¿Puede un móvil causar cáncer? Para un juez sí, pero no para los científicos

La relación directa entre su uso y los tumores jamás se ha confirmado. Pero un tribunal italiano da la espalda a las evidencias y obliga a una compañía a indemnizar a un trabajador al considerar que desarrolló la enfermedad por las cuatro horas al día que utilizaba el teléfono

La oms incluye el móvil como «posible agente carcinógeno», como el talco
La oms incluye el móvil como «posible agente carcinógeno», como el talco

La relación directa entre su uso y los tumores jamás se ha confirmado. Pero un tribunal italiano da la espalda a las evidencias y obliga a una compañía a indemnizar a un trabajador al considerar que desarrolló la enfermedad por las cuatro horas al día que utilizaba el teléfono

Roberto Romeo, italiano de 57 años, tiene cáncer. No ha trascendido qué tipo de cáncer padece aunque se sabe que lo tiene en el cerebro. Hasta aquí, nada excepcional. Roberto es una de las muchas personas que desarrolla un tumor cerebral a la mitad de su vida. Sin embargo, la peripecia de este ejecutivo de la compañía de comunicaciones Telecom Italia ha dado la vuelta al mundo. Y es que se trata de la primera persona de la historia a la que un juez declara enfermo de cáncer por el uso excesivo del teléfono móvil. Anteriores decisiones similares no terminaron siendo firmes.

Un tribunal de la localidad piamontesa de Iverea ha establecido una indemnización de 535 euros al mes para Romeo, al considerar probado que el uso excesivo de su celular para trabajar es el causante de la enfermedad por la que ha perdido el 23 por ciento de la movilidad normal de su cuerpo. La compañía de seguros que cubre los accidentes laborales en Telecom Italia se hará cargo de los gastos. Es decir, Roberto Romeo ha sido considerado víctima de un peculiar accidente laboral: hablar demasiado por teléfono móvil. En concreto, este hombre aseguró que utilizaba su dispositivo entre tres y cuatro horas diarias durante los últimos 15 años de su vida.

Lo más sorprendente de esta decisión es que los jueces han dictado sentencia a espaldas de la evidencia científica, han decidido determinar una relación directa entre el uso del teléfono y el cáncer que jamás ha sido confirmada por la ciencia. ¿Qué ha pasado?

Aunque no se ha querido dar una explicación exacta del tipo de tumor que padece Roberto, todos los datos parecen indicar que puede tratarse de un neuroma acústico, un cáncer de crecimiento lento que afecta al nervio que conecta al oído con el cerebro. Este nervio es conocido como «vestibulococlear» y los tumores que lo dañan suelen ser benignos.

En este caso, Roberto Romeo desarrolló el neuroma en el oído que usa generalmente para escuchar el teléfono móvil, en su caso, el derecho. ¿Es esto un indicio de relación causa-efecto? A decir verdad, no. Los neuromas suelen desarrollarse solo en un oído. Es decir, existe un 50 por ciento de posibilidades de que la enfermedad coincida por mero azar con el lado de cerebro en el que apoyamos el móvil.

La sentencia italiana ha recogido algunos estudios anteriores en los que supuestamente se relaciona el contacto con la radiación de ondas de radio que emite el móvil y la aparición de ciertos cánceres. Uno de ellos, realizado por los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, expuso a 2.500 ratas a radiación de este tipo nueve horas al día durante dos años. Tras esa exposición (evidentemente muy superior a la que cualquiera de nosotros se puede enfrentar en la vida diaria) se detectó un ligerísimo aumento del riesgo de cáncer de cerebro en ratas macho.

Este tipo de trabajos ha sido rebatido en innumerables ocasiones. Pero el tribunal italiano no ha aceptado como prueba los estudios que contradicen la investigación con ratas antes mencionada. ¿La razón? Algunos de esos trabajos exculpatorios del móvil han sido sufragados por compañías telefónicas.

Sin embargo, existe un numeroso cuerpo de investigaciones independientes que han demostrado una y otra vez que la radiofrecuencia a la que emiten los teléfonos móviles no es dañina para la salud. En 2015, por ejemplo, la Comisión Europea publicó el magno informe sobre «Riesgos potenciales de la exposición a campos electromagnéticos». Tras revisar todos los estudios realizados hasta la fecha, el organismo fue claro en su decisión. «La epidemiología actual no permite relacionar el uso de teléfono móvil con el aumento del riesgo de cáncer cerebral». No obstante, leyendo a fondo sus conclusiones finales aparece una pequeña puerta abierta a la duda. «Algunos estudios proponen cierto riesgo de aparición de gliomas y neuromas acústicos entre las personas que usan en exceso el teléfono. Parece probado mediante investigaciones de cohorte que no hay relación alguna con el aumento de gliomas, pero la posibilidad de que exista alguna conexión con el neuroma acústico es más debatible». A este «clavo ardiendo» se han agarrado los abogados de Romeo para lograr una indemnización para su cliente.

Es importante reseñar que la sentencia italiana en ningún caso supone un aval científico. Los jueces sólo pueden determinar si una persona ha sufrido un accidente laboral y si los efectos incapacitantes de ese accidente son merecedores de una indemnización. Determinar las causas físicas reales del mal sólo le corresponde a la ciencia. Aún así, la decisión judicial se ha convertido ya en histórica (es la primera vez que un juez da la razón a los defensores del riesgo que supone usar el celular).

Causa y efecto

La Organización Mundial de la Salud (OMS), esa institución que hace poco nos asustó con el consumo de carne roja, que fue incapaz de prever el brote global de ébola y que retiró el insecticida DDT de la lucha contra la malaria para desdecirse décadas después, situó al móvil en 2011 en la lista de «posibles agentes carcinogénicos» en la categoría 2B. En esta categoría también están el uso de talco o el tóner de las impresoras. El dato no es muy relevante. La propia OMS reconoce que el riesgo del móvil sólo se entiende en usuarios que hablan horas y horas cada día. Y que no se conocen realmente las causas físicas que pueden inducir a la enfermedad. De hecho, si la relación fuese tal como se propone tendríamos que estar viviendo una auténtica epidemia global de cánceres cerebrales. En 2015, el número de móviles en el planeta alcanzó los 7.900 millones. Eso quiere decir que, estadísticamente, el 97 por ciento de la población mundial podría tener un aparato. Sólo cuatro regiones en el mundo tienen una penetración móvil menor del cien por cien. En España, hay más móviles que habitantes. El uso de smartphones se ha multiplicó por ocho de 2009 a 2015. Sin embargo, la incidencia del neuroma acústico apenas ha variado. Datos epidemiológicos europeos confirman que este tipo de tumor solo ha experimentado un pequeño repunte en la última década atribuible a la mejora de las pruebas diagnósticas y no a un aumento real de los casos.