Aquellos juegos de Atari a cinco duros

24 ilustradores se reúnen en Sevilla para dar su particular visión a los videojuegos de toda la vida

El ilustrador Alejandro Rojas posa ante una de sus obras en la exposición ‘Glitch. Videojuego e ilustración’, que se puede ver en el Centro de las Artes de Sevilla, una revisión de los videojuegos clásicos bajo el prisma de autores modernos.
El ilustrador Alejandro Rojas posa ante una de sus obras en la exposición ‘Glitch. Videojuego e ilustración’, que se puede ver en el Centro de las Artes de Sevilla, una revisión de los videojuegos clásicos bajo el prisma de autores modernos.

Muchos de los que hoy han superado la barrera de los 40 años no asociarán la palabra ‘Pong’ con un videojuego, aunque en realidad fue el primero que se creó por la multinacional Atari, y como muchos hermanos posteriores ahora han pasado de las máquinas de cinco duros al lienzo de un pintor, informa Efe.

Hagamos primero memoria: el Pong era el juego de los dos palitos y una bola que simulaba un campo de tenis. Fue el primero de una larga lista de juegos que se encontraban en locales donde una moneda era imprescindible para jugar, hasta que en pantalla salía el temido ‘Game Over’, algo que es ciencia ficción para la generación del interminable ‘Warcraft’.

Por eso, tiene una doble importancia, ya sea para nostálgicos o para neófitos, la reunión de 24 ilustradores en Sevilla que dan su particular visión a los videojuegos de toda la vida, en una exposición que se puede ver en el Centro de las Artes de Sevilla (C/Torneo, 18) bajo el nombre de ‘Glitch. Videojuego e ilustración’.

Entrar en la muestra es toda una experiencia, tanto por el ambiente que se ha creado en la sala como por la curiosidad de ver versiones modernas de Súper Mario, Bola de Dragón o Candy Crush, gracias al ingenio de ilustradores como Amaia Arrazola, Puño, Martín Satí, Aitor Saraiba, Oscar Giménez, Tavo o Steve Simpson, hasta 24 en total.

«Se trata de recoger el vínculo emocional de los videojuegos, algo muy asumido por los artistas, y que es muy influyente en el cine o la publicidad», explica Alejandro Rojas, comisario de la exposición junto a los miembros de la Galería Roja, Lola Zehínos y David Rodríguez, que subraya que los artistas han añadido a su obra «a sus héroes particulares y su experiencia vital».

«Los videojuegos conforman un sector que en los últimos años ha vivido un desarrollo espectacular y que ya se considera uno de los ejes fundamentales de la cultura contemporánea, tanto desde el punto de vista tecnológico e industrial como estético/creativo», explica el catálogo de la exposición, que defiende que «la industria del videojuego se sirve de la ilustración como herramienta conceptual y narrativa».

Que una exposición como la de Sevilla sea un éxito no es algo nuevo, ya que en España autores como Puño, Aitor Saraiba, Óscar Giménez o Amaia Arrazola son una clara muestra de la capacidad y vitalidad de la profesión, aunando el interés creativo y comercial, y creando maravillas como de ‘Glitch’, «un entorno para que ambas disciplinas dialoguen».

Irene Mala tiene un especial mérito en su trabajo, ya que dice que nunca le habían interesado los videojuegos, «pero hacer una obra para esta exposición me molaba, porque era todo un reto». Su título particular es todo un desafío: «Te dije que me suicidaría la próxima vez que me invitaras a jugar al Candy Crush».

Por eso, los organizadores y los autores entienden que no se trata solo de un homenaje al universo de los videojuegos, sino de aportar la visión que cada autor tiene sobre el medio, demostrando que los juegos y la ilustración son dos ámbitos estrechamente relacionados e influyentes en el contexto cultural actual.

Por cierto, que está casi prohibido salir de la exposición sin jugar al «Giraldeitor», un juego clásico de marcianitos en el que la nave espacial es una réplica de la torre sevillana, y a los enemigos se les abate con un «rayo andaluz», todo un guiño al «Space Invaders» creado por Toshihiro Nishikado para Arcade en 1978, que supone el broche ideal para una exposición que es una excusa perfecta para meterse en una galería de arte a pasar un rato hasta el próximo 15 de julio.

EFE