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Los platos más sorprendentes en la tercera temporada de “Me voy a comer el mundo”

Verónica Zumalacárregui vuelve a Canal Cocina para impresionar con nuevas culturas del mundo

Verónica Zumalacárregui vuelve a Canal Cocina para impresionar con nuevas culturas del mundo

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La tercera temporada de "Me voy a comer el mundo"vuelve a las pantallas este miércoles a las 16:00 horas, Verónica Zumalacárregui nos lleva junto a Canal Cocina por países característicos del mundo como Irlanda, Chile, Argentina e incluso Australia. Un viaje por la cultura ocio y convivencia que Verónica consigue gracias al contacto con la gente local. Es decir, quedarse en casa del amigo del primo del vecino. Suena engorroso pero ofrece la experiencia más real.

La periodista Verónica Zumalacárregui da un paso más en su afán por investigar las costumbres locales con nuevos desafíos para el paladar como la lengua de reno o las pizzas de cocodrilo. A lo largo de esta temporada el programa se acerca a Hong Kong, donde antes de cocinar aún se eligen las serpientes vivas. En Santiago de Chile la veremos degustar desde el mote de huesillos hasta el pernil con papa. Y en Noruega no solo se fascina por la pesca tradicional de salmón si no que también se enfrenta a un plato extremo: la lengua de reno ahumada. ¿Estaríais dispuestos a probarlos como la protagonista de "Me voy a comer el mundo?

¿Cuál fue su impulso para comenzar esta aventura?

– “Me voy a comer el mundo” empezó hace casi tres años y media un poco de ganas de fusionar mis pasiones, que son el periodismo y viajar, de forma genuina, no con viajes organizados, siempre busco contactos locales, y sobre todo probar la comida local, también lo considero una forma de acercarse a la gente y llevarse una experiencia real. Un poco de toda esta mezcla lo quise extrapolar a la televisión y así nació "Me voy a comer el mundo".

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¿Qué plato de esta temporada le ha gustado más por ser llamativo o rico?

– Llamativos hay muchísimos (risas) y ricos...Pues quizá un pastel de jaiba que me hicieron en Valparaíso. Me lo preparó una madre de familia en una casa muy humilde, pequeña en la montaña, en una cocina que es la más pequeña en la que he cocinado nunca. Ese es el rico, pero esta temporada habrá platos muy llamativos, como lengua de reno ahumada; que me lo dio un noruego en los Fiordos, un marisco rarísimo que parece un corazón en Chile...

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Veo que prueba de todo pero, ¿Tiene algún límite para no probar algún plato?

– En Corea del Sur hace ya un par de años me dieron a probar la carne de perro, pero, uf, lo rechacé, porque ahí es cuando ya entró mi barrera ética. Hablando con un Coreano del sur me decía "libérate de los perjuicios porque nosotros aquí consideramos que comer conejo es una barbaridad y en tu país lo coméis"Y además no es que sea un perro de la calle o un perro del vecino sino una raza que se cría con el propósito de vender su carne.

¿Alguna vez se ha arrepentido de comer algo a lo largo de "Me voy a comer el mundo"?

– No, si me he arrepentido ha sido de comer demasiado, porque no me pongo mala del estómago nunca salvo cuando me empacho (risas), entonces en algunos países donde me han invitado a comer alguna casa, donde las comidas son eternas y te dan cincuenta mil platos y tu no quieres decir que no por educación o también porque esta buenísimo (más risas). Además no me arrepiento porque es mi trabajo y soy muy curiosa. "Allí donde fueres, haz lo que vieres"ese es un poco mi lema.

Ya que estamos hablando sobre comer tanto , ¿qué es lo que más le apetece comer cuando llegas a tu casa?

– Necesito un poco de detox cuando llego a casa, me apetece comer cosas ligeras como pescado al vapor, ensaladas, cremas de verduras... Eso si, llego siempre con antojo de la merluza rebozada de mi madre y de la ensaladilla que hace mi padre. Luego también te digo que llego a Madrid y enseguida me voy de tapas con mis amigos (risas).

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Es ciudadana de mundo, ¿qué le recomendaría a alguien que acaba de aterrizar en una ciudad extranjera?

– Para mi lo primordial es contactar con gente local, es la única forma de conocer bien la cultura de ese país, que los ciudadanos te cuenten cual es su ocio, su día a día, salario mínimo, ir a un mercado y ver si son madrugadores, generosos, más extrovertidos o mas introvertidos. Es sobre todo convivir con la gente local para llevarse una experiencia real del país. Hay mil formas de hacer eso como contactar por Facebook, amigos de amigos...

Para terminar, la comida le ha permitido conocer muchas cultuta, pero ¿cuál de los sitios a los que has viajado volverias sin pensarlo?

– Siempre pienso tres destinos diferentes, Laponia porque me parece impresionante el paisaje, el contraste con la naturaleza, que la gente se mueva en moto de nieve por un lago helado en vez de buscar alguna carretera, es impresionante. Luego Jamaica porque estuve conviviendo con unos rastafaris y me invitaron a volver a su casa a pasar unos días en medio de la selva y es algo que haría sin dudar. Y Corea del Sur, porque me fascinan los coreanos del sur, siempre digo que es como una mezcla entre un japonés y un italiano. Porque son súper cordiales, educados, exigentes trabajando, y diplomáticos como los japoneses pero a su vez súper cálidos y divertidos como los italianos. Y esa cuestión entre oriente y occidente me fascina.

Como ella misma cuenta, no se ha encontrado con ninguna limitación, tal vez en Corea del Sur su barrera ética entró en juego en lo que a la carne de perro se refiere. Pero aún así su impulso de fusionar sus pasiones entre el periodismo, viajar sin planes organizados y probar la comida local como forma de acercarse de una manera mas real a la cultura, siguen intactas. Preguntándole por la nueva temporada y el plato más rico de la misma, la viajera tuvo que dudar unos momentos hasta que el pastel de jeiba en Valparaiso que hizo en "la cocina más pequeña en la que he cocinado nunca"llegó a su mente. Entre Hong Kong y sus serpientes vivas, Noruega y su tradicional pesca de salmón, Verónica no recuerda en ningún momento arrepentirse de comer ningún plato, más bien de "comer en exceso"por ello cuenta que cuando llega a España lo que mas le apetece "es una dieta más detox, de ensaladas y cremas de verduras". Aunque no renuncia a los platos de sus padres, como la ensaladilla o la merluza rebozada de su madre. A la pregunta de si volvería a alguno de los países a los que ha viajado gracias a "Me voy a comer el mundo"no duda entre Laponia, Jamaica o Corea del Sur.