Valentín, el cura que hizo de YouTube su capilla

Acumula más de 14.000 suscriptores y casi 1.200.000 visualizaciones. ¿Su gran éxito? Ofrecer cada día un ratito de meditación y reflexión digital

Valentín, el cura que hizo de YouTube su capilla
Valentín, el cura que hizo de YouTube su capilla@curadetoledoInstagram

El padre Valentín Aparicio es sacerdote en Toledo. Y aunque no es demasiado conocido por su nombre de pila, sí que lo es más por el nick que utiliza en sus redes sociales: @curadetoledo. Especialmente, en YouTube, donde acumula más de 14.000 suscriptores y casi 1.200.000 visualizaciones. Desde esta plataforma, ofrece cada día un ratito de meditación y reflexión sobre el Evangelio para acercar las sagradas escrituras a las nuevas generaciones. Además, desempeña su función como vicario parroquial, consiliario de la Acción Católica y responsable de parte de los Retiros Effetá. Es un enamorado de la Palabra de Dios, no hay duda. De ahí que se haya lanzado a internet.

Visto lo visto, a usted ya se le puede considerar todo un influencer. ¿Cómo fue dar ese paso hacia Instagram, Twitter o YouTube?

Los sacerdotes no somos extraterrestres, yo siempre he utilizado las redes sociales. Tengo 35 años y el mundo en el que he crecido es el de este tipo de plataformas. Cuando estuve viviendo en el extranjero, descubrí que había muchos curas que tenían sus propios canales digitales de divulgación. De hecho, en los perfiles de Youtube de numerosas facultades de teología, encontré charlas muy interesantes. Por lo que vi el potencial de formación que estos medios tenían. Eso fue lo que me tiró a la piscina.

Sin embargo, no es muy habitual encontrar religiosos en estos lares. ¿Llega tarde la Iglesia al mundillo virtual?

No lo creo. Date cuenta de que el gran boom de las redes sociales lo estamos viviendo ahora: desde su capacidad para influir en unas elecciones generales hasta su fuerza para crear nuevas corrientes de opinión. En el ámbito religioso, cuando hemos querido conocer las últimas novedades del Papa, hemos recurrido a ellas. Entonces, no es una cosa a la que nos estemos sumando últimamente. En ese sentido, por ejemplo, hay que tener en cuenta que la página web de El Vaticano fue una de las primeras que se creó a nivel institucional. Por lo tanto, es verdad que ya estábamos, pero también que la pandemia nos ha forzado a publicitarios más por esta vía. Y eso está muy bien, pues la cantidad de gente a la que podemos llegar es brutal.

¿Qué es lo mejor y lo peor de ellas a la hora de transmitir la palabra de Dios?

Hay pros y contras, por supuesto. La gran ventaja que tienen es que muchas personas van a poder seguir saciando sus necesidades espirituales. Ahora bien, el trato personal con cada una de ellas resulta fundamental y eso es algo que las redes sociales no permiten. Yo soy un médico del alma, por lo que nada puede sustituir una consulta conmigo. Gran parte de mi día a día se centra en escuchar a quienes necesitan una guía. También hay que tener en cuenta que la Iglesia no es una institución, sino una familia. Eso quiere decir que la presencia del edificio físico y de la comunidad que se reúne en él son esenciales. Internet está muy bien, pero es un arma individualista.

Ya hay iglesias que ofrecen wifi, que tienen sistemas tecnológicos y que retransmiten en streaming. Incluso, hay algún que otro cura youtuber y gamer en España. ¿Cuál debería ser el siguiente paso?

¿Parroquia tecnológica? La respuesta es sí. La mía es del 2007, por lo que tiene de todo. Ahora bien, a la Iglesia vas a desconectar. Es como un spa espiritual. No obstante, utilizamos muchísimo WhatsApp, Facebook o Instagram para la difusión de actividades, carteles, anuncios… Es una ventaja porque te permite informar a muchísima gente y tenerlas al día. De hecho, muchos de los nuevos feligreses que tenemos llegaron gracias a esta vía.