«Cuadris» sin triunfo: buena fachada, pero poco fondo

El oficio de Ferrera y las ganas de Gallo chocan con un encierro adverso

Eduardo Gallo da un derechazo al tercero, que se empleó más que el resto de sus hermanos
Eduardo Gallo da un derechazo al tercero, que se empleó más que el resto de sus hermanos

La Maestranza (Sevilla). Segunda de la Feria de Abril. Se lidiaron toros de Celestino Cuadri, el 4º como sobrero, bien presentados y de bonita lámina. Faltos de raza en general, salvo el 3º, encastado, y el 5º, codicioso, aunque ambos fueron a menos. Algo más de media entrada.

Antonio Ferrera, de catafalco y oro, estocada, descabello, aviso (saludos); estocada, descabello (saludos).

Leandro, de burdeos y azabache, dos pinchazos, cinco descabellos, aviso (silencio); cuatro pinchazos, estocada, aviso (silencio).

Eduardo Gallo, de corinto y oro, pinchazo, estocada (saludos); dos pinchazos, estocada delantera (silencio).

La tarde de ayer se presumía en La Maestranza para el toro bravo y encastado. Con ese interés llegó el público a la primera de feria. Era la tarde de Cuadri y de tres toreros curtidos, que volvían a este coso tras un periodo de ausencia. Pero al final quedó la sensación de que todo había salido al revés. Y es que de los «Cuadri», sólo el tercero, que sacó raza y se empleó hasta los primeros compases de la muleta, y el codicioso quinto se salvaron.

Antonio Ferrera estuvo muy dispuesto con el toro que abrió a la tarde. Un animal que apretó mucho en el capote, se quedó corto y reponía lo suyo. Pero el extremeño demostró estar muy curtido en la profesión para darle la lidia oportuna manejando las distancias y tiempos de recuperación. Tras banderillear, le sacó tandas muy meritorias buscando el fondo de bondad que el burel tenía, aunque le costaba un poco desplazarse. En redondo, Ferrera aprovechó el, en principio, pitón más potable. Aunque también acabó tomando el de «Cuadri» la muleta por la zurda. Esforzado en ganarle la partida, incluso se pegó un arrimón en el tramo final. Menos aún colaboró el cuarto –sobrero del mismo hierro tras partirse un pitón el titular–, que presentó muchas dificultades ya desde banderillas. Un animal enorme, de 629 kilos, que además echó siempre la cara arriba. Firme y seguro, Ferrera lo fue sometiendo y acortó las distancias para despertar el posible fondo bueno que pudiera tener. Por encima de su lote, saludó otra ovación.

Leandro poco pudo hacer ante su primero, falto de raza, al que le costó un mundo embestir. Se paró muy pronto. El torero le plantó cara e insistió en la faena, pero no pudo sacarle ningún partido. Imposible ante un animal que por no tener no tuvo ni maldad. Mejores condiciones se le apreciaron al encastado quinto. Llegó con codicia a la muleta y apuntó que podía tener mejor faena. Sin embargo, sus acometidas resultaron a veces atosigantes para Leandro, que no acabó de estar cómodo.

Completaba la terna Eduardo Gallo. El charro tuvo delante un tercero alegre y acometedor en el tercio de varas. Se empleó empujando mucho y recargando la suerte. Fue una estampa bella, que levantó el ánimo del público. Se presumía un triunfo rotundo. Y así lo buscó el torero desde el inicio de faena. Las primeras tandas por la derecha tuvieron profundidad, dominio, templanza. La tarde se fue arriba. Había acople entre las condiciones del toro y el pundonor del torero. Pero tras probarlo con la zurda, el animal se fue parando, posiblemente, acusando la pelea en el caballo. Ya todo fue distinto. Bajó la intensidad y la miel que saboreaban los aficionados se fue amargando. Lástima de lo que pudo ser y no acabó de rematarse. El sexto se paró pronto y anuló los intentos del salmantino por, al menos, salvar la tarde y su paso por Sevilla. No tuvo suerte en su retorno a La Maestranza.