Toros

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«Chaparrito» entra en el cuadro de honor con Moral el día que Cid cae herido

El sevillano cortó una oreja y Manuel Jesús resultó herido de gravedad en el muslo con una variada e interesante corrida de Adolfo Martín

Pepe Moral toreando con la derecha a «Chaparrito», de Adolfo Martín / Cristina Bejarano
Pepe Moral toreando con la derecha a «Chaparrito», de Adolfo Martín / Cristina Bejaranolarazon

Las Ventas (Madrid). Trigésimo segunda de San Isidro. Se lidiaron toros de Adolfo Martín, muy bien presentados. El 1º, de buen y noble pitón izquierdo; el 2º, peligroso; el 3º, va y viene saliendo suelto de la suerte; el 4º, encastado y exigente; el 5º, de mucha calidad y extraordinario; y el 6º, con buen fondo. Tres cuartos muy largos de entrada.

El Cid, de de tabaco y oro, herido.

Pepe Moral, de tabaco y oro, pinchazo, estocada (silencio); estocada (silencio); pinchazo, buena estocada (oreja).

Ángel Sánchez, de champán y oro, que tomaba la alternativa, estocada, aviso, tres descabellos (saludos); media, cinco descabellos (silencio); media estocada (silencio).

Parte médico de El Cid: «Herida de 20 cm. en el muslo derecho. Pronóstico grave».

Mereció la vuelta al ruedo. Pero en este mundo al revés... Hubo un día que sin que nadie le llamara el presidente soltó el pañuelo para premiar a un toro que no lo mereció y «Chaparrito» se fue sin los honores después de habérselos ganado uno detrás de otro. Lo hizo en el caballo primero este quinto toro con dos puyazos. De largo, con fijeza y de atrás. Pero hay mucho más. El toro de Adolfo, de impecable presencia, tuvo un ritmo descomunal para ser capaz de tomar el engaño descontando el tiempo, de lento que lo hacía, una maravillosa cadencia, un orgullo de animal, de toro bravo. Entregado, surcos reales en ese barro en el que se ha convertido Madrid, milagrosamente tarde tras tarde por los «técnicos» de la plaza, aunque llueva a mares sin tregua. Vaya feria. Pero qué tendrá la tauromaquia que sale un toro así y hasta en el infierno de la lluvia es capaz de transportarte al paraíso. Pepe Moral lo gozó. Transitamos por la despaciosidad de la tauromaquia con la misma intensidad que el torero. La transmisión de la casta amparada en la nobleza y la calidad de la embestida que le permitió al torero sevillano construir una faena emocionante por ambos pitones, aunque faltó la eclosión total, el derrumbe que logra lo sublime para que hubiera sido de doble premio la faena sin duda. El pinchazo que precedió a la estocada dolió en el alma. (Como que no premiaran a ese toro con una vuelta al ruedo). Y ni que decir, como ese momento tan desgarrador, tan violento, en el que el segundo de la tarde devoró la carne fresca de El Cid para herirle, para cazarle, para no darle una segunda oportunidad y reventarle. No dio opciones, porque esto es también la tauromaquia y el peligroso toro fue certero. El segundo. Ni grandes problemas ni grandes alegrías le dio un tercero, que se desentendía saliendo suelto de la suerte, mientras la lluvia arreaba en un más difícil todavía a Pepe Moral. Lo mató en la rectitud.

Ángel Sánchez vino a Madrid a tomar la alternativa, hacerlo en pleno San Isidro y para completar el doble mortal con la corrida de Adolfo Martín. Llovió todo el día. Inmisericorde con la ocasión, con las dificultades que eso supone para cualquiera, no pensarlo para un torero de escaso rodaje que se estrena en el escalafón superior, y rompió a llover, también, cuando Sánchez se convertía en matador. Le dejó estar el toro, que tuvo muy buen pitón izquierdo, punto tardo, pero de calidad. Anduvo correcto y con mucha armonía el diestro que resolvió. Exigió mucho un cuarto, que pesaba por dentro una barbaridad. Defendió con dignidad la falta de rodaje. Tuvo buena condición un sexto, agradecido con las teclas exactas, pero este no es un encaste que lo regale. Ángel Sánchez anduvo resolutivo en compromiso de tal altura. La tarde no dejó resquicio para el aburrimiento. Y de «Chaparrito» nos volveremos a acordar.