Rafaelillo y «Tabernero», el único Miura de buen final

Los míticos toros de la ganadería de Zahariche pusieron el broche a la Feria de San Isidro

El diestro Rafaelillo con su primero en la última de San Isidro celebrada en la monumental de Las Ventas
El diestro Rafaelillo con su primero en la última de San Isidro celebrada en la monumental de Las Ventas

Los míticos toros de la ganadería de Zahariche pusieron el broche a la Feria de San Isidro

Las Ventas (Madrid). Último festejo de San Isidro. Se lidiaron toros de Miura, desiguales de presentación. El 1º, devuelto y corre turno, de buen pitón izquierdo; 2º, media arrancada, soso y sin humillar; 3º, malo y sin querer pasar; 4º, de Valdefresno, deslucido; 5º, de mal estilo; 6º, violento y de media arrancada. Lleno de "No hay billetes".

- Rafaelillo, de nazareno y oro, tres pinchazos, aviso, estocada (saludos); estocada, descabello (silencio).

- Javier Castaño, de nazareno y oro, dos pinchazos, media trasera, aviso, cinco descabellos (silencio); estocada corta (saludos).

- Pérez Mota, de burdeos y oro, estocada baja, descabello (silencio); estocada corta (silencio).

Cómo sería el primer Miura de la tarde que en esa estructura ósea portaba casi 600 kilos y parecía flaco el animal. Una mole de alto y largo, más largo que un tren. Una inmensidad comparado con Rafaelillo, que fue a quien le tocó y quien vio cómo le devolvieron a los corrales al perder las manos al salir del peto. Muy pronto el pañuelo verde. Corrió turno, dejó el sobrero para después, una barbaridad cortó el toro de salida en el capote, de los que ponen a prueba el oxígeno. 28 capotazos, así al azar, para sacar al toro a los medios. Al Rey, emérito que tampoco se quiso perder la miurada, junto a la Infanta Elena y su hija Victoria Federica brindó Rafael el miura. Fue toro bueno después por el izquierdo, con los desafíos inherentes de la bravura pero cuanto más por bajo se le toreaba, más se desplazaba el animal, "Tabernero"de nombre. De principio a fin hizo Rafaelillo la faena por ahí, una vez que el toro le dio un hachazo diestro y le mostró el camino. Fue faena de encuentros, intermitentes, dejó Rafael muletazos muy buenos, con mucha enjundia, pero no acabó la cosa de fraguarse con la intensidad de otras ocasiones. La espada tiró a la baja lo que hasta entonces había ocurrido y todo se disipó. Luego descubriríamos que era lo único que podría disiparse en toda la tarde.

Con toda la verdad por delante se puso Pérez Mota y con toda la mentira del mundo ese tercero, que fue al caballo dos veces de lejos y luego se justificó sin más. Raudo y veloz se revolvía en la sincera muleta de Mota. En cuarto lugar salió el misterio caso del mamut sin cuello que se hizo pasar por toro con el hierro de Valdefresno. Para el zoo, bien. Para Madrid de risa y si fuera esto de la Tauromaquia una cuestión benéfica e indolora. Rafaelillo bastante hizo con estar y darle muerte pronta y digna. Fernando Sánchez calentó motores con el primer par que puso al quinto, pero fue en el segundo (porque el presidente no cambió a pesar de tener cuatro palos) cuando clavó torero y en la cara con esa chulería que le es tan propia, al paso y que conecta tanto. Se desmonteró. A Castaño le tocó tragar quina después con ese toro que no quería pasar, que no humillaba ni por error y que a la mitad de la embestida en la mejor de las situaciones rebañaba por ahí a ver qué había, sin furia, pura curiosidad. Hubo torero, que ya es mucho. "Ojeador"cerraba la feria y lo hizo con tres varas en la distancia que fueron muy jaleadas. Pura fiesta aquello. Se desmonteró Raúl Ruiz tras un par muy explosivo, muy en corto y en la cara. Le costaba viajar al toro después y a Pérez Mota encontrarse con el toro. Ni uno ni otro alargaban aquello un centímetro más. Se nos iba la feria. Cierre chico, (y no por los gigantones Miuras) para plaza grande.