Castaño: «Este año cumplo 15 años de alternativa y me gustaría que fuese especial»

El diestro hizo el paseíllo el domingo pasado en Las Ventas ante una corrida de Miura que no le permitió triunfar

Pase de pecho de Javier Castaño en Las Ventas
Pase de pecho de Javier Castaño en Las Ventas

Su invierno fue duro. Más oscuro que claro. De los que mejor olvidar que recordar. Pero la lucha y el esfuerzo, en este caso en la vida y no en la profesión -esfuerzo que bien conoce Javier Castaño-, le hizo combatir a la enfermedad, al cáncer. Anunciaba a través de las redes sociales, a mediados de marzo, que lo había superado y que en pocos días hacía el paseíllo en Sevilla. Ni más ni menos que con la corrida de Miura. El pasado domingo, en Madrid, volvía con los de Lora del Río en el último festejo de San Isidro. Un ejemplo de valentía y coraje, de aferrarse a la vida cueste lo que cueste. Castaño habla para LA RAZÓN tras su compromiso en Madrid. Una tarde de máxima responsabilidad en su carrera.

- ¿Con qué se queda de su única tarde en Las Ventas?

- Las sensaciones que viví fueron muy buenas. Uno siempre que va a Madrid sueña con triunfar, cortar orejas y salir por la puerta grande, en definitiva, que sea un día bonito y para mí lo fue, aunque las cosas no salieron como yo hubiese querido, ya que mi lote no me dio muchas facilidades. Me quedo con el cariño con el que me recibió la afición de Las Ventas y lo a gusto que me encontré delante de la cara de los toros.

- ¿Qué siente un torero al pisar el ruedo de Las Ventas?

- Para mí, Madrid es siempre especial, y más en este año. Tenía puestas muchísimas ilusiones en esa tarde, y aunque no fue una tarde de triunfo, sÍ fue muy especial para mí. Personalmente me ha servido mucho.

- ¿Cómo ha sido la preparación?

- Mi entrenamiento lo he centrado básicamente en torear de salón e ir bastante al campo a tentar.

- Tras la situación que ha pasado en estos últimos meses, ¿cómo se encontraba físicamente?

- Físicamente me encontraba bien. Para estar en Madrid he tenido más tiempo para prepararme y por lo tanto me encontraba mejor.

- Y ¿moralmente?

- Muy fuerte, porque con todas estas circunstancias, uno valora las cosas muchísimo más, y por lo tanto, moralmente me encuentro a tope.

- Tras anunciar que estaba recuperado, quiso anunciarse en Sevilla, ¿cómo fue aquella tarde en la Maestranza?

- Fue inolvidable. Una tarde en mi carrera como matador de toros difícil de olvidar. Fue como una vuelta a la vida, una segunda alternativa. Un cúmulo de emociones y que a pesar de haber tenido sólo 18 días para prepararme tras salir de un tratamiento tan agresivo, fue una tarde que me sirvió mucho.

- ¿Qué sintió al volver a ponerse el traje de luces?

- Fue muy bonito. No sabría cómo describírtelo, pero se me asemejaba mucho a la primera vez que me vestí de luces. Sentía el miedo y la responsabilidad, sensaciones que a su vez me hacían sentirme muy vivo y eso me gustó mucho, de hecho, cuando iba para la plaza, eran tantos los sentimientos que tenía que hasta me titiritaban las piernas. Más tarde, esa ovación con la que me recibió Sevilla me encogió el alma, fue especial. Después, lógicamente como torero luego te van a exigir igual y tienes que hacer el esfuerzo como si no hubiese pasado nada.

- Esas ovaciones son con las que uno se viene arriba.

- Sí. De hecho, les agradezco, tanto al mundo del toro como a la afición, todas las muestras de apoyo que me han dado una vez que anuncié que estaba recuperado. Me han hecho venirme arriba, valorar todo mucho más y apreciar a mi profesión y a mi gente.

- ¿Se mira la vida con otros ojos?

- Sin lugar a duda. Hay cosas que antes las veía más rutinarias, y ahora las disfruto mucho más.

- ¿Llegó a plantearse dejar la profesión? ¿Qué le aportó el toreo?

- En la situación tan delicada que estaba pasando durante la enfermedad, uno de los pilares más importantes para salir de adelante fue verme anunciado en Sevilla y saber que tenía un objetivo que cumplir. Pensar en mi profesión me hizo venirme arriba. En este caso, claramente, el toreo tiró del hombre.

- Tras Sevilla toreó una tarde en Portugal, pero su mirada estaba puesta en Madrid con varias semanas de antelación, ¿no?

- Madrid es el sueño de cualquier torero. Cuando vamos al campo a un tentadero y cuajamos alguna becerra, uno se va a casa muy contento por haberse podido sentir realizado. Imagínate si algún día lo puedes hacer en Madrid. Sería tocar el cielo con las yemas de los dedos.

- ¿Cuántas veces sueña con esa puerta grande de Las Ventas?

- Más que con la puerta grande, con tener una tarde emotiva y bonita, en la que pueda cuajar un toro como yo siento, aunque luego pinches y sea una obra incompleta. El sentirte realizado en Madrid es muy importante.

- ¿Qué le ha pesado este año más, Sevilla o Madrid?

- Este año lo que he tratado es de disfrutar las dos tardes como quiero disfrutar la temporada. Al principio del año, no sabía ni siquiera qué iba a ser de mi vida, si iba a estar para poder estar o no, y el hecho de haberme podido ver anunciado en los carteles me ha hecho disfrutar mucho, quitando incluso esa presión que tenía otros años.

- ¿Cómo se le plantea la temporada?

- Mi próximo compromiso es un festival, el sábado 11 de junio, en Cedillo del Condado, Toledo. Este año cumplo 15 años de alternativa y me gustaría que fuese un año especial, que de momento lo está siendo. No busco la cantidad, sino disfrutar de mi temporada, y que cuando sea octubre o noviembre esté hablando de una gran temporada.

- ¿Cuáles son sus objetivos en el toreo?

- Mis objetivos son siempre crecer y sentirme como torero, disfrutar de mi profesión y sentir el reconocimiento de los aficionados y tus compañeros. Yo creo que eso es lo más gratificante para un torero.

- ¿Y en la vida?

- Aprovechar todo al máximo. Cuando uno pasa por trances tan difíciles como el que yo he pasado, tus objetivos en la vida son disfrutar de la familia, de los amigos, de tu profesión y de todo lo que te rodea.