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Fallece Eduardo Gómez, el último pícaro

Gómez era de esos actores que no se daban importancia porque lo importante eran los personajes y les dio todo

El actor Eduardo Gómez, conocido por su papeles en las series “Aquí no hay quien viva” y “La que se avecina”, ha fallecido este domingo a los 68 años.

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Sin complejos. Así se puede definir a Eduardo Gómez, que ha fallecido hoy a los 68 años de edad, según ha informado a través de Twitter Alberto Caballero -uno de los creadores de “Aquí no hay quien viva” y “La que se avecina”- que le ha despedido con estas palabras: “Se nos ha ido este ser maravilloso, metrosexual, pensador, y mente fría. Buen viaje Edu y gracias por tantos años de risas de y buen rollo. Eres historia de la comedia, adiós, león”.

Gómez, como tantos actores de carácter, como se les llamaba antes a los secundarios –que fea palabra para aquellos que pocas veces accedieron a los papeles de protagonista - era un roba escenas. De esos que con una frase, y la actitud con la que la decían, se llevaban todas las miradas de los espectadores. Sólo hay que recordar sus interpretaciones de Mariano, el padre del portero, Emilio en “Aquí no hay quien viva” – la serie que durante cinco temporadas emitió Antena 3 - y de Maxi, en “La que se avecina”, de Telecinco, en la que trabajó durante varias entregas.

Su hijo, Héctor Gómez, explicó que el actor luchó hasta el último momento “como un gladiador” contra el cáncer de garganta que padecía. "La batalla ha sido dura, de bastantes meses de entrada y salida del hospital, y él ha luchado por su vida, por curarse, pero el cáncer le ha ganado la batalla", pese a su "fortaleza envidiable". Gómez también ha añadido que su padre quiso llevar la enfermedad de manera discreta para "no preocupar ni hacer sufrir a la gente".

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Gómez era de esos actores que no se daban importancia porque lo importante eran los personajes y les dio todo. Construyó a Mariano y a Maxi desde el desparpajo, el descaro, ese punto canalla y de indiferencia vital del que sabe que estamos por aquí de paso y que hay que hacerle un corte de mangas al drama porque de lo que se trata no es de lamentarse sino de hacer la existencia más placentera. Así eran Mariano y Maxi ¿y también Gómez? Esa pregunta solo la pueden responder los que le conocieron. Sin embargo, hay que hacer una precisión: sus personajes se convirtieron tan cercanos y familiares para la audiencia que no se sabía cuándo terminaban ellos y comenzaba el actor y a la inversa. Les prestó su físico –a qué engañarnos, era feo- pero con su labia tenía hechuras de galán, sin demasiada fortuna, eso sí, pero insistía en el intento. También su socarronería y ese estoicismo que no era más que el aprendizaje de la fortaleza y control de la propia sensibilidad.

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Si sus personajes eran unos vividores y unos pillos fue gracias a su “background” personal. Empezó como actor por casualidad, cuando acompañó a un amigo a una prueba para la serie “¡Ay, Señor, Señor!”, en la que hizo una pequeña intervención. Antes había sido figurante, camarero, vendedor de enciclopedias –seguro de esos que ponía el pie como tope para que no le cerrasen la puerta-, dependiente y albañil. A partir de la ficción protagonizada por Andrés Pajares, se sucedieron las oportunidades: “Manos a la obra”, “El super”, “La casa de los líos”, “Médico de familia”, “Periodistas”, “Los Serrano”... Por todas ellas pasó como una exhalación hasta que llegó “Aquí no hay quien viva”, serie coral que se convirtió en un éxito y en la que interpretó al padre okupa de Emilio. Después, gracias a “La que se avecina”, llegó la consagración. Maxi era... bueno Maxi. También ocupó la casa de Enrique Pastor, tenía como amante a una muñeca hinchable, se paseaba desnudo por la casa y regentó un bar que se convertiría en el centro de las conspiraciones más disparatadas y condenadas al fracaso de la historia de la televisión. Cuando quería soliviantar a estos vecinos, casi siempre sumidos en el caos, él les azuzaba con una de las coletillas más famosas de la serie: “¿Qué somos leones o huevones?”. Gómez interpretó a los mejores pícaros de la televisión en los últimos años. Los últimos trabajos de un sentimental que se resistía a serlo fueron “Gym Tony” y fue jurado de “El pueblo más divertido” y “Tú sí que vales”. Se va dejando un regalo a los espectadores: en las próximas semanas le podrán ver en “Trabajo temporal”, programa de La 1, en la que por un día se convertirá en transportista.

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