La bella y la bestia de las telecomunicaciones

El Mobile World Congress es el ámbito en el cual se lanzará la eSIM. ¿Cómo cambiará este microchip la forma de comunicarnos y en qué nos afectará?

Uno de los anuncios más importantes del Mobile World Congress son las primeras especificaciones técnicas relacionadas con el uso de la SIM embebida, SIM remota o eSIM, un microchip que formará parte de los dispositivos y reemplazará a la tarjeta SIM. Esta tecnología se patentó ya en 1995, pero no fue sino hasta hace muy poco, más precisamente cuando en 2014 Apple la incluyó en el iPad Air 2 y el Mini 3, que las empresas comenzaron a vislumbrar su potencial. Algunas para bien y otras... pues no tanto.

Ahora, la Asociación GSM (Global Systems for Mobile communications), que agrupa a unos 800 operadores, asegura que ya tiene la especificación técnica necesaria para ponerla en marcha. Y en marzo llegará el primero de los «wearables», el Samsung Gear S2 Classic, con una eSIM. ¿Por qué casi dos décadas? Porque las operadoras no se ponían de acuerdo.

Puntos a favor

Una de las mayores ventajas de la eSIM es que los usuarios podrán cambiar de operador o de tarifa desde el terminal o modificando la «tarjeta» de forma remota, una razón de peso para que las compañías telefónicas lo demoren. También es posible darse de alta con operadores extranjeros, evitando los costes del roaming fuera de la UE. Este microchip incorporado permitirá la conexión de diferentes dispositivos, léase «wearables», cámaras wifi y hasta coches o electrodomésticos. Todos bajo una misma «tarjeta». Esto propiciará la llegada definitiva del internet de las cosas (IoT). Y esto es lo que puede llegar a seducir a las operadoras, que, si bien perderían el vínculo y los datos del consumidor, ganarían una cornucopia de nuevos «gadgets» conectados... no siempre a través de sistemas wifi.

Otro punto a favor es el espacio que ganan los fabricantes al prescindir de una tarjeta física en favor de un poco más de batería, algo más de procesador...Quizás en un smartphone el tamaño ganado no sea tan significativo, pero en un «wearable» es mucho.

Puntos en contra

Toda, toda la información personal estará disponible en estas tarjetas electrónicas, ya no sólo los datos relacionados con el móvil, sino también aquellos vinculados a nuestro vehículo o electrodomésticos y, aunque los estándares de seguridad se anticipan muy altos, basta una brecha para que la filtración sea enorme. El otro lado oscuro de esta nueva tecnología es la tentación que supone para los grandes fabricantes incorporar tráfico de serie a sus dispositivos. Si se tiene en cuenta que son muy pocas las empresas que de verdad ganan mucho dinero con la venta de terminales, la opción de sumarle tráfico de datos a una tableta, un «smartwatch» será inevitable. Esta práctica no es novedosa, el Kindle de Amazon ya ofrece tráfico de datos cuando no hay conexión wifi o HP con su Datapass: 200 megas de datos al mes durante dos años para sus portátiles y tabletas. Esto generaría varias consecuencias. Por un lado, al contar con un chip casi automático de cambio de operador, los usuarios podrán buscar las tarifas más económicas (algo bueno) lo que provocaría una constante disminución de los precios que ofrecen las empresas (algo mejor), el problema es que las operadoras podrán decidir entonces que no quieren dar servicio a zonas con pocos clientes (algo muy malo), ya que no obtienen beneficios.

Respecto a la regulación, César Alierta, presidente de Telefónica, aseguraba, refiriéndose a este nuevo modelo: «La regulación actual tiene que cambiar para poder cumplir con la premisa de espacio digital; mismo servicio, mismas reglas y misma protección». Es decir, que venga la tarjeta eSIM, pero que las condiciones que tenemos en el presente en cuanto a seguridad, prestaciones y servicios no cambien.

Faltan apenas semanas para que todo comience y el cambio será inevitablemente muy veloz. ¿Cuánto nos beneficiará? Depende de la política de los fabricantes, de la apertura de las operadoras y el consumo de cada usuario.