Ahí están las orejas

Román, valentísimo y entregado, salió por la Puerta Grande con una desigual corrida de Núñez del Cuvillo

Valencia. Sexta de la Feria de Julio. Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados, justos de fuerza. Menos de un tercio de entrada.

Sebastián Castella, de lila y oro, entera (silencio) entera, (ovación). Daniel Luque, de blanco y oro, entera, dos avisos (ovación), entera y descabello (silencio). Román, de verde hoja y oro, entera, aviso (oreja), pinchazo y estocada (oreja). De las cuadrillas destacaron Raúl Martí y Javier Ambel.

Con el tercer toro en el ruedo, serio, astifino, surgió la emoción. Hubo sensación de peligro y más cuando se llevó por delante a César Fernández, banderillero de Román que tropezó y cayó ante la cara del astado, que hizo por él y le dio una buena paliza que le llevó al hospital con un traumatismo sacro ilíaco que le produjo impotencia funcional en las extremidades inferiores. Se arrancó luego el astado con velocidad y carácter, encontrando respuesta de un torero muy dispuesto y valiente a carta cabal. Adelantando mucho la muleta, bajando la mano y con los pies clavados a la arena, Román, que se presentaba ante sus paisanos como matador, fue dando forma a un trasteo en el que se quedó descubierto varias veces hasta que se vio por el aire. No se inmutó por ello, volviendo a ponerse en el mismo sitio y con la misma actitud, derrochando valor y actitud, acabando por asustar a su oponente que se fue a buscar refugio a toriles, donde le despenó de una fenomenal estocada y demostrando cómo se consiguen las orejas.

No fue la de ayer la tarde de la cuadrilla de Román, pues Miguel Ángel García fue cogido al salir de un par de banderillas por el sexto, sufriendo una cornada en el muslo izquierdo. Tampoco ello influyó en el ánimo del joven diestro, que no echó cuentas tampoco a las aviesas miradas de su oponente ni a sus dudas, llevando ahora mucho más dominado al toro y teniendo mucho más controlada la situación, siendo de justicia la oreja que le abría la Puerta Grande.

Daniel Luque, que se lució al veroniquear a su primero, noble y repetidor aunque no sobrado de fuerza, toreó con inteligencia, sin agobios ni tirones, con temple y suavidad pero... sin acabar de decir nada ni llegar al tendido. Para colmo el animal se amorcilló tras una buena estocada y cambió la oreja que tenía en la mano por dos avisos. Volvió a gustar toreando de capa al recibir al quinto, que no humilló en el último tercio, sacando Luque otra labor de mucho envoltorio y parafernalia pero de poco contenido, siempre hacia afuera, muy despegado y con poco compromiso.

El toro que abrió plaza fue muy justo de fuerza y con él apenas pudo Castella estar voluntarioso y afanoso en una faena demasiado larga para la poca intensidad que tuvo. El cuarto, en cambio, sacó más poder y empuje, permitiéndole poner en práctica su repertorio habitual, si bien poco a poco fue perdiendo fuelle y acortando el viaje. También como es norma en el de Beziers, a medida que avanzaba su faena se fue poniendo cada vez más encima del toro para terminar ahogando definitivamente sus embestidas.