Crónica de una frustración anunciada

La ilusión de los tres toreros se estrella con un ganado de saldo tras el baile de corrales matinal

Relajado derechazo de Daniel Luque al segundo, sobrero de El Torreón
Relajado derechazo de Daniel Luque al segundo, sobrero de El Torreón

Las Ventas (Madrid). Vigésima de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Jandilla y Las Ramblas (2º, devuelto, y 4º) y un sobrero (2º bis) de El Torreón, desiguales de presentación. Algunos como, sobre todo, el 2º, tuvieron cierta nobleza, pero se vinieron muy a menos por su escasez de fuerzas y, en especial, de raza. Más de tres cuartos de entrada.

El Fandi, de nazareno y oro, pinchazo, estocada desprendida, descabello (silencio); estocada caída (palmas).

Daniel Luque, de sangre de toro y oro, dos pinchazos, estocada muy baja (silencio); dos pinchazos, media estocada, descabello (silencio).

Jiménez Fortes, de celeste y oro, estocada casi entera (silencio); estocada desprendida (silencio).

Treinta días seguidos con sus treinta tardes dan para mucho. Incluso para festejos como el de ayer. Con todo a la contra. La decepción y el sopor habían comenzado ya por la mañana. Sólo cuatro toros de Jandilla –ni rastro de los Vegahermosa con los que comparten dehesa– y dos remiendos de Las Ramblas. Baile de corrales. Aún no le habíamos vivido esta temporada. «Si pasa problemas para lidiar una completa, a quién se le ocurre traerlos dos», se oía en el tendido. Diana. Saldo ganadero, sin raza ni fuerza, que imposibilitó el lucimiento de la terna en otro día más propio de la Feria de Otoño.

Bien pronto descubrimos, atisbamos, que a El Fandi tampoco le esperaba una tarde sencilla. Mucho revuelo y protestas desde el sector habitual. Primero, por el toro, tan astifino como escurrido; luego por el tercio de banderillas protagonizado. El granadino, sobrado de facultades, clavó desigual lo que hizo aumentar las protestas. En la muleta, demostró nobleza, aunque acusó demasiado su falta de motor. A menos, se deshizo cual azucarillo y El Fandi optó por abreviar. A por todas fue en el cuarto, remiendo de Las Ramblas. Tocó todos los registros para convencer al respetable. Larga cambiada, verónicas, chicuelinas –que repitió después en el galleo–, revoleras... Poderoso en banderillas, clavó mucho más reunido en un nuevo alarde de condiciones. Tercio, esta vez sí, marca de la casa. Destacó el último par al violín por los adentros, que continuó jugueteando con el burel hasta parar su galope. Brindó al público y se echó de rodillas. El animal tuvo transmisión esa serie de hinojos en redondo, pero luego poco a poco se fue disipando. Cada vez le costaba más al granadino provocar su arrancada y su tenacidad en la completa lidia terminó, contrariada, camino de tablas en busca de los aceros. Palmas como recompensa a su vistosa variedad.

Devuelto por inválido el otro remiendo de Las Ramblas que hizo segundo entre el clamor al presidente Julio Martínez, que volvía tras la no Puerta Grande del domingo a Alberto Aguilar, saltó un sobrero de El Torreón al que tampoco le sobraban las energías, pero con dulzura en las acometidas. Daniel Luque, que ya se había hecho presente en el anterior con un ceñido y algo atropellado quite por gaoneras, lo citó desde los medios. Allí, construyó su trasteo. Dos series de buena composición en redondo, sin atosigarlo. Templadas y limpias, muy relajado alguno de los muletazos. En la tercera, le exigió un poquito más y llegaron las caídas. Una lástima, un eterno quiero y no puedo, de Luque, que lo maceró con suavidad, pero sin poder apretarlo lo más mínimo. Una utopía desembarcar en buen puerto con este material. Distinto hierro, Jandilla, idéntica quimera se encontró en el quinto. Movilidad sin entrega, que cada vez más derivó a la defensiva. Orientado, le avisó un par de veces colocándole los pitones en el pecho a la salida de los muletazos. Luque, decepcionado, terminó abreviando para cerrar un triplete en Madrid desangelado. Sin el buen sabor de boca de Valencia y Sevilla.

Coincidiendo con la irrupción de la lluvia, Saúl Jiménez Fortes tuvo un primero con cuajo y seriedad. Tomó bien las telas, por abajo y de verdad. Empujó en el primer puyazo y, con una espectacular voltereta de por medio, se lo pensó más en el segundo. Había movido bien el caballo Tito Sandoval. Concebimos esperanzas, pero no hubo manera. El animal pegó las pezuñas al tercio del «1» y, de ahí, no hubo forma de sacarlo. Muy cambiante. Corto, no pasaba. Y el costasoleño optó por reducir la distancia para meterse en esos terrenos que tanto le gustan. Ni por ésas. En el sexto, con poco más de un cuarto de la plaza en el tendido, Jiménez Fortes volvió a meterse más pronto que tarde entre las astas. Aquerenciado y anclado en el mismo lugar que su primero, el joven diestro se arrimó ante otro mulo sin un pase.

La crónica, nunca mejor dicho, de una frustración anunciada.