Toros

Lleno de «No hay billetes» para despedir al maestro Manzanares

Alrededor de diez mil personas arropan a la familia del torero y visitan su multitudinaria capilla ardiente en la plaza de toros de Alicante

Alicante, conmocionada todavía con la noticia de la muerte de José María Manzanares, no hablaba de otra cosa. La plaza de toros, un hervidero de gente. Un respetuoso gentío. De luto. Aún con la agitación propia del shock. Dos mil personas en las dos primeras horas y alrededor de unas diez mil a lo largo de todo el día, según fuentes del Ayuntamiento de Alicante. Aficionados, amigos, familiares y ese mundo del toro siempre cercano en los momentos de flaqueza pasaron para darle su último adiós, desde poco después de la una de la tarde, por la capilla ardiente instalada en el coso alicantino. Concretamente, junto a la Puerta Grande por la que tantas tardes salió a hombros. Al filo de la una y cuarto, entre gritos de «Torero, torero» de cientos de aficionados, llegaba el coche fúnebre con los restos mortales de José María Dols Abellán, Manzanares en los carteles y para siempre. El féretro, envuelto en un capote de paseo, no uno al azar, sino el mismo con el que tomó la alternativa, bordado con la imagen de la Santa Faz. Lo escoltaban varios vehículos. Uno de ellos, conducido por su hijo Josemari Manzanares, llegado a las 6 de la mañana de México donde está anunciado el domingo, junto a sus tres hermanos, el rejoneador Manuel y sus dos hijas, Yeyes y Ana María.

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Manzanares hijo se mostró muy abatido y cariacontecido, acosado por seguidores y amigos que querían darle el pésame y estar con él en estos momentos tan difíciles. Literalmente sitiado por una nube de personal del Ayuntamiento, su cuadrilla y allegados, apenas podía dar una escueta respuesta a tantos como se le acercaban antes de romper en lágrimas: «Gracias, muchas gracias por vuestro apoyo... Estoy destrozado de dolor por la muerte de mi padre...».

A la espalda y a los lados del féretro –ubicado bajo un crucifijo y una gran fotografía del diestro ataviado con traje de luces en una estancia con cabezas de toro y las banderas de España, de la Comunitat Valenciana y de Alicante–, enseguida fue agolpándose una maraña de flores y coronas, entre las que estaban las enviadas por Ortega Cano, Pepín Liria, Javier Conde, El Cordobés, el Ayuntamiento de Alicante o el Hércules CF, el equipo local de su ciudad, así como dos blancas, a izquierda y derecha, de la propia familia y de los hijos del diestro. A los pies, una más en forma de cruz de sus nietos.

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A lo largo del mediodía y de la tarde, por el coso alicantino, fueron desfilando miles de aficionados y rostros conocidos del mundo del toro como los diestros Enrique Ponce, Roberto Domínguez, Fernando Cepeda, Pepín Liria, Javier Conde, Juan Antonio Ruiz «Espartaco», Finito de Córdoba, Dámaso González, José Luis Galloso, Juan José Padilla, Rubén Pinar, Curro Díaz, Manolo Sánchez, Antón Cortés y Aníbal Ruiz, así como espadas alicantinos como Francisco Javier Palazón, El Renco y su hermano Eugenio Pérez, los novilleros Daniel Palencia y Borja Álvarez o el veterano diestro Juan Antonio Esplá, acompañado por su hijo Santiago, Luis José Amador y el también novillero con picadores Alfredo Bernabéu. Entre los ganaderos, Moisés Fraile, responsable del hierro de El Pilar.

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Uno de los toreros presentes, Enrique Ponce, que siempre mostró sus preferencias por la figura desaparecida, reconoció a su llegada que siempre aprendió «mucho de él». «Siento profundamente su muerte, ha sido un amigo y un referente para mí como torero, considero que ha sido uno de los diestros más grandes de la historia:un artista con mayúsculas», definió.

Entre la clase política, acudieron Sonia Castedo, alcaldesa de Alicante, y Andrés Lloréns, concejal de Asuntos Taurinos de la Comunidad Valenciana. Luis Miguel Sánchez, miembro de la Comisión Taurina Municipal; el doctor Francisco Llorica, director del Museo Taurino de la plaza de toros; Diego García, del Club Taurino; varios alumnos de la Escuela Taurina, los empresarios Jorge y Toño Matilla –actual apoderado de Manzanares hijo–, José Cutiño, Ramón Valencia, Eduardo Canorea, Nacho Lloret y Manolo Carrillo, el banderillero Antonio Martínez «Rondeño», su fiel mozo de espadas Antonio de la Rosa o el actor Fernando Esteso fueron otros de los presentes en el último adiós a uno de los toreros con más clase de la Historia.