Toñi Moreno: «Mi padre supo que se moría porque la perra no se despegaba de él»

La presentadora nunca quiso tener perro, pero Lupita la eligió como nueva dueña y ahora disfruta de ella

«Nunca he querido tener perros porque estoy todo el día grabando y no paro en casa, pero al final tengo a Lupita (como la canción), que es la herencia involuntaria que me dejó mi padre. Cuando él murió, ella me eligió a mí, y ahora soy ama a tiempo parcial», resume la presentadora. «En una casa de 50 metros cuadrados siempre hemos vivido mis padres, mi hermana –animalista total–, una servidora... ¡y un perro! Mi padre los adoraba. Lo curioso de Lupita es que tenía una sintonía total con él. Hasta tal punto de que yo me dediqué a cuidar a mi padre el último tramo de su enfermedad y aunque intentábamos mentirle diciéndole que saldría del bache, un día me miró y me dijo: “Todos me mentís menos la perra. ¿No véis que no se mueve ni de día ni de noche de mi lado?”». Con un nudo en la garganta prosigue: «Y era verdad. Lupita estaba día y noche con él. Incluso cuando venía el médico no movía ni el rabo. Y eso que es un perro chiquitito de esos con muy mala uva y siempre está ladrando. Estuvo hasta que se marchó. Fue increíble». Cuando su padre falleció, Toñi empezó a hacer lo que hacía él con ella: «Darle de comer, pasearla... y un día me di cuenta de que me había elegido. Fue ella la que dijo: tú vas a ser ahora mi dueña. Y aquí me ves... Yo, que nunca quise esa responsabilidad, ahora tengo perro. De lunes a jueves está con mi madre, pero cuando bajo a Sanlúcar es “toíta” responsabilidad mía. Ella sabrá por qué ha querido que sea así», resume mientras relata las fiestas, los saltos y las zalamerías que le hace Lupita cada vez que la ve entrar por la puerta. «Como ama reconozco que soy lo peor, hago todo lo que no se debe hacer: le permito que haga lo que quiera, le doy de comer todo lo que me pide. Sé que no tendría que hacerlo, pero me pasa como con los niños: no les puedo negar nada... ¿Ve por qué no quería tener perro? (risas)... Pero en este caso es inevitable. Mi padre la quiso tanto que no puedo por menos que quererla yo también». Estamos en un parón del rodaje de «Mujeres y Hombres y Viceversa» y camina lentamente por los pasillos de la tele con sus eternas zapatillas. «No es por moda, es que tengo los pies mal». Al principio le extrañó que le propusieran un programa de estas características, «¡A mí, con lo antigua que soy! (risas), pero ahora me lo estoy pasando en grande, siento que estoy rejuveneciendo y los compañeros, tronistas y pretendientes me lo están haciendo muy fácil. ¿Qué más puedo pedir?... Bueno, sí, entrevistar algún día a Doña Sofía. Por pedir, que no quede».