Conjugando pluscuamperfectos

Trofeo. Manuel Escribano cortó una oreja al quinto de la tarde
Trofeo. Manuel Escribano cortó una oreja al quinto de la tarde

Eduardo Dávila Miura citó a los medios a finales del año pasado en una extraña convocatoria de prensa en la reinaugurada Venta de Antequera. Señalado el sitio, el personal pensó que «vendería» algún evento de la plataforma de Aficionados Prácticos, en la que Dávila lleva varios años inmerso. La sorpresa llegó al anunciar que se iba a acartelar con los toros de Miura en la Feria de Abril coincidiendo con los 75 años de presencia ininterrumpida del hierro de A y las asas –para que los toreros se agarren fuerte, decían hace un siglo– en la Maestranza. El último paseíllo de Dávila fue un 12 de octubre de hace nueve años. Desde entonces ha estado a este lado del ruedo –difícilmente a este lado del paraíso, por muy bien que quede citar a Fitzgerald– poniendo el dardo en la palabra en retransmisiones televisivas y radiofónicas. Así que de la vida fetén a la guerra y además con una prole de chiquillos –en esto también ha aprovechado el tiempo Dávila–. Hay que estar majara... o ser torero. La majadería, cabal homenaje a su casa, estuvo bajo amenaza de derribo por las previsiones meteorológicas. Miura y además lloviendo y además con viento. Acabó Dávila Miura con una oreja en el esportón que fue premio a su trayectoria y al efecto fulminante del acero. Poco zumo había que exprimir de la morucha miureña, que topó más que embistió. Ninguna sorpresa si salvamos la raya en el agua de hace dos años y el va y viene del quinto ayer. Oreja de más fuste fue la de Escribano, arrancada a base de entrepierna. Fandiño, canario y oro, pasó sin ser visto.

Arrastrado el último toro comienzan hoy los balances, las reuniones de jurados y las conjugaciones de verbos pluscuamperfectos. «Y si hubiera, y si hubiese...». La feria ya fue. Y para quien mejor ha sido –más que para el aficionado– es para la empresa Pagés, que ha sorteado la embestida del G-4 –Morante, Juli, Perera y Talavante– con entradas más abundantes de las esperadas y con una trayectoria de menos a más que no deja mal «bouquet». Ha estado la feria bien amarrada en sus extremos, como decía Umbral que tenían que estar amarradas las morcillas y los artículos. De la salida por la Puerta del Príncipe de Espartaco –también salieron los empresarios con un «no hay billetes»– el Domingo de Resurrección a las buenas corridas de Victorino y Cuvillo el jueves y el viernes de Farolillos en las que las espadas cerraron, como lanzas romanas, la Puerta del Príncipe. Entre tanto ha habido mucha ferralla –«bullshit» inglés– y algo de metales puros: una tanda zurda de Finito, el toreo en el sitio de Javier Jiménez, Curro Javier y Alcalareño en banderillas... La faena maciza fue la de Ferrera y la del perdón la de Manzanares. Los toros, en este orden: «Encumbrado» de Núñez del Cuvillo; «Mecanizado» de Victorino Martín; «Portilloso» de El Pilar; y «Turulato» de Fuente Ymbro. Cuatro toros como cuatro soles para cortarle las orejas. Y todos se fueron con las orejas puestas...