Brandon Campos, segundo finalista en una tarde sin casta en Las Ventas

La falta de raza de los novillos impidió el lucimiento de la joven terna

Natural de Brandon Campos al sexto novillo de la tarde en Las Ventas
Natural de Brandon Campos al sexto novillo de la tarde en Las Ventas

Las Ventas (Madrid). Segunda del certamen de Canal+. Se lidiaron novillos de El Serrano, bien presentados, algunos muy serios, pero descastados y sin emoción, tan sólo el manejable 2 ofreció más opciones; y un sobrero de Aurelio Hernando (5), mansurrón con movilidad. Un cuarto de entrada. Tras el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en memoria de la ganadera Dolores Aguirre, fallecida el viernes.

Juan Leal, de nazareno y oro, pinchazo, media atravesada (silencio); buena estocada (saludos).

Álvaro Sanlúcar, de rosa y oro, bajonazo (saludos); media atravesada (silencio).

Brandon Campos, de verde botella y oro, dos estocadas que hacen guardia, aviso, seis descabellos (silencio); estocada (saludos).

La resaca del solo de Manzanares fue la comidilla previa ayer en Las Ventas. «Cinco toros y no pasó nada... Ni una oreja», era la cantinela de algunos casi celebrando su tibia tarde. «Menos mal que lo pudo arreglar en el sexto...», replicaban otros. «Pues a ver cómo viene a Madrid...», sostenian recelosos otros. Y es que el alicantino estaba ayer en boca de todos. Aledaños, patio de arrastre, tendido... En todos lados cabía una opinión al respecto. La novillada de El Serrano parecía ser telón de fondo hasta que saltó el primer utrero de la tarde. Allí, casi en esa boca del lobo llamada toriles, le esperaba Juan Leal. A portagayola. Caso omiso le hizo el animal. Se pegó una buena entera al platillo sin atender a las voces del joven francés. Aún así, le pegó la larga cambiada. Le siguió un acelerado saludo y el quite por saltilleras con un novillo algo abanto. Se atemperó con los dos puyazos. Demasiado. Llegó a la muleta con apenas una serie dentro y, encima, sin emoción alguna. Precisamente la nula emoción fue el denominador común de todo el encierro de El Serrano, bien presentado, con algunos ejemplares muy serios, pero con la casta por los suelos. Ni un ápice de raza.

Tampoco la esbozó el cuarto. Novillaco de 535 kilos que se acostaba una barbaridad por el izquierdo. Esta vez sí logró Leal la portagayola. Comenzó la faena con dos cambiados por la espalda. Ceñidos. Esperanzadores. Luego, volvió la oscuridad. Tomaba la muleta el animal, pero todo eran pases sin salir del gris monocromo. La transmisión no aparecía. Pura sosería y el respetable cada vez más soliviantado. Sin paciencia. La soberbia estocada con la que lo pasaportó, lo mejor de la tarde. Se volcó sobre el morrillo atacando con la tizona, enterrada hasta la yema. El castaño rodó sin puntilla. Estoconazo de los de premio. De hecho, pudo estar ahí el pase a la final.

Sin embargo, el jurado se decantó por el mexicano Brandon Campos para la final del Certamen de Canal+. Su nombre se une ya al de Rafael Cerro. El azteca debutaba en Las Ventas. La recompensa le llegó como premio a su buena disposición toda la tarde. Hubo variedad en el manejo del capote, con el que mostró recursos y vistosidad en los quites. Originalidad y frescura. Firme y tesonero, menos argumentos lució con la muleta ante dos rivales de nulas opciones. Su primero tuvo la emoción del manso hasta que se supo podido y terminó Campos metiéndose un arrimón pegado a tablas.

Le buscó las vueltas sin éxito al acorbadado sexto, que terminó casi acunado en el estribo. Fue otro «torito» de 538 kilos. Desparramó mucho la vista en los primeros tercios, pero llegó con algo más de fijeza a la muleta. De nada le sirvió, porque se rajó a las primeras de cambio. Lo mató con presteza de efectiva estocada.

A Álvaro Sanlúcar, que también hizo su presentación en el Cónclave, se le apreció gusto con el capote, pero le faltó mando y poder con la muleta. Especialmente con el segundo. El único que llevaba dentro algo mejor. Manejable sin alardes, tampoco se piensen. Pero quedará la duda de que hubiera pasado con una mejor colocación y, sobre todo, con mayor mando en su muleta. Había que someterlo, poderle. Y no fue el caso. En el quinto, sobrero de Aurelio Hernando que tardó una eternidad en salir tras asomar dos veces por toriles y parecía corraleado, lo intentó con oficio, pero dos desarmes terminaron por desangelar al público.