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Una familia ata con una cadena a un niño de 11 años con problemas mentales

Zili busca entre la basura de un patio cercano a su casa, ante la atenta mirada de su abuelo
Zili busca entre la basura de un patio cercano a su casa, ante la atenta mirada de su abuelo

Zili tiene once años y ya se ha acostumbrado a vivir encadenado como un perro. La única libertad de este niño de la china rural es la que le permiten los tres metros de cadena atadas a su tobillo. La familia, que no quiso identificarse, explica que se vio obligada a atarlo porque cuando tenía un año recibió un golpe en la cabeza que le provocó trastornos mentales y agresividad. Zili vive en la provincia de Zhejiang, con su abuelo, que tiene una discapacidad física, y con su padre, discapacitado intelectual, responsables únicos de sus cuidados después de que la madre muriera de cáncer. El niño intenta hacer todo lo que realizan los niños de su edad, pero no puede. Su movilidad está limitada por la cadena, que sus familiares alargan o acortan en función de la situación. Debido a las limitaciones de sus familiares, el pequeño se ve obligado a pasar largos periodos de tiempo atado a las paredes de la casa. La salud mental es un grave problema para las autoridades. China ha sido criticada desde hace tiempo por no contar con una ley de salud mental, ya que no ofrecía a las personas el derecho a una revisión independiente de su estado de salud mental. La falta de una ley desobedecía la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, un tratado de la ONU, ratificado por China en 2008, según un informe publicado el pasado agosto del grupo Defensores Chinos de los Derechos Humanos. Según las cifras oficiales, en 2009, 100 millones de chinos sufrían de problemas de salud mental.