Toros

Arranca la Feria de San Isidro en Las Ventas

Desangelada novillada para comenzar una nueva edición de la Feria de San Isidro

Desangelada novillada para comenzar una nueva edición de la Feria de San Isidro.

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Salvo memorias privilegiadas, que las hay y pululan por la plaza de Madrid como es el caso de Roberto haciéndonos caer cada tarde en la desmemoria de la mayoría de los mortales, es difícil recordar aquella feria isidril que comenzó con una novillada. Retomamos el pasado con una de Guadaira. Y más nubes que sol. En el cielo y en los tendidos, a pesar de una generosa entrada, cerca de los tres cuartos. Lo que sería un entradón en la mayoría de las plazas. Poníamos el contador a cero. El túnel de San Isidro, en el que nos encerramos durante más de treinta tardes de manera ininterrumpida... Madrid huele a miedo estos días. Y a toro cada tarde al abandonar la plaza por la parte de atrás de la puerta de arrastre, y en el corazón de la ciudad. Madrid pesa en el infierno. En las noches oscuras en busca de tardes en calma. De haberlas. Dicen que no hay gloria sin sufrimiento. Se sufre en el toreo, donde la mentira se vuelve transparente a ojos de todos. Casi al unísono. Una mentira desnuda que despelleja cualquier atisbo de acortar el camino del éxito. El peso de Madrid es una losa. Y un pueblo donde reencontrarnos con los amigos del tendido, las frases hechas y los lugares comunes. Merino, Fran, José María... A Zorro se le espera mañana y Julio hace algún tiempo que se cambió de tendido. Madrid es Madrid por muchos motivos. Tan buenos como malos.

Entre unas cosas y otras, entre el sol, la lluvia y el viento, vino Carlos Ochoa a afianzarse con un quinto, bajo de raza que no quería pasar. Y no pasó. La línea divisoria la atravesó en este caso el novillero madrileño para asegurar su puesta en escena con valor y aplomo. No tenía toro para poder construir una faena mejor. Serio y centrado el novillero.

Sí colocó bien la cara el segundo de la tarde, humillado y repetidor. Si bien no duró mucho la condición del animal fue buena. La faena de Ochoa contó con las intermitencias del que se juega mucho en Madrid y cuando quiso hilvanar la historia se había difuminado, se apagó el novillo. Renovó ilusiones en el quinto.

Ángel Téllez se tiró a matar de verdad y con verdad al tercero. Y en la yema fue. Dejaba atrás una faena firme a un toro flojo y a menos. Le marcó el sexto por el derecho en el muslo y de manera misteriosa le perdonó. No cabe otra. En aquel diálogo cabían muchas dudas. Por el derecho no quería el toro y por el zurdo se abría para irse y sin entrega. Se alargó el novillero en busca de lo que no podía ser.

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Estrenábamos la tarde con una presentación, la de Garzón. De grana, con el color de los valientes. No fue la tarde para el recuerdo. Uno de Guadaira, con la virtud de humillar y esperar que todo ocurriera por abajo y con el punto negativo de hacerlo con media arrancada. Faltaba largura en el viaje como al torero le faltaba rodaje para darle longevidad al trance. Cumplió el trasteo y se las vio en cuarto lugar con un astado con movilidad y repetición, no tanta entrega, más bien podía soltar la cara en cuanto no se sintiera sometido.

Y se nos fue la primera. Y se nos fue la tarde. Made in Madrid. Seis silencios como seis losas.

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Qué larga se ve así la feria.