Resuelto el misterio del orgasmo femenino

Científicos de Yale apuntan a la ovulación como origen del clímax sexual de la mujer, que ayudaba a la reproducción

Escena de «Cuando Harry encontró a Sally» en la que Meg Ryan simula un orgasmo
Escena de «Cuando Harry encontró a Sally» en la que Meg Ryan simula un orgasmo

Científicos de Yale apuntan a la ovulación como origen del clímax sexual de la mujer, que ayudaba a la reproducción

El orgasmo femenino es uno de esos «misterios» de la biología humana sobre el que, cada poco tiempo, sale una nueva teoría que intenta explicar el porqué de su existencia. Los últimos en intentar encontrar ese origen primigenio son un grupo de científicos de la Universidad de Yale que han realizado un estudio en diferentes mamíferos para poder comprender cuál era su verdadero rol. Así, han llegado a la conclusión de que la ovulación está detrás del orgasmo femenino.

Como no existe una relación directa entre el orgasmo y el éxito reproductivo en humanos, los científicos, que han publicado su artículo en la revista «JEZ-Molecular and Develpmental Evolution», se centraron en el rasgo fisiológico que acompaña el orgasmo femenino humano -–la descarga neuroendocrina de dos hormonas, la prolactina y la oxitocina– y buscó esta actividad en la placenta de otros mamíferos. Así determinaron que en muchos mamíferos este reflejo juega un papel primordial en la ovulación. A pesar de la enorme diversidad de la biología reproductiva de mamíferos, algunas características básicas se pueden remontar a lo largo de la evolución de mamíferos, según indican los investigadores. El ciclo ovárico de las mujeres, por ejemplo, no depende de la actividad sexual, pero en otras especies de mamíferos, la ovulación es inducida por los machos.

Con todo, los análisis de los científicos muestran que la ovulación inducida por los machos evolucionó primero y la ovulación espontánea o cíclica es un rasgo derivado que se desarrolló más tarde. Así, estos expertos sugieren que el orgasmo femenino puede haber evolucionado como una adaptación para un papel en la reproducción directa; el reflejo de esto, ancestralmente, indujo la ovulación, pero este reflejo se hizo superfluo para la reproducción más tarde en la evolución, relegando el orgasmo femenino a papeles secundarios. Al que tiene ahora mismo, que es el del placer.

Marina Castro, sexóloga especializada en terapias de pareja, desconfía un poco de todas estas teorías porque «no tenemos una mujer de hace miles de años a la que podamos analizar para poder explicar el origen del orgasmo. Desde tiempos de Aristóteles ya se teorizaba sobre ello». Pero lo que tiene claro esta experta es que «cuanto más evolucionado es el animal, más importante es el placer para facilitar la procreación». Y es que tiene muy clara una cosa: «Si el sexo no diera placer, existiría un problema de procreación».

Otra de las aportaciones de este nuevo estudio es que ha confirmado que el clítoris no siempre ocupó el lugar que tiene ahora. En el momento en el que nos convertimos en mamíferos bípedos, el lugar de este órgano sexual pasó a ubicarse antes de la uretra y el ano, mientras que en otros mamíferos no se modificó y se mantuvo dentro del canal vaginal.

Para Castro, la clave para conocer mejor la sexualidad femenina no está tanto en la bilogía de la mujer, sino en «conocer mejor los mecanismos cerebrales de ésta». Y es que «las mujeres que acuden a consulta, en la mayoría de los casos no es que tengan problemas fisiológicos, sino que no son capaces de concentrarse en buscar el placer sexual. Son mujeres anorgásmicas», explica Castro. Puede sorprender pero para abordar el problema en muchas ocasiones, «sólo es necesaria una buena estimulación por parte de la pareja», afirma Castro.

El placer sexual en el cerebro

Un estudio publicado en el «Journal of Sexual Medicine» explica qué partes del cerebro se estimulan cuando una mujer se excita. Una decena de mujeres se autoestimularon el cérvix, el clítoris, la vagina y los pezones mientras las analizaba un escáner. Las imágenes cerebrales revelaron que durante el orgasmo se producía un aumento en zonas diferentes de la corteza sensorial en los tres primeros casos, pero al estimular los pezones también se activaron áreas del tórax.