace 1.500 millones de años la Luna debería haber estado tan cerca de nosotros que la propia fuerza de gravedad de la Tierra la habría expulsado de nuestras cercanías. Pero sabemos que eso no ocurrió, de hecho la Luna lleva a nuestro lado cerca de 4.500 millones de años.

Utilizando programas estadísticos muy potentes en los que han introducido datos de la configuración de las rocas extraídas de dos yacimientos muy antiguos (uno en China de más de 1.000 millones de años y otro en el océano Atlántico de más de 55 millones de años) han podido analizar los cambios en el movimiento del eje de la Tierra durante este tiempo.

Gracias a ello se ha detectado que el movimiento de la Tierra pasa por fases más elípticas y más circulares en periodos de 405.000 años entre fase y fase y que la rotación de la Tierra varía también de ritmo en ciclos de 450 millones de años.

Estos ciclos también intervienen en la relación entre Tierra y Luna hasta el punto de que las distancias entre ambos cuerpos no son tan regulares como se creía. De hecho, los cálculos han demostrado que hace 1.400 millones de años la cercanía de la Luna afectaba a la rotación terrestre y condicionaba la velocidad de la misma. La Tierra giraba más deprisa: una vez cada 18 horas. Los días medían entonces seis horas menos que ahora y, desde esa era, no han dejado de alargarse. ¿Lo harán para siempre? Es probable que no. Dentro de millones de años quizás el ciclo se invierta y en ese momento los días se vuelvan a acortar... más vale que los aprovechemos.