Espada, oreja al valor en la Goyesca del 2 de mayo

El madrileño paseó un trofeo en el límite y Cristian Escribano dio una vuelta al ruedo con una corrida de muchos matices e interesante de Pereda

Espada por manoletinas, esta tarde, en Las Ventas     Foto: Rubén Mondelo
Espada por manoletinas, esta tarde, en Las Ventas Foto: Rubén Mondelo

Las Ventas (Madrid). Tradicional Coorida Goyesca del 2 de Mayo. Toros de José Luis Pereda, muy bien presentados y entipados, mantuvieron el interés, con movilidad y nobleza, aunque les faltaron finales. Menos de media entrada.

Cristian Escribano, de gris plomo y oro y plata, bajonazo (silencio); aviso, buena estocada (vuelta al ruedo).

Francisco José Espada, gris perla y azabache, estocada contraria (oreja); bajonazo, aviso (saludos).

Ángel Sánchez, de azul rey y celeste, pinchazo, estocada (saludos); siete pinchazos, metisaca, media estocada, cinco descabellos (silencio).

El valor de Francisco José Espada valió la única oreja del 2 de mayo en Madrid. Una Goyesca interesante con un encierro de Pereda con mucho que torear. Así, muy astifino desde la mazorca y abriendo mucho la cara, el segundo salió en Núñez, frío y enterándose. Espada comenzó por volcánicas estatuarios. El último, por la espalda, imposible, le resbaló el pitón por el bordado. Tuvo movilidad el burel, pero nunca fue metido en la muleta. Miradas sabuesas y “tornillazos” resistió el madrileño. La faena tuvo más emoción que lucimiento. Manoletinas finales y una estocada tan contraria como fulminante animaron a pedir el trofeo, muy en el límite, pero que el palco otorgó. Buscó la gloria de la Puerta Grande con el serio y salpicado quinto, una pintura. Tuvo nobleza, pero el esfuerzo de Espada -que se pasó de faena- no caló esta vez.

Escribano dando un derechazo

Cristian Escribano sorteó un primero bajo y hondo, con romana y voluminoso, que no humilló de salida. Sensacional Raúl Cervantes en banderillas. Trató Escribano de ayudarlo a romper en la muleta, pero tendió a defenderse y la tomó a arreones hasta que, bien pronto, se paró. El cuarto fue toro de público. Tuvo prontitud y ritmo mientras le duraron las inercias. Escribano -que dejó un trincherazo de cartel en el prólogo- fue generoso y lo lució siempre, dándole mucha distancia. Cuando se acabaron esas inercias, no hubo codicia franca ni humillada, pese al aplomo del torero. El espadazo, de premios.

Ofensivo, pero bien hecho, el tercero -con el que se desmonteraron Iván García y Fernando Sánchez- acusó el comienzo por bajo de Ángel Sánchez que, quizás, le apretó en exceso. La faena tuvo intermitencias por la irregular embestida del toro y al de Alcobendas le costó coger la distancia al animal. Cuando lo hizo dejó muletazos de cincel fino, sobre todo, al natural. Ovación. Con el cetáceo sexto, mole de descarados pitones, la faena murió antes de empezar. Muy parado e incierto, midió lo suyo y, tras resistir varios derrotes secos, Sánchez no se dio coba. Sainete con los aceros.