Qué deberán saber sus hijos para enfrentarse a los robots

Un reciente estudio concluye que por cada robot se pierden seis puestos de trabajo en menos de una generación. Éstas son algunas de las herramientas para evitar ir al INEM.

Un reciente estudio concluye que por cada robot se pierden seis puestos de trabajo en menos de una generación. Éstas son algunas de las herramientas para evitar ir al INEM.

La Agencia Nacional de Investigación Económica de EE UU (NBR) ha recopilado estadísticas del ámbito laboral entre 1990 y 2007 que señalan que la automatización, la introducción de robots como fuerza laboral, ha hecho perder 6,2 puestos de trabajo. A estas cifras se les suma una reducción de entre el 0,5 y el 2,5% en los salarios de los empleados cuando se suman androides. Y eso teniendo en cuenta que el lapso estudiado no contempla el crecimiento del mercado: desde 2005, según la Federación Internacional de Robótica, el número de robots se ha triplicado y el promedio global es de 100 autómatas por cada 10.000 trabajadores. Sí, hay un robot cada 100 empleados ahora mismo. Y la brecha se reducirá.

El estudio es uno más entre decenas que están alertando de este efecto de «llamada robot». La reconocida consultora PwC predice la pérdida de un 30% de los empleos a manos de los androides. Durante mucho tiempo hemos subestimados lo que significan los autómatas en cuanto a la fuerza laboral. Los robots no son sólo aquellas máquinas que trabajan en la industria pesada, ni siquiera esos simpáticos entes que circulan por la casa limpiando o los más humanoides que hacen de recepcionistas en ferias de tecnología. Ni siquiera los que colaboran en la fabricación de todos ellos. Robot son también los que han «contratado» firmas legales para buscar entre sentencias y aligerar tareas legales, son los que nos atienden en las grandes compañías para decidir con quien nos comunican y, sin duda, son los que están en nuestro hogar determinando qué música nos puede gustar, qué comida o viajes sugerirnos según nuestras búsquedas en la red. Están más presentes de lo que podemos considerar en primera instancia. ¿Cómo evitar perder frente a ellos si nunca se enferman, no toman vacaciones y pueden trabajar 24 horas seguidas? La respuesta es conociéndolos.

La realidad es que los robots son tan buenos para ciertos empleos porque son capaces de seguir instrucciones sin salirse de ellas. Son valorados porque no preguntan ni se hacen preguntas, ni leen entre líneas. Y por ello mismo hay tareas que no pueden llevar a cabo, al menos por ahora. Los robots no tienen curiosidad, nuevamente: al menos por ahora. Y aquí es donde hay que apuntar para intentar salvar el obstáculo de las estadísticas.

Codificar

El software es el lenguaje del futuro. Se encuentra en todas partes y es el ADN de los autómatas. Gracias a él los robots «piensan» y son capaces de desarrollar todas las tareas para las cuales se les ha programado. Pero, para aprender cualquier lenguaje se precisa una gramática que permita la comunicación y eso es la codificación. Si el software es la genética, la codificación de los robots es lo que permite su evolución.

Psicotecnología

Sí, aún no existe, pero falta un suspiro para que se desarrolle una disciplina que unifique el lenguaje de programación de los robots con la personalidad necesaria para que los aceptemos en nuestra vida diaria. Se pronostica que los androides tratarán con las personas mayores, ayudarán en los quirófanos o ejercerán como maestros, pero para ello precisarán de diferentes características acordes con su función. Tan importante es este aspecto que Google ha patentado, aunque suene increíble, la personalidad robótica. Cualquier duda, en el número de patente: US Patent 8.996.429.

Intérprete digital

Ser políglota ya no sólo significa hablar inglés, francés, chino o bahasa (lengua de Indonesia). En la actualidad, los «traductores» más valorados hablan Java, Python, Ruby, PHP o Swift, entre otros, todos ellos lenguajes de programación. Si más de 200 años atrás Jean-François Champollion logró el reconocimiento mundial por descubrir e interpretar la piedra Rosetta, que permitió comprender la escritura jeroglífica, quien consiga reunir en un solo idioma todos los lenguajes de programación, cambiará el futuro de la tecnología.

