Luque, a hombros con un lote de El Puerto superior

El sevillano suma una oreja de cada toro con un encierro de nota que mereció mejor suerte en Madrid

Las Ventas (Madrid). Vigésimosexta de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de El Puerto de San Lorenzo, el 1º como sobrero, bien presentados en general. El 1º, noble sin humillar y soso; el 2º, de buen juego, noble, humilla, repetidor y con fijeza; el 3º, bravo, pronto, repetidor, gran toro; el 4º, noble, de larga arrancada y con buen fondo; el 5º, repetidor, con menos clase y a menos; el 6º, de mucha calidad y nobleza. Casi lleno en los tendidos.

Juan José Padilla, de berenjena y oro, pinchazo, media, descabello (silencio); dos pinchazos, estocada desprendida (silencio). El Cid, de verde y oro, pinchazo, estocada (silencio); estocada, cinco descabellos, aviso (silencio). Daniel Luque, de berenjena y oro, pinchazo hondo, aviso, descabello (oreja); pinchazo, estocada trasera (oreja).

Parte médico del banderillero José Miguel Neiro: «Traumatismo en la parrilla costal derecha». Pronóstico «reservado».

Daniel Luque abandonaba la plaza de Madrid a hombros pasadas las nueve y media de la noche. Y con mucho sufrimiento pasamos alguno la tarde en el corazón de aficionado, en estos casos es mejor no tenerlo. Quien no siente no sufre. Pero una y una suman dos y Daniel Luque, bajo el guión escrito, encaminó rumbo a Alcalá, aquel mítico rincón donde dormitan los sueños. A hombros teníamos que haber sacado a «Cartuchero», el tercer toro de Puerto de San Lorenzo, grandioso ejemplar por los siglos de los siglos. Amén. Un bravo toro de un encierro de la ganadería charra de la que nos acordaremos mañana y al otro, y pasado de verdad el tiempo, por mucho que se esmerasen en correr un velo de vulgaridad por encima y disfrazarla de lo que no era. Enhorabuena ganadero, con los disgustos que da el campo bravo y las culpas que tantas veces recaen sobre el toro, ayer lidió un buen encierro. Con «Cartuchero» en el primer puesto del podium. Él mismo se hizo los honores con esa embestida boyante, tan pronta que antes de citarle ahí estaba él, presto al envite, a la batalla, a lo que surgiera y si la tanda era larga y sufrida, también. Lo captó Luque, que sabía que tenía toro por delante, la llave mágica en la mano para salir de Madrid con el paso cambiado. Y ahí había toreo, es plástico Luque, pero el toreo mayúsculo, el que nos despierta las emociones llegó en la mitad de la faena, ahora sí, encajado, relajado, una tanda de siete muletazos, los aguantaba el toro, los quería el toro y varios remates, sorprendentes, bonitos, bien hechos, templados. Eso era el toreo. Por la izquierda hubo alguno que fue un monumento, alguno sólo, el toro llevaba muchos y la siguiente tanda se fue apagando el trasteo, perdió la llama, la intensidad, mantenía el fuego el toro, mientras Luque se enredaba en las luquecinas. Media estocada, descabello y oreja. Y hasta ahí puedo leer: «Cartuchero» era toro para arreglar la temporada. «Mariposino», y el nombre no es muy literario, saltó en sexto lugar. Tuvo la calidad el toro, la prontitud, el poder justo y, sobre todo, la humillación. La faena fue esteta, quería el torero, sabía que lo tenía ahí, y su plasticidad con esa calidad del toro le abrió la Puerta Grande.

Ocurrió también que un segundo con una calidad excepcional, un dulce que repetía, que ponía la cara abajo, que lo hacía de diez, pasó con una hiriente discreción por las manos de El Cid. Otra vez más. La vulgaridad un reino. Y una cruz. Y dos toros después, en el quinto, se fue el sevillano al centro con la zurda, para retroceder, el descarado paso atrás, desde que el toro se arrancó. Y eso en Madrid. El animal repitió, con menos clase y se apagó. Excusas las que queramos, pero hay mucho torero bueno en su casa viendo pasar los días, a la espera, a la desesperada. Qué horror.

El primero fue para atrás y le sustituyó uno del hierro titular, noblón, con poca entrega y sosote. Cumplió el expediente Padilla. El cuarto, además de noble, viajaba más en la muleta del gaditano o eso creíamos ver, porque no era fácil entre intermitencias. Fue una de esas veces en las que no pasa nada, pero el toro tuvo fondo y nobleza. Algo casa mal. Nos acordaremos de la corrida de El Puerto de San Lorenzo. Y lo malo es que en parte nos acordaremos para mal. ¡Lo que podíamos haber vivido aquí ayer!