Una merecida oreja para Antonio Nazaré

Nazaré regaló una bonita faena con la derecha en su segunda actuación de la tarde
Nazaré regaló una bonita faena con la derecha en su segunda actuación de la tarde

Maestranza de Sevilla. Segunda de feria. Se lidiaron toros de Fuente Ymbro, bien presentados, interesantes de juego, mejores tercero, cuarto y quinto. Un tercio de entrada.

Antonio Nazaré, de azul marino y oro, estocada (ovación y saludos); y estocada (oreja).

Arturo Saldívar, de nazareno y oro, pinchazo y estocada (silencio); estocada y dos descabellos (silencio).

Javier Jiménez, de verde manzana y oro, pinchazo y estocada (ovación y saludos); tres pinchazos y estocada (silencio).

La tarde del miércoles se presentó lluviosa, en la de ayer lució el sol y un ambiente más taurino en la Maestranza, en la que se vivieron momentos muy intensos, gracias al interesante juego de la corrida de Fuente Ymbro y la disposición, sobre todo de Antonio Nazaré y Javier Jiménez, que alcanzaron los momentos más lucidos de la tarde.

Nazaré cumplió con el capote sin poder exhibirse ante el primer toro de la tarde, al que compuso una faena aceptable, más y mejor por el pitón derecho, mientras que al tomar la zurda el animal lo volteó espeluznantemente. Se repuso el diestro y rubricó tandas sobre la derecha de buen trazo ante un astado que apenas se empleó. Se sacó la espina ante el cuarto, un toro muy encastado, que repitió las embestidas humillando y dejándose torear. Y lo aprovechó el diestro sevillano en una faena rotunda llevada con temple y gusto en tandas sobre ambas manos. Lo remató a la primera con la espada y cortó una más que merecida oreja.

Arturo Saldívar pasó muchas dificultades ante el primero de su lote, que tomó la muleta con mucha movilidad pero falto de calidad no humilló, y a veces casi superó al diestro, que estuvo muy firme. Todo lo contrario sucedió ante el quinto, al que recibió a portagayola y le instrumentó otra larga cambiada de rodillas junto al tercio. Este animal tuvo tanta calidad como poca fuerza. No obstante, se dejó torear a base del cuidado y mimo del espada, que le dio tiempo para reponerse y la distancia oportuna. Faltó temple en los muletazos y la faena no levantó vuelo.

Javier Jiménez a punto estuvo de cortar la primera oreja de la tarde, pues tuvo un animal que se dejó torear. Y lo hizo muy bien el diestro, primero en tandas sobre ambas manos, ejecutando un buen toreo, a la altura del toro y un tramo final en el que se colocó muy cerca de los pitones mostrando su disposición y valor, pero malogró con la espada. Estuvo muy dispuesto, asimismo, con el toro que cerraba la corrida, que fue un animal con mucha nobleza pero que se fue apagando y la faena que planteó el diestro de Espartinas no acabó de calar en los tendidos. Fue una labor aceptable a la que le faltó la chispa de la emoción. No estuvo afortunado con la espada y se fue de vacío.