El Juli reconquista Madrid y se abandona

Faena grande del madrileño a “Licenciado”, un gran toro de Alcurrucén, al que cortó una oreja que debieron ser dos si hubiera rematado mejor con los aceros

El Juli paseando la única oreja del festejo / Rubén Mondelo
El Juli paseando la única oreja del festejo / Rubén Mondelo

Las Ventas (Madrid). Decimoséptima de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Alcurrucén, 2º y 3º; de Victoriano del Río, 1º y 6º; de Domingo Hernández el 5 º; y el 4º, de Garcigrande. El 1º, noble y soso; el 2º, parado y deslucido; el 3º, extraordinario; el 4º, derrotón, deslucido y con peligro; el 5º, peligroso; el 6º, encastado. Lleno de «No hay billetes».

El Juli, de azul marino y oro, pinchazo, estocada caída (saludos); media trasera, descabello (oreja); estocada caída (saludos).

Ginés Marín, de teja y oro, pinchazo, estocada (silencio); estocada (saludos); pinchazo hondo, estocada, descabello (silencio).

Replicó El Juli el quite. Asomaban las muñecas por debajo de los pitones del toro de Victoriano del Río en las chicuelinas. Aquel toro que abría plaza. Festejo. Corrida. La de la Cultura. Que diría Simón. Un llenazo. No podía ser de otra manera. No debía. El quite de Ginés Marín había calentado el amor propio que tiene Julián inyectado en vena 20 años después y un buen puñado de cornadas. No pasa el tiempo ni parecen dejar huella las heridas. Las cura el alma de guerra. Julián replicó el quite al joven Marín, que venía con el triunfo reciente del año pasado. Caliente todavía esa Puerta Grande. Le quemaban los nervios por plantarle cara al animal que llegó al último tercio con nobleza y buen aire, lástima que le faltara empuje para querer ir detrás de la muleta y emocionar. La faena de Julián fue resuelta, armoniosa y con contrastado oficio. Continuaba la tarde. Pero lo hicimos con un ejemplar de Alcurrucén que no estuvo a la altura. Parado, a la espera de poco o nada, que no hizo más que desilusionar en la muleta de Ginés Marín. Lo intentó por ambos pitones antes de decidir irse a por la espada, no había más caminos para no caer en el aburrimiento. «Licenciado» nos devolvió la vida. Al mejor Juli. Otra vez. Qué manera de torear. De hacer el toreo. De soñarlo. Bor-dar-lo. Y en Madrid. Eso son cosas que sueñas y un día ocurren. Regalos. Ya el prólogo al toro de Alcurrucén fue un canto al toreo grande, profundo, una alegría, por bajo, atenuando la embestida para que después viniera la fuerza de la tauromaquia con toda su integridad. Por la diestra primero, reunido, armada la serie, profunda y larga la embestida. De milagro se salvó de una embestida al natural que venía por dentro y clamó la plaza porque éramos todos uno y esos son momentos únicos. Se está o no se está. Hay que vivirlo. Vivir para contarlo. Lo cuajó al natural después y se entretuvo después en torear por derechazos de nuevo en un desafío a las alturas, era imposible hacerlo con la mano más baja. Tremendo. Roto el torero, entregado el público, los olés de Madrid duelen aun cuando uno es el partícipe. Qué gran toro, qué gran torero. Veinte años después dicen que no son nada, mas toda una vida, maestro. En la suerte suprema dejó media. Y un trofeo y más allá de las estadísticas, tal obra de arte mereció la estocada hasta la bola y una Puerta Grande, que hubiera sido unánime, como la emoción con la que vivimos la magnitud de la faena.

Ginés bordeó la suerte por la acera de enfrente con un cuarto, derrotón y de mala clase que le echó mano y nos hizo pasar un trago. Apuró el torero. Era la tarde. La de los honores. Pero no había opciones.

La Puerta Grande a medio abrir... Con lo que pesa ese arco de los triunfos y los logros... Pero la misma ganadería que le dio la gloria a El Juli en Sevilla se lo puso difícil en la Monumental. Peligroso el toro de Domingo Hernández, que no quiso pasar en la muleta y tardó poco en orientarse del todo.

Extraordinario estuvo con la puya Agustín Navarro. Ovación para él. El toro de Victoriano fue encastado y con muchos matices que a veces fueron a contracorriente de la muleta de Ginés. Se movió mucho el toro, no era de los que permitían errores ni querían prisas. A Ginés le pudieron a veces y al final las cuentas no salieron. No se miraron a la cara para entenderse y el animal se vino a menos. Nos pasa a veces a las personas. El Juli había hecho una tremenda reconquista, no sabemos si antes o después del abandono. Esas cosas que ocurren en el toreo