Espeluznante cornada de Serna, herido muy grave

Corneado en el muslo derecho con la rotura de las venas safena y femoral; Valencia herido grave.

Rafael Serna resultó herido por el sexto novillo
Rafael Serna resultó herido por el sexto novillo

Corneado en el muslo derecho con la rotura de las venas safena y femoral; Valencia herido grave.

Las Ventas (Madrid). Se lidiaron novillos de Guadaira, bien presentados y muy serios. El 1º, encastado, para apostar; 2º, manejable; 3º, con transmisión, recorrido y franca embestida; 4º, gran novillo, con profundidad y calidad, sobre todo, por el dulce pitón izquierdo; 5º, con genio; 6º, manejable pero justito de fuerzas. Un cuarto de entrada.

Juan Miguel, de celeste y oro, estocada caída (saludos); buena estocada (oreja).

Guillermo Valencia, de blanco y oro, pinchazo, aviso, estocada que hace guardia, descabello (silencio); pinchazo, estocada casi entera, aviso, descabello (silencio).

Rafael Serna, de berenjena y oro, dos pinchazos, estocada atravesada, aviso, cuatro descabellos (silencio); pinchazo, herido (saludos que recoge la cuadrilla).

Parte médico de Valencia: cornada en el escroto de 10cm de pronóstico grave.

Parte médico de Serna: cornada en el muslo derecho con rotura de las venas safena y femoral y nervio crural con ausencia de pulso en la arteria pedia. Pronóstico muy grave.

Dos cornadas, una oreja y un encastado encierro de Guadaira. De nota alta y con varios novillos, extraordinarios tercero y cuarto, para conquistar Madrid en la primera D. I. Después de San Isidro, claro. Por “Lanzallamas” respondía el tercero, pero para entonces la piedra de Las Ventas ya era puro brasero. La canícula ya empieza a ser infernal en Madrid y la piedra, que, desde ayer decora más de lo deseable el panorama pese al reguero de japoneses y demás surtido de guiris, ardía. Magma también tenía en sus pitones este castaño, primero de Rafael Serna. Ofensivo por delante. Un señor toro en la mayoría de plazas... de primera. Irreprochable trapío como sus hermanos. Cosquilleaba a las pocas nubes que rompían el azul cielo. Descolgó en la muleta y se empleó con excelsa calidad. Entrega en cada embestida. Lo entendió Serna y dejó muletazos de bellísima factura. Erguido, componiendo con gusto y con sevillana torería en los remates. Mucho gusto. Era de oreja de ley, pero con la tizona, roma, lo estropeó. Gustó todavía más en el manejable, aunque justito, sexto. Hubo naturales soberbios. Muy despacio. Primero, ligados, corriendo las mano con gusto. Luego, en el epílogo, de uno en uno, robados. Pero, todos, muy limpios y con una suavidad pasmosa. Entonces, se tiró a matar y llegó el tabaco. El pitón encontró carne y, desmadejado, la sangre brotó a borbotones. Pavoroso. Amargo sabor camino de la enfermería para un debut ilusionante.

La oreja fue a las manos de Juan Miguel. Estuvo solvente, aunque sin enamorar, con un utrero de cante grande. Profundidad, recorrido, humillada entrega, prontitud... Bravas credenciales que multiplicó por el pitón izquierdo. Dulce como el almíbar. Hubo tres tandas más macizas por ahí. Suficiente, junto con una buena estocada en la yema, para agarrar el trofeo. Saludó una ovación en el que rompió plaza, un castaño bien hecho y con cuajo, que derrochó casta de principio a fin. Movilidad y transmisión, con un puntito de genio, había que tragar y aguantarle el viaje, porque iba con todo. De echar la moneda al aire. Más en Madrid. Juan Miguel lo intentó y lo consiguió en un volcánico arranque de rodillas en los medios. Buenos derechazos. Luego, el trasteo no mantuvo esa intensidad. Menos placeado que sus compañeros de terna y con un lote más incierto, el colombiano Guillermo Valencia puso tesón con su lote, tanto en el manejable segundo, movilidad sin entrega, como en el áspero quinto, que lo corneó con un certero y seco derrote al entrar a matar.