Lo que guarda la memoria

Padilla y Vicente Soler salieron a hombros en la alternativa del segundo.

Padilla y Vicente Soler salieron a hombros en la alternativa del segundo.

Castellón. Tercera de feria. Dos toros de Peña de Francia, segundo y tercero, dos de Olga Jiménez, quinto y sexto, uno de Hnos. García Jiménez, primero, y otro, corrido como sobrero en cuarto lugar, de José Luis Marca. Conjunto desigual de presentación, justo de fuerza pero manejable. Media entrada.

Juan José Padilla (de negro y oro), entera, oreja; entera, oreja.

Paquirri (de turquesa y oro), media, pinchazo, silencio con aviso; entera, ovación.

Vicente Soler (de marino y oro), pinchazo y estocada, ovación; entera, dos orejas.

De las cuadrillas destacaron Iván García, Manolo Domínguez y Javier García.

Hace casi veinte años un torero de Castellón, Soler Lázaro, se convertía en matador de toros en esta misma plaza. Ortega Cano fue su padrino y José Tomás el testigo. Casi dos décadas después, otro diestro de la tierra y con el mismo apellido tomaba la alternativa: el hijo de aquel Soler Lázaro, quien tras meditar de niño si se dedicaba al toreo o a los recortes ayer tomó la alternativa. Lo hizo con una corrida compuesta por toros de hasta cuatro hierros distintos: Hermanos García Jiménez, Olga Jiménez, Peña de Francia y José Luis Marca. Un conjunto de muy desigual presencia pero similar falta de fuerza, si bien todos, en conjunto, fueron, en mayor o menor grado, manejables y buenos para el torero, siendo su debilidad el principal defecto y el mayor obstáculo para los de coleta. Como sufrió en sus carnes el nuevo matador en su primer turno.

Nada más sonar clarines y timbales se fue recibir a ese primer toro de su carrera a porta gayola, quedando desairado cuando el astado no le hizo ni caso y se fue, sin mirarle siquiera, en dirección contraria. El animal perdió las manos en el caballo y se quedó corto enseguida, embistiendo rebrincado y a la defensiva. Muy dispuesto, el toricantano se gustó por el pitón derecho, el más potable, pero nada pudo hacer al natural, pues su oponente se paró ya definitivamente. Pero lo que la memoria guardará, al margen del hecho de convertirse en matador como su padre cuatro lustros después y en el mismo coso, será el triunfo que logró con su segundo, al que recibió con hasta cinco largas de rodillas y al que banderilleó dejándose ver, asomándose, con no poco riesgo y clavando reunido y arriba. En su faena de muleta volvió a dejar constancia de su disposición y ganas, aprovechando ahora el buen son de su oponente para dejar series en las que procuró templar y ligar los muletazos, aderezando su quehacer con alardes y tremendismos muy del gusto del paisanaje, que, cuando acabó con el de Olga Jiménez de una estocada caida tras citar recibiendo, pidió con tanta fuerza la segunda oreja que le permitió salir a hombros en una tarde para él tan importante.

También abrió la puerta grande su padrino, Juan José Padilla, quien también tuvo memoria para recordadr que tal día como ayer, treinta años atrás, Manolo Montolíu se doctoró en esta misma feria y a su recuerdo brindó el primer toro de su lote, con el que ya se hizo aplaudir al levarle al caballo. Comenzó su trasteo con una serie de derechazos de rodillas larga y pausada antes de dar mucha fiesta a la gente en una labor de dimensión práctica que coronó con una contundente estocada. Tiró de repertorio con el capote ante el jabonero de Marca que hizo cuarto, procurando dar otra vez satisfacción al público en un ejercicio voluntarioso y profesional con el que apuró a un astado que fue a más.

Del paso del nuevo Paquirri por esta feria, en cambio, no quedó memoria.