Francia

Cumbre de Manzanares en Nimes

El alicantino sale por la Puerta de los Cónsules tras cortar cuatro orejas y un rabo; El Juli pasea dos

El alicantino, feliz, sale por la Puerta de los Cónsules del Coliseo romano de Nimes
El alicantino, feliz, sale por la Puerta de los Cónsules del Coliseo romano de Nimeslarazon

Nimes (Francia). Cuarta de la Feria de la Vendimia. Se lidiaron toros de Garcigrande, Domingo Hernández (1º) y un remiendo de Daniel Ruiz (3º), desiguales de presentación. Ofrecieron buen juego a sus matadores, salvo el complicado 4º. El 6º, excelente toro, premiado con la vuelta al ruedo. Lleno en los tendidos.

El Juli, de añil y oro, estocada (oreja); media estocada (saludos); aviso, pinchazo, estocada, segundo aviso (oreja). José María Manzanares, de nazareno y oro, estocada recibiendo (dos orejas); pinchazo, aviso, media estocada (saludos); estocada recibiendo (dos orejas y rabo).

José María Manzanares protagonizó ayer una antológica tarde de toreo en el Coliseo romano de Nimes, del que salió a hombros por la Puerta de los Cónsules, tras cortar cuatro orejas y rabo en un colosal mano a mano de altos vuelos con Julián López «El Juli», que también paseó dos trofeos en la cuarta de la Feria de la Vendimia.

El diestro alicantino se adelantó en el marcador tras desorejar al buen segundo de Garcigrande –que mandó un encierro sensacional a tierras francesas–. Lo toreó con suavidad con la capa para luego gustarse en la faena de muleta, donde exhibió ese temple marca de la casa que supo imprimir a las embestidas de su adversario para firmar una gran obra. Concluyó con cuatro manoletinas y un pase de pecho antes de pasaportar al animal con un soberbio estoconazo en la suerte de recibir.

El cuarto fue el garbanzo negro de la tarde. Un auténtico «regalito» con el que Manzanares estuvo hecho un jabato. La res rebañaba por ambos pitones una barbaridad y obligó al torero a echar mano de técnica y, sobre todo, mucho valor.

Sin embargo, lo mejor del festejo estaba por llegar, pues en el sexto llegó la apoteosis. Lo recibió con tres largas afaroladas de rodillas y volvió a mostrar gusto a la verónica. Luego, Manzanares puso literalmente la plaza boca abajo en una faena impregnada de arte y toreo relajado hasta límites inenarrables. Al ralentí. Cada uno de sus muletazos constituyó por sí solo una auténtica obra de arte, que puso la piel de gallina a la mayoría del público que llenó el Coliseo. Para entonces, todos estaban ya en pie. En la suerte suprema, otra magnífica estocada recibiendo derribó ipsofacto al bravo astado, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Los máximos trofeos, en manos de Manzanares.

Pese a no brillar a la altura de su compañero de cartel, El Juli supo estar a la altura de la responsabilidad de una tarde de peso, de un envite importante. El madrileño se fajó con su primero en una muy buena faena, inteligente, en la que clavó las zapatillas en la arena para robar tandas macizas, que rubricó minutos después con la espada. Oreja de ley. Otra más logró del quinto, que le puso en algunos apuros cuando se estiraba en los de recibo. En la muleta, el animal tuvo nobleza y recorrido. El Juli estuvo sobrado y con recursos para exprimir hasta el último de los muletazos al burel, con el que se terminó metiendo un serio arrimón.

Menos fortuna tuvo con el tercero, al que saludó por delantales. Luego, más áspero, supo administrarle la medicina adecuada en una faena de poderío y sometimiento que no encontró reconocimiento.