Casi me río con “El Vecino”

¿Una comedia española de diez episodios sobre un superhéroe? No, gracias. Elijo colonoscopia sin “bonitos ojos tienes” previo ni nada. ¿Dirigida además por Vigalondo? Hasta flojera me daba solo de pensarlo

Quim Gutiérrez protagoniza «El Vecino», serie en la que da vida al superhéroe Titán
Quim Gutiérrez protagoniza «El Vecino», serie en la que da vida al superhéroe Titán

Con las plataformas digitales me pasa como en el supermercado cuando voy sin hambre: paseo entre los estantes, mirando con indulgencia, sin tener muy claro lo que quiero, sin saber qué elegir, sin estar segura siquiera de si en realidad quiero o es pura rutina. Pues igual. Ahí estoy yo en el sofá, con mi mando, paseándome ahora por la sección de series, ahora por la de documentales, ahora por la de pelis. Paso más tiempo recorriendo las novedades, arriba y abajo, que viendo algo en concreto. Salgo de Netflix y entro en HBO. Salgo de HBO y entro en Filmin. Salgo de Filmin y entro en Amazon Prime. Apago la tele y cojo un libro.A lo mejor lo que para mí es una mala organización o una estrategia fallida es, en realidad, toda una campaña orquestada para fomentar la lectura, a la chita callando y sin que se note, entre la población. A lo mejor están aplicando la psicología inversa y en lugar de decirnos que leamos, que es la hostia, nos desesperan con una oferta variadísima y mediocrísima de pelis y series que no nos ofrecen nada nuevo, nada que no hayamos visto antes cerca de ochocientas veces, y así llegaremos a esa conclusión nosotros mismos. Abocados a la lectura por puritita desesperación.

Ayer, sin embargo, decidí ver “El Vecino”. Había pasado de largo unas veinte veces desde que la estrenaron en Netflix. ¿Una comedia española de diez episodios sobre un superhéroe? No, gracias. Elijo colonoscopia sin “bonitos ojos tienes” previo ni nada. ¿Dirigida además por Vigalondo? Hasta flojera me daba solo de pensarlo. Y es que con Vigalondo me pasa que “7:35 de la mañana” y “Choque” me parecieron dos absolutas genialidades. Así que me lancé a ver “Los Cronocrímenes” como se lanzaría una madre de los setenta a limpiarle la boca a un hijo de cuatro años tras comer una taza de chocolate en público. A lo loco, sin medida, con ansia incluso. Me parecía un largo de Vigalondo en aquel momento un regalo de los dioses. Pero qué va. Sin ser un bodrio de lo que te ofenden y te obligan a arrugar la nariz como si algo oliese mal cerca, sin llegar a eso, me faltó la chispa de sus cortos, el brillo que esperaba. Por no hablar de las discusiones que provocó entre mi grupo de amigos durante una temporada larga por los fallos que veíamos en la paradoja temporal y las alteraciones espacio-tiempo. Que sí, que vale, que no es fácil viajar en el tiempo. Pero si no sabes nadar, pues no te metes. Y si te metes, consigue que te crea. Por lo menos. ¿O no sirvió de nada criarnos con “Regreso al futuro”?

A lo que iba, que me lío. Que pareciéndome Vigalondo un tipo (en ocasiones) brillante, me daba una pereza infinita verme diez episodios dirigidos por él. Como quedar con un ex en el que no confías, con el que no tienes nada de lo que hablar, a tomar una copa y que te cuente cómo le ha tratado la vida. Mira, perdona, no sé si te he comentado que tengo hora para una colonoscopia. Pero el otro día, al final y por flagrante ausencia de alternativa, la vi.Pues me lo pasé bien, oye. Así, sin grandes pretensiones, sin boato, consiguió El Vecino que me entretuviese. Remitiendo inevitablemente a El Gran Héroe Americano, la idea del superhéroe constumbrista de barrio por accidente funciona. Pero funciona con bastante voluntad del espectador, ojo. Tuve que poner de mi parte. Los episodios, de poco más de 25 minutos, en ocasiones se hacen algo largos dejando la sensación de que no pasa nada o, peor, que lo que pasa podría no haber pasado y nos habríamos quedado igual. Clara Lago, como siempre, hace de Clara Lago. Con esta chica me pasa que me la creo, pero siempre hace de ella, no hay otro registro. Es como Resines pero guapa. Y Quim Gutierrez está desaprovechadísimo. Y no solo porque esté como un tren de cercanías el mozo y me lo saquen a ratos totalmente tapado bajo un disfraz de plexiglas, que también. Demasiados personajes estereotipados en exceso: el nuevo que llega del pueblo con la novia de toda la vida, la amiga promiscua, la ex novia, el yonki, el perro… ¿En serio no hay vecindarios donde se muevan otros personajes? ¿En serio no se pueden hacer chistecitos sin un alemán, un inglés y un español que van en un avión? Demasiados lugares comunes y un leve tufillo a conciencia social (crítica a las casas de apuestas, ayudar a los señores mayores con dificultades y a los animalitos…), como si hacer comedia dejara mala conciencia y se necesitase meter la moraleja en algún sitio, no nos vayan a acusar de superficiales.Se intuye, debajo de la falta de ritmo, de los lugares comunes, de las situaciones previsibles y de la sonrisa que no llega a carcajada, un buen hacer en los guiones. Pero falta que alguien se suelte, que alguien diga “aquí hoy se va a hacer comedia a calzón quitao” y nos hagan reir de verdad. Porque se nota que esos guionistas pueden hacerlo. Se nota en muchos de los diálogos y en el planteamiento de algunas situaciones que luego, incomprensiblemente, se quedan en nada, se vulgarizan en lugar de resolver en alto. Se nota en algunos detalles, en pequeñas genialidades que se quedan de nuevo en nada, desgraciadamente, por la comodidad, digo yo, de ir sobre seguro. De conseguir que se ría desde el niño de ocho años al abuelo de 70, pasando por la tía de Cuenca. Lo de siempre.

Lo dicho. Que está bien, pero no es para tirar cohetes. Pero el día que se suelten, si les dejan soltarse, puede ser una serie muy digna (cómo odio decir “muy digna” y como odio no encontrar una alternativa digna) que nos haga reir a carcajadas. Lo tienen todo de cara y deberían aprovecharlo. Nos lo merecemos.