Uno de cada cinco embarazos acaba en aborto

Nueve de cada diez abortos se registran en jóvenes. El déficit de natalidad que sufre España se reduciría a la mitad si hubieran nacido todos los niños que se engendraron durante 2012

LA RAZÓN ha tenido acceso al último estudio del Instituto de Política Familiar en el que se pone de relieve la vinculación directa que existe entre las tasas de natalidad y el aborto.

Durante la última década, los demógrafos alertan de que Europa se está sumiendo en un invierno demográfico que no parece tener fin. Y es que, mientras la población está cada vez más envejecida, la tasa de natalidad va en sentido contrario y baja en caída libre. Obviamente, la reducción del número de mujeres en edad fértil es clave para comprender este descenso, pero no es el único. El Instituto de Política Familiar (IPF) elabora varios informes, a partir de los datos oficiales, para insistir en la necesidad que existe en España de implementar políticas de apoyo a la maternidad. En esta línea, LA RAZÓN ha tenido acceso a su último estudio en el que se pone de relieve la vinculación directa que existe entre las tasas de natalidad y el aborto. «Uno de cada cinco embarazos termina en aborto», afirma este estudio y concreta Eduardo Hertfelder, presidente del IPF: «El 20 por ciento de los embarazos que se produjeron en España el año pasado terminaron en aborto, esto refleja el orden y la magnitud que tiene este problema y debemos darnos cuenta de su importancia». Para llegar a esta conclusión, el instituto que dirige Hertfelder no ha hecho más que sumar el número de abortos que se practicaron en 2012, 112.390, y sumarlos al número de nacimientos –un dato que aporta el Instituto Nacional de Estadística (INE)–, 566.027. Así, de acuerdo con las estimaciones de los expertos en población, si hubieran nacido todos estos niños, «se reduciría a la mitad el déficit de natalidad que sufre España y que se calcula en 250.000 nacimientos», sostiene.

Otro de los datos que incluye el informe es el que hace referencia a la realidad del aborto en nuestro país y que determina que «nueve de cada diez abortos se han realizado a petición de la mujer, sin aducir ningún tipo de causa» y, como sostiene Hertfelder, «el aborto se está utilizando como un medio de contracepción más, ya que una de cada tres interrupciones del embarazo –40.640, en concreto– han sido precedidas por abortos anteriores». En esta misma línea, se explica como nueve de cada diez abortos se produjeron durante las 12 primeras semanas. En total: 101.409. Como analiza también el estudio del Instituto de Política Familiar, «la mayoría de abortos se producen en chicas entre 20 y 30 años», mientras que las adolescentes han acudido en menor medida a los centros para poner fin a su gestación.

Como también destaca el informe que cruza datos de Sanidad y del INE, «en los últimos 20 años, entre 1992-2012, el número de abortos ha tenido un incremento del 150 por ciento. Ha pasado de 44.962 interrupciones a 112.390». «Es una cifra que no deja de crecer –insiste Hertfelder–. De los 27 países de la Unión Europea sólo nos superan en número de interrupciones Francia y Reino Unido, cuando antes estábamos bastante más alejados de los primeros puestos».

El presidente del IPF, al igual que otras organizaciones que apoyan la familia, saben que no sólo con el anteproyecto de ley que ha presentado el Gobierno y que deroga la anterior norma del aborto, se solucionan los problemas de falta de niños que existe en nuestro país. «Faltan políticas de apoyo a la maternidad como las que se han implementado en Italia, Alemania o Rumanía. Allí se han creado sistemas de apoyo a las mujeres embarazadas y también se les apoya financieramente para evitar que muchas de ellas opten por el aborto al no tener apoyo financiero», afirma Hertfelder. Por eso, considera que la norma que acaba de presentar el Ejecutivo «nace un poco coja porque aunque dentro del nombre de la ley queda claro que se busca proteger a la embarazada, lo cierto es que no se incluyen medidas concretas dentro del texto», reclama Hertfelder. La nueva norma elimina el derecho al aborto libre, ya que desaparece que la mujer «a petición propia» pueda poner fin a la gestación, también desaparece el aborto eugenésico e intenta poner trabas al coladero del aborto que era acudir al daño psicológico que puede representar el embarazo para la mujer. Si no cambia el texto durante la tramitación parlamentaria, se necesitarán los informes de dos médicos «independientes».