Castaño gana la batalla y Rafaelillo reconquista en la miurada

Interesante tarde en la última de la Feria de Abril de Sevilla

Rafaelillo y Castaño se funden en un emotivo abrazo, tras brindarle el cuarto
Rafaelillo y Castaño se funden en un emotivo abrazo, tras brindarle el cuarto

Interesante tarde en la última de la Feria de Abril de Sevilla

Sevilla. Última de la Feria de Abril. Se lidiaron toros de Miura, muy bien presentados. El 1º, noble, manejable por el derecho y más complicado por el zurdo; el 2º, rebrincado, sin humillar, con mejor ritmo por el izquierdo; el 3º, noble con la fuerza justa y de más a menos; el 4º, de buen juego a pesar de sus desafíos; el 5º, incierto, difícil pero con fondo; y el 6º, deslucido. Tres cuartos de entrada.

Rafaelillo, de nazareno y oro, pinchazo, media, aviso tres descabellos (saludos); y estocada buena (oreja).

w Javier Castaño, de blanco y oro, pinchazo, gran estocada (saludos); y estocada corta, aviso (saludos).

Manuel Escribano, de nazareno y oro, estocada desprendida (saludos); y dos pinchazos, estocada, descabello (silencio).

Hasta los propios compañeros abandonaron posiciones en ese preciso momento en el que el público sacó a Javier Castaño a saludar. La imagen impactaba en sí misma, por sí, por lo que intuíamos que dejaba atrás. Un cáncer y la quimioterapia le habían dejado sin pelo, no sin ánimo para apenas tres meses después y con esa gesta en el horizonte vestirse de nuevo de torero y hacer el paseíllo en Sevilla para matar nada menos que la corrida de Miura. Todos, compañeros de terna y banderilleros, le aplaudieron durante la ovación. Qué sufrimiento más íntimo. Y lo llevaba escrito en la cara aún. Era la corrida que cerraba el abono abrileño pero quedaban cosas por pasar. No tan sorprendentes. A estas alturas, todos sabemos ya la dimensión de un Rafaelillo que muchas tardes se le queda diminuto el apodo. Anda con las corridas de Miura como quiere. Sin renunciar a la verticalidad y relajado, tranquilo, como quien sabe las teclas que tiene que apretar para dar con la palabra correcta. Una pasada. Ve más allá y resuelve. Está de vuelta en esta ida que no hay que perderse. Por eso con el cuarto, que tuvo buen aire, pero también sus desafíos, porque además de no humillar, de pronto se paraba, miraba, lo hacía bruto, sin orden, parecía no importarle al torero de Murcia. Tan suave, el cite siempre con los vuelos, al revés de la tendencia natural. Lo hizo fácil, muy fácil, y le metió la espada con una verdad absoluta y precisión. Y la oreja era lo que tenía que ser. Justa. Antes, antes de nada, se había ido a portagayola. Por ahí han pasado esta feria muchísimos toreros. Figuras también. De locos. Nobleza tuvo el primer miura por el diestro y la aprovechó Rafael, tranquilo y en paz, como su toreo. No se desarmó cuando el toro sacó peor clase al natural. Justo fue por ese pitón por donde Javier Castaño logró los mejores momentos en la faena al segundo, más rebrincado por el otro lado. Cumplió Castaño sin volver la cara, ajustando sus cuentas al unísono que sus ilusiones, las mismas que le mantuvieron en otras luchas. El quinto le puso en más aprietos. Tuvo este miura más incierta la embestida y eso que en general desarrolló buen fondo el encierro. Este quinto lo enseñaba menos, había que exponer más pero tenía sus cosas. Lo fue trabajando en una faena digna hasta el final.

Si en esta feria han sido muchos los toreros que se han ido a portagayola, Manuel Escribano lo hizo ayer dos de dos. Le sacó partido en la primera. Si expuso en el recibo encandiló a la verónica hasta hacer sonar la música. Tuvo el toro nobleza y buen fondo después, aunque la duración contada, a menos. En ese lío anduvo Escribano centrado y sobrado. Menos historia desarrolló el sexto, deslucido y con poco que hilar. A pesar de ello se las había visto cara a cara con el miedo y con el Miura nada más comenzar. Adiós Sevilla. Bienvenida la normalidad.