«Nostromo», el naufragio épico de David Lean

Una ilustración para el «storyboard» de «Nostromo», la adaptación de Joseph Conrad que David Lean nunca llegó a rodar

Un documental de TCM relata la lucha con la industria y las desavenencias del director con Spielberg para sacar su último y frustrado proyecto

David Lean creía en el cine por encima de la vida. O en la vida como un mal remedo del cine. Por eso sus películas eran «bigger than life». Pura épica transubstanciada en celuloide: del sol emergiendo en el desierto a partir de una cerilla de «Lawrence de Arabia» (1962) a la carga de la guardia imperial bajo la nieve en «Doctor Zhivago» (1965). Pero... «Nostromo», ah, «Nostromo». Aquello iba a superarlo todo. «Será más grande que ‘‘Lawrence de Arabia’’», decía Lean. De hecho, estaba llamado a ser su testamento, el broche final a una carrera que arrancó en 1942 con la patriótica «Sangre, sudor y lágrimas». Durante seis años, los últimos de su vida, el director británico bregó contra la industria, la financiación y su propia edad para sacar adelante una fastuosa adaptación de la novela de Joseph Conrad. Y todo fue para nada. O casi.

El documental «Nostromo. El sueño imposible de David Lean», una producción de TCM que mañana inaugura la I edición del Festival TCM en la Cineteca de Madrid y el sábado se emite en el canal temático, se adentra en los entresijos de este proyecto frustrado que arrancó en 1985. Tras el estreno de «Pasaje a la India» (1984) y de renunciar a «El imperio del sol» (1987), que dirigiría Steven Spielberg, Lean se mete de lleno en «Nostromo». La novela de Conrad, destaca Pedro González Bermúdez, director del documental, «tenía todos los elementos típicos de la filmografía de Lean: una historia con toque exótico y personajes soñadores que se oponen al sistema». Según el actor Georges Corraface, «son personajes egoístas y obsesionados con una visión que solo ellos tienen y que acaba llevándolos a un punto de ruptura. Así era Lean, egocéntrico y obsesionado con el cine, lo que le impidió entender la realidad de forma objetiva, pero esa era también su genialidad».

Cambios en la industria

Corraface (a quien en España se recuerda por «La pasión turca») fue una de las apuestas de Lean, que se preciaba de haber dado a conocer a intérpretes como Omar Shariff y Peter O’Toole. Lo defendió ante las «majors» cuando le propusieron a grandes actores internacionales. Así fue la lucha de Lean por «Nostromo»: el empecinamiento de un director que vivió sus años de gloria en los 50 y 60 frente a una industria que a finales de los 80 había cambiado radicalmente. Warner fue la primera en caerse del proyecto. Había acordado 60 millones de dólares a dividir a medias entre «El imperio del sol» y «Nostromo». Para cerrar el círculo, Spielberg, director de la primera, trabajaría como productor ejecutivo para la cinta de Lean. Ambos se respetaban y el realizador de «La lista de Schindler» (1993) profesaba una admiración profunda por el británico. «Cada vez que iba a rodar una nueva película veía ‘‘El puente sobre el río Kwai’’ (1957), y ‘‘Lawrence de Arabia’’ fue la que me decidió a viajar a Hollywood», confiesa Spielberg. Sin embargo, el borrador del guión enviado por Lean se le devuelve con numerosas anotaciones y correcciones. Lean monta en cólera y la relación se resiente. Para colmo, «El imperio del sol» se está yendo de presupuesto y Warner decide dar carpetazo a «Nostromo».

Es ahí donde empieza la segunda vida de este proyecto, con la entrada de Serge Silberman, productor de Buñuel y Kurosawa. Almería pasa a ser el «set» elegido para el filme, pero Columbia, que accede a poner dinero también, reclama un actor más conocido. La nave vuelve a zozobrar y a Lean se le agota el tiempo: le acaban de detectar un cáncer de laringe. Murió apenas unos meses después, en 1991. «Era incapaz de ver que la industria había cambiado. Era eso lo que le había roto, pero fue una lucha muy bella», recuerda Corraface, el hombre que nunca fue Nostromo.