Quinta Puerta Grande para Sergio Galán en Las Ventas

Oreja para Hermoso de Mendoza y solvente confirmación de Manzanares

Las Ventas (Madrid). Vigesimo segunda de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros, reglamentariamente despuntados para rejones, de Fermín Bohórquez, de correcta presentación. El 1º, distraído y desrazado; el 2º, buen toro, con fijeza y alegre galope; 3º y 4º, aplomados; el 5º, manejable; y el 6º, con movilidad. Lleno en los tendidos.

Pablo Hermoso de Mendoza, rejón trasero, pie a tierra, descabello (oreja); dos pinchazos, rejón trasero, pie a tierra, cuatro descabellos (silencio). Sergio Galán, rejón trasero y caído (oreja); rejonazo fulminante (dos orejas). Manuel Manzanares, que confirmó alternativa, rejón muy trasero, pie a tierra, descabello (palmas); rejonazo que descuerda al toro (palmas).

Cayó la quinta. Sergio Galán se desquitó de su ausencia en 2013 y abrió la Puerta Grande –primera de rejones este San Isidro y quinta de su carrera– con holgura al pasear tres orejas en una tarde completísima en la que destacó en ambos toros sobre «Ojeda». El tordo enamoró al tendido por su plasticidad en los embroques y la manera de dar el pecho a los dos astados. Desorejó al quinto, exigente y que apretó en las arrancadas, al que esperó a portagayola con «Amuleto». Luego, «Apolo» estuvo cumbre. Todo elegancia, citó muy en corto, y dejó un gran par a dos manos. Un rejonazo de efecto fulminante hizo el resto. En su primero, banderilleó muy derecho con «Trópico», que se lo dejó llegar muy cerca.

Hermoso de Mendoza paseó un trofeo en el segundo. Excelente toro, con prontitud, fijeza y buen son con el que impactó a lomos de «Disparate». Arriesgó muchísimo toreando a dos pistas y cambiando el costado una y otra vez en la misma cara de la res. A milímetros. A punto estuvo de hacer carne el astado en varias ocasiones. Redondeó su labor sobre «Pirata», en las cortas. Rejón trasero, tuvo que usar el descabello y el premio no pasó del singular. En el cuarto, paradísimo, no tuvo opción. Pese a todo, arrancó las palmas con «Dalí» y «Viriato», pisando terrenos comprometidos.

Manuel Manzanares confirmó con solvencia en un primero, distraído y sin celo, que se dejó hacer. Los mejores pasajes, con «Farruquito», sobre el que banderilleó con pureza. Descordó al sexto y se esfumó la oreja, merecida gracias a su labor sobre «Príncipe» y «Secreto».