Tecnoética

Recientemente se especuló con la idea de que quienes contraten robots en sus fábricas, deberían pagar impuestos. En un reciente estudio publicado en «Science», Pierre-Alexis Mouthuy y Andrew Carr aseguran que los futuros robots llevarán órganos humanos, obtenidos de nuestras propias células madre por si fuera necesario realizar un trasplante. Serán, en pocas palabras, granjas de órganos. Al mismo tiempo, expertos del Reasoning Lab (Rair) de Nueva York, experimentaron con tres robots Nao que mostraron una fracción de lo que se podría considerar conciencia de sí mismos. ¿Qué ocurrirá cuando lleven nuestros órganos y sepan que lo hacen? ¿O si deciden que su forma de protegernos es encerrarnos parar evitar que dañemos el planeta? El experto en tecnoética deberá ser quien haga de enlace entre los robots y los humanos.

Implantes

El paso siguiente a los androides será una quimera entre ellos y los humanos. Llevaremos implantes que nos harán más inteligentes, rápidos, longevos y podremos volcar, como propone Elon Musk, nuestro conocimiento en ordenadores. Los expertos que nos lleven a este sitio deberán tener un alto dominio de neurociencias, programación, fisiología y diseño.

Imaginación

Ésta es, probablemente, la tecnología más importante para enfrentarnos al futuro robótico. Si pensamos, como asegura la RAE, que una tecnología es el conjunto de los instrumentos y procedimientos de un determinado sector, la imaginación podría considerarse una tecnología. Los guionistas de los futuros videojuegos, los que diseñen el futuro del transporte, evalúen nuevas técnicas de cosecha o desarrollen nuevas opciones contra la sequía..., lo harán sin seguir instrucciones predeterminadas. La imaginación aún no se enseña en las escuelas, pero es imprescindible para el avance y si no fuera por ella, sí seríamos robots. Quizás comienza a ser hora de incluir esta tecnología en el currículum vitae.

Ingenieros de Nubes

No estamos hablando de diseñadores de cúmulos, sino de expertos en tecnología para volcar el cada vez mayor caudal de información y datos en la Nube. A medida que cada vez se sumen más y haya más dispositivos conectados a la red y entre sí, que la contaminación nos obligue a crear ordenadores potentes sin necesidad de metales pesados, la Nube puede convertirse en una suerte de disco duro universal y no sólo en un cajón de sastre.

Drones

Lo que ha comenzado como un entretenimiento se ha convertido en un deporte y ahora ya es utilizado como recurso de hospitales, herramienta para catástrofes y emergencias y algunos lo quieren convertir incluso en un medio de transporte individual. Los drones tienen un enorme potencial y algo que la NASA ya ha alertado, es que en breve necesitará drones para la exploración espacial con una particularidad que los actuales no tienen: poder «volar» en un entorno de gravedad cero, donde no hay referencias claras de arriba y abajo. El sistema de navegación de estas naves será algo que todavía se desconoce.

Conectividad

Amazon y Facebook quieren llevar internet a todo el mundo, a través de cables o globos. Quienes consigan conectar el planeta lo harán no sólo gracias a un amplio conocimiento de tecnología 5G (o 6G ), sino también topografía, ingeniería de antenas y una enorme fuente de recursos para construir autopistas por las que sólo transitarán datos, pero que están limitados por los mismos obstáculos que el resto de las autovías.

Tecnología alimentaria

Es una realidad, por un lado cada vez seremos más personas viviendo en áreas urbanas y por otro, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha señalado recientemente que casi un tercio de los alimentos producidos se echa a perder y termina en la basura. No sólo será necesario crear alternativas a la producción (¿granjas flotantes?), también se precisan métodos más eficientes para señalar la caducidad de un producto, algo como Bump Mark: una etiqueta/sensor desarrollada inicialmente para personas ciegas, cuyo tacto se vuelve más y más rugoso a medida que el alimento pierde calidad.

Expertos en baterías

Si bien desde los años 80, los microchips se han vuelto 10.000 veces más potentes, las baterías apenas han incrementado su durabilidad y rendimiento. Y por si fuera poco son nocivas para el medio ambiente. Es necesario crear nuevas alternativas, más verdes y con mejores prestaciones si queremos hacer frente al ingente número de sensores que precisarán conectarse y a nuestra cada vez mayor necesidad de portabilidad.