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El micrófono que empodera

Hasta ahora era una de las series más destacables que nadie veía –está disponible en Amazon Prime–. Su triunfo en los Emmy hará posible que eso cambie

«La maravillosa Señora Maisel» ganó dos Globos de Oro en 2017 / Amazon Prime Video
«La maravillosa Señora Maisel» ganó dos Globos de Oro en 2017 / Amazon Prime Video

Hasta ahora era una de las series más destacables que nadie veía –está disponible en Amazon Prime–. Su triunfo en los Emmy hará posible que eso cambie.

Igual que «The Handmaid's Tale» y «The Deuce», la más recientemente ganadora del Emmy a la Mejor Serie de Comedia es una ficción que habla de misoginia estructural y endémica pero que en realidad fue concebida antes de la presidencia de Trump, de las revelaciones sobre Harvey Weinstein y, más relevante considerando el asunto que en ella se trata, de que se descubrieran las costumbres onanistas de Louis C. K. Pero, a pesar de su indudable relevancia –de su constatación de que, para la mujer, pese a que las cosas cambian todo sigue igual– , «La maravillosa Señora Maisel» asimismo funciona como una vía de escape de estos tiempos oscuros.

Ambientada en la escena cómica de Nueva York de finales de los años 50, su personaje protagonista es una ama de casa típica del Upper West Side. Midge tiene dos hijos, un esposo que es un joven ejecutivo y monologuista amateur y unos padres que viven en el mismo edificio que ella. Cuando la conocemos, está contenta con su vida. Hablamos de una época, recordemos, en la que incluso de las mujeres con educación universitaria se esperaba que hicieran poco más que encontrar una pareja y formar una familia.

Y un día, de repente, todo cambia. Midge descubre que su esposo, Joel, no solo ha estado robándoles los chistes a otros cómicos, sino que también la ha estado engañando con su secretaria. En un instante, toda su vida se desmorona. Pero cuando más tarde aparece en el local donde Joel a veces actúa y se sube al escenario ella misma, descubre ser la verdadera comediante de la familia. A partir de ahí, el resto de la primera temporada sigue a Midge mientras da sus primeros pasos en la escena monologuista de Greenwich Village al tiempo que va comprendiendo lo que significa ser una mujer soltera en un tiempo en el que eso se consideraba una maldición.

En el proceso, los paralelismos entre «La maravillosa Señora Maisel» y «Mad Men» son evidentes, quizá no en el tono pero sí en la localización. La serie también recuerda a Woody Allen en tanto que relaciona la comunidad judía con la comedia neoyorquina. Dicho esto, su referente más obvio es su propia creadora, Amy Sherman-Palladino, que demuestra aquí el mismo gusto por las referencias constantes y los diálogos rapidísimos que ya ganó tantos fans para «Las chicas Gilmore».

Fruto de su tiempo

Midge no es una rebelde ni una feminista sino un producto de su tiempo, y respeta las reglas; excepto, eso sí, cuando está en el escenario. Allí, mientras sostiene el micrófono, tiene la libertad de hacerse preguntas que ni siquiera sabe que tiene en la cabeza, y convierte su frustración y su ira en afilada comedia. Esos acaban siendo los momentos más inspirados de una serie que, por lo demás, se muestra más vacilante. Pese a todos esos monólogos sobre el divorcio y la maternidad y el deseo, en «La maravillosa Señora Maisel» se habla mucho pero se dice más bien poco.

En realidad, lo más cerca que Midge está de abrirse emocionalmente es en una escena en la que se mira al espejo y, al darse cuenta de que ya no tiene que ponerse maquillaje para su marido, parece sentir una curiosa mezcla de tristeza, liberación y alivio. Probablemente no es causal que se trate de un momento sin palabras